KONG: LA ISLA CALAVERA

Título original:
Kong: Skull Island
Año: 2017
Director: Jordan Vogt-Roberts
Guión: Dan Gilroy, Max Borenstein
Fotografía: Larry Fong

Reparto: Tom Hiddleston, Brie Larson, Samuel L. Jackson, John Goodman, John C. Reilly, Toby Kebbell, Thomas Mann, Corey Hawkins, Jason Mitchell, Shea Whigham, John Ortiz, Eugene Cordero.
Valoración:  con xd /King Kong

Sinopsis: Un equipo de exploradores es reunido para adentrarsese en el interior de una isla del Pacífico que no aparece en los mapas, sin saber que están invadiendo los dominios del mítico King Kong. Remake del guión de Merian C. Cooper y Edgar Wallace de 1933.

¿A ti también te pareció un peñazo el Godzilla de 2014? Entonces estás de enhorabuena: Warner te ha escuchado. Reaccionando a las críticas de la película de Gareth Edwards, que en su intento de insuflar realismo y seriedad al monstruo resultaba bastante insulsa, el siguiente capítulo del Monsterverse vuelve a poner la diversión y el espectáculo desatado en su epicentro. Pero ojo, que el volantazo se les va de las manos y el resultado es una película que no se toma en absoluto en serio a sí misma, una mezcla de un generoso abanico de clichés con virguerías visuales que terminan en un producto con poca personalidad, pero eso sí, de fácil digestión y sabor adictivo.

Habrá quien esté descorchando el champán. A fin de cuentas, cumple la noble y nada sencilla función de entretener con una comodidad admirable. Pocas películas pueden presumir de mantener tan bien el interés basándose únicamente en su incesante desfile de set-pieces. Aquí parte con ventaja, porque cuenta en su arsenal con una colección de brutales criaturas a las que sacar partido y jugar con ellas en una ambientación tan atractiva como una isla tropical con ecos de la guerra de Vietnam. Pero sería injusto no mencionar el papel que juega su fotografía y montaje en esto. Sin proponer nada fuera de lo común, alcanzan unas cotas de espectacularidad por encima de la media, gracias a la nada discreta cámara lenta, movimientos de cámara imposibles o juegos con luces y sombras, regalándonos una secuencia (el primer encontronazo con Kong) verdaderamente sensacional.

Secuencias que, en otro perfecto exponente del cine de atracciones, son tan deliciosas visualmente como vacías narrativamente. No hay nada en juego por lo que esperar un desenlace que no sea el más vistoso posible, tan cruciales para el disfrute de la película como irrelevantes para el desarrollo de la historia. Salvando quizás el pre-clímax (mucho más satisfactorio que el clímax final), los ataques y peleas entre monstruos son tan intercambiables como lo son sus personajes, el mayor talón de Aquiles de la película.

Es muy complicado discernir quién es el protagonista. En ese sentido, podríamos quedarnos con la idea de que es un reparto coral (una muy buena idea para la historia que es, un grupo de personas perdidas en una isla con monstruos). Sin embargo, la película claramente nos quiere imponer que son Tom Hiddleston y Brie Larson, las caras más jóvenes y bonitas, que parten como meros testigos de la acción, y por tanto, son los más fáciles para que el espectador se identifique. Pero sin un desarrollo posterior, acaban por carecer de cualquier interés. No es que no se intente: Hiddleston se viste como un Jack Drisscol (del King Kong original) que lidera el grupo y toma las decisiones, mientras que con Larson se improvisa una apresurada Ann Darrow que sirve de nexo emocional con Kong para cumplir con la obligatoria parte de humanización de la bestia, aunque tan liviana que no aporta nada que no se entienda directamente por las propias acciones del simio.

Sí, se intenta, pero con muy pocas ganas, como si fueran pegotes de última hora para salir del paso con las exigencias del estudio, que dijera que John C. Reilly y Samuel L. Jackson no son comercialmente potentes como protagonistas. Realmente son ellos los que mueven la historia, con antecedentes sólidos y cosas interesantes qué decir y hacer. El problema es que se acercan muy peligrosamente al terreno de la autoparodia. Los dos personifican arquetipos bastante familiares, uno como general que pierde la cabeza y el otro como náufrago en una isla perdida, pero llevan su caracterización a tales extremos que resultan completamente inverosímiles.

Claro que de nuevo, depende de las expectativas y preferencias: ¿son preferibles personajes que, de estrafalarios, son divertidos de ver, o personajes que, con mayores pretensiones, acaben siendo aburridos, como los de Godzilla? Por lo menos, Kong abraza sin complejos su faceta de producto de evasión, y llena la película de secundarios (¡hasta hay una pareja de becarios, a lo Thor!) cuya única función es ofrecer su momento gracioso… aunque sin un protagonista sólido en el que apoyarse, el alivio cómico se convierte en el único hilo a seguir, comprometiendo muy peligrosamente el interés.

También se advierte una sospechosa deriva de ciertas tramas, que empiezan siendo clave para la película, hasta diluirse sin dejar rastro al progresar la acción y asentarse definitivamente en la isla. Hablo de Monarch, la misteriosa organización ya vista en Godzilla y que parece que funciona para cohesionar, desde la sombras, todo el Monsterverse, como si de una SHIELD (o, terror: un Oscorp) se tratara. Historias de conspiraciones, operaciones encubiertas en el marco histórico (como esos tests nucleares que en realidad querían matar a Godzilla)… toda una subtrama que apenas sirve para poner en marcha la acción, pero deja entrever un entramado mucho más potente que, por la razón que sea, se ha decidido minimizar. Ni para bien, ni para mal, todo hubiera dependido del desarrollo que le hubieran dado… pero no deja de ser extraño lo callado que se queda cierto personaje, aparentemente clave, cuando llega a la isla.

Kong: Skull Island es una apuesta muy lógica por parte de Warner Bros. y su director, Jordan Vogt-Roberts. Analiza el por qué no gustó su Godzilla para fabricar el antídoto, una película opuesta que hasta se desmarca temporalmente y sitúa la acción en una muy bien explotada década de los ’70. El resultado arregla muchos errores pero comete otros nuevos. La acción es constante desde el primer momento, sin tapujos, y es mayormente brillante, con un trabajo de fotografía y montaje que pocos blockbusters son capaces de igualar. Es muy entretenida, y se puede disfrutar de sus constantes gracietas… pero a costa de echar por la borda toda verosimilitud. Sus personajes son o parodias de sí mismos o peor, directamente invisibles, y la historia es tan intrascendente para el espectador como para el propio legado de Kong, sin aportar nada nuevo que no haya salido de sus departamentos técnicos.

De nuevo, repito que todo lo vertido en esta crítica es muy relativo. Es una película voluntariamente chorra, ciertamente olvidable, pero que se ajusta a su cometido de entretener con bichos y explosiones, sin caer en el bochorno de prometer cosas que no pueda cumplir. Según qué vara de medir usemos, la película es un triunfo o un fracaso, aunque con carencias evidentes que no se pueden pasar por alto. Que cada cual reajuste sus preferencias, y eso sí, modere sus expectativas. Lo que está claro es que es un tiro mucho más certero que el que fue Godzilla, aunque sacrificando cosas por el camino.

¡Nos vemos en la Zona!

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