KARMEN, de Guillem March

 

Título original:
Karmen HC

Sello: Éditions Dupuis
Guionista: Guillem March
Artista: Guillem March
Coloristas: Guillem March, Tony López
Publicación FranciaMarzo 2020.
Publicación EspañaAgosto 2020 (Norma Editorial)
Valoración: You can make it to the sunrise

 


Cuando una obra desaparece de las estanterías de las librerías a la velocidad a la que lo ha hecho la primera edición de esta novela gráfica, es normal que despierte el interés de la gente. Al ver el gran entusiasmo que mostraban los lectores, no dude en ir a comprarla y tuve la suerte de encontrar un ejemplar antes de que se agotasen. Al empezar a leerlo me sorprendió la temática ya que no es un argumento con el que la mayoría pueda sentirse identificado. Sin embargo, al hablar con diferentes personas, he podido observar que cada uno saca una conclusión de lo acontecido en las viñetas y he podido ver que esa es la magia de esta historia en concreto. Os estoy hablando de…

KARMEN
de Guillem March

El autor nos traslada a un viaje espiritual, en el que la personificación de la muerte, Karmen, va a buscar el alma de Catalina, una joven que acaba de suicidarse. Es inevitable que esa parca de pelo rojo, cara pecosa y personalidad desbordadora no nos recuerde al tan querido personaje de Neil Gaiman, Muerte. No es sólo por la función que realiza al guiar a las almas hasta el siguiente paso en el ciclo de la vida, sino por su forma de reírse de todo y de convertir un momento horrible en algo digno de recordar. Por otro lado, Catalina es un personaje que ha pasado más desapercibido por ser más mundano, pero ella es quién nos representa a todos nosotros en esos momentos del camino en los que tenemos que enfrentarnos a lo que hemos hecho con nuestro tiempo y afrontarlo, lo cual, suele ser un asco. No obstante, ella tiene la suerte de hacer este análisis de sus vivencias, volando por entre los edificios y paisajes de Palma. Esto me lleva a alabar el impresionante trabajo de Guillem March recreando milímetro a milímetro su ciudad natal. No creo que haya ninguna duda de que la verdadera magia de estas páginas es la reproducción arquitectónica que hace el autor de los impresionantes edificios de la capital mallorquina, consiguiendo hacerte volar junto a Catalina entre las calles de esa bella ciudad. A pesar de ello, el dibujo de los personajes no se queda atrás, destacando por la expresividad de los rostros que consiguen hacerte llorar si el personaje llora y reír cuando ríe.

Tras remarcar el impresionante apartado gráfico de la obra, me gustaría centrarme en su tema central. Como he dicho al comenzar a escribir, cada persona saca una conclusión de lo que lee, pero uno de los conceptos en los que se focaliza esta historia es en el suicidio y sus consecuencias. Cuando una tragedia así, ocurre, todo el mundo se pregunta que ha podido llevar a esa persona a acabar con todo y se imaginan causas de peso. Lo cierto, es que la mayoría de las veces no existe una razón gravísima, sino que es la propia vida normal la que hace que te ahogues. Hay demasiadas veces que el simple hecho de existir es doloroso. Te levantas cada mañana sin un porqué. No eres ni feliz, ni estas triste, solo eres un zombi que hace lo que se supone que debe hacer, como un robot hasta que llega la hora de volver a dormir. Así pasan los días hasta que sientes una presión en el pecho que no te deja respirar, ni pensar y simplemente no puedes más. No hay grandes motivos. No hay grandes dramas. Sólo la vida, su monotonía y nuestra incapacidad de mirar más allá. A menudo caminamos por el mundo cómo caballos con anteojeras, pensando que sólo hay un camino que es el que tenemos delante y esto se convierte en algo que no podemos soportar más. Algunos pensaréis que nada de esto es suficiente para tomar una decisión tan drástica como suicidarse pero, a veces, no ver una salida a una situación mundana, pero dura, es un detonante más que suficiente para otros.

Jugando al escondite.

Todo esto me lleva a otro punto que trata el cómic que es el egocentrismo, cualidad de la que pecamos el 99,9% de la humanidad. Vivimos por y para nosotros. Nos encerramos en un universo diminuto donde estamos cómodos y en el que podemos quejarnos constantemente de nuestra situación sin hacer nada para cambiarla. No valoramos lo afortunados que somos. Nos introducimos en un círculo vicioso de constante disconformidad hacia la política, la sanidad, la gente… El mundo es nuestro enemigo en nuestro universo de ensoñación narcisista, cuando, en realidad, los únicos que están en nuestra contra somos nosotros mismos que no somos capaces de mirar alrededor y ver lo que tenemos en vez de focalizarnos en lo que nos falta. Esta reflexión no es sólo para matizar lo egoísta que es el suicidio en sí, sino para remarcar lo esencial que sería para todos hacer ese viaje espiritual que realiza Catalina a lo largo de la historia. Analizar nuestra propia existencia, ver nuestros errores, nos ayudaría a mejorar como personas. Es esencial ampliar nuestra visión de nuestro entorno y no dejar que lo que nos rodea nos condicione en la forma de percibir nuestra vida.

A pesar del inicio tétrico aunque cómico de este tebeo, la sensación que te queda al terminar sus páginas es de esperanza y para mí este es el principal mensaje de la obra. Al final siempre hay otra opción, otra salida. Sólo hay que esperar, aguantar un poco más porque la vida da muchas vueltas y en un momento todo es horrible pero en otro todo es bello. No hay que dejar que la oscuridad no nos deje ver la luz.

 

Volando voy.

Así que, como conclusión, os dejo un trozo de la canción Sunrise, de la banda estadounidense Our Last Night:
“When the night is cold and you feel like no one knows

what it’s like to be the only one buried in this hole,
you can make it to the sunrise”

 ¡Nos vemos en la Zona!

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