JLA: LA NUEVA FRONTERA, de Darwyn Cooke y Dave Stewart

 


Título original:
DC: The New Frontier Deluxe Edition TPB

Sello: DC Comics
Guión y arte: Darwyn Cooke
ColoristaDave Stewart
Contenido: DC: The New Frontier #1-6 (Mar. – Nov. 2004)
Publicación. USA: Febrero 2015

Public. España: Noviembre 2016 (ECC Ediciones)
Valoración: Espera… ¿que no lo has leído? Pues COMPRA ESTE CÓMIC YA/10

 

DIOS BENDIGA LOS CLÁSICOS MODERNOS

Dioses.

Demiurgos.

Superhéroes.

Seres en los que no necesitamos depositar nuestra fe, pero que sirven como icono identificable en el que colgar etiquetas fieles a los valores de una ética básica que distingue con claridad el bien y el mal. Representaciones. Ejemplos. Arquetipos de un modelo de conducta en el que lo correcto se acaba imponiendo y el criminal siempre termina por pagar. Un universo plagado de Adonis y Afroditas, seres portadores de un  peinado perfecto, heraldos cincelados con músculos de acero, exponentes máximos de una sexualidad de alabastro.

Créeme, es mejor que bueno.

Intocables.

Invencibles.

Perfectos.

Fríos.

Lejanos.

El paso de la Edad de Oro a la Edad de Plata de los cómics supuso un cambio de paradigma trascendental en la manera en la que los héroes de papel le plantaban cara al mundo. Agotado su éxito al extinguirse los fuegos de la Segunda Guerra Mundial, el declive en las ventas de colecciones antes punteras dejaba claro que el estereotipo basado en esa clase de ser omnipotente, benévolo, cómico e infantiloide se había consumido, y hacía falta sangre fresca con la que cebar a la máquina. Nacidos de la necesidad de encontrar un filón en el que alimentarse, los nuevos héroes bajaron a la tierra para enfrentarse a problemas mundanos como el alquiler o las novias. Mientras, en sus páginas la ciencia ficción se mezclaba con la paranoia nuclear, y los enemigos inspirados en la vida real eran tan mortíferos como los supervillanos de trajes chillones que ejecutaban planes demenciales y absurdos. Fue una migración forzosa y necesaria del Superman capaz de mover estrellas con el dedo al Spiderman incapaz de lidiar con la colada. Una mutación que hizo oscilar el centro de gravedad de las tramas del alienígena divino al adolescente marginado y humano.

Y así comienza la mejor de las historias.

Fue, sin duda, uno de los puntos de inflexión más importantes de la historia del cómic tal y como lo conocemos hoy en día. Uno de esos hitos que marcan la tendencia durante décadas, y cuya huella se mantiene imborrable en el medio, estableciendo los caminos a seguir en el futuro. Un acontecimiento clave que necesitaba un tebeo a su altura, una saga que reflejara con naturalidad la transición propia de un cataclismo que convirtió el mundo dorado de los mitos de los años treinta en el asfalto polvoriento de una ciudad de plata que podía (y debía) ennegrecerse. Y ahí es justo donde encaja deslumbrante JLA: La Nueva Frontera, del prematuramente fallecido, muy llorado y siempre en nuestra memoria Darwyn Cooke.

Desde el inicio, las primeras imágenes ya indican el cuidado con el que todo está planificado. El comienzo, que mezcla a la perfección lo bélico y lo pulp homenajeando personajes creados por el omnipresente Jack Kirby, inserta con perspicacia la temática de “monstruos grandes” que devoraron (literalmente) a todos aquellos folletines destinados a las hazañas bélicas, condenados al olvido por historias que fueron perdiendo interés a medida que las batallas quedaban cada vez más lejos en la memoria o en la distancia. Estos monstruosos tebeos (en el fondo y, muchas veces, en la forma), son cómics que sirvieron de puente para una generación, una especie de colchón sobre el que saltar antes de propulsarse hacia gente construida con radioactividad, rayos cósmicos o bombas gamma. A partir de ese prólogo que casi toma la forma de sentido obituario, Cooke combina lo meramente superheroico con la novela negra, los temas sociales y políticos, y los avances científicos dignos de la más fantástica ciencia moderna. Su mirada es a veces condescendiente con el pasado, y otras curiosa y soprendida como la del extraterrestre que experimenta por primera vez la vida en la Tierra. Apoyado en todos estos elementos, el autor crea para la ocasión un enemigo misterioso y gigantesco que actuara como Macguffin (porque este ‘ser’ indefinido y proteico es lo de menos en la historia), agrupando a todos los personajes conocidos en una cruzada común.

JLA: La Nueva Frontera es un Watchmen iluminado y optimista. Un remake de una aventura jamás contada. Puede estar lleno de zonas oscuras, pero contiene un mensaje general que brilla ante la certeza de que se abre un nuevo y resplandeciente futuro para todos esos titanes que han sido golpeados por un relámpago o han tropezado con un anillo verde que usa la fuerza de voluntad de su portador como gasolina. El racismo, la caza de brujas, la intolerancia, la opresión a la que la sociedad patriarcal condena a la mujer por el mero hecho de serlo… aunque en esencia juegan un papel anecdótico en el desarrollo, cada uno de estos temas es una pincelada en un mosaico en el que los niños se convierten en adultos, los hombres afrontan su destino y los nuevos gladiadores superan los retos reales que el nuevo mundo les plantea. Lo viejo deja paso a lo nuevo, y si lo que había antes no se recicla, acabará desapareciendo en las brumas del ridículo.

Típico plano de persecución peliculera.

El arte de Cooke es perfecto para simbolizar este renacer. Distribuido en su mayor parte en forma de páginas ocupadas por tres viñetas horizontales, este planteamiento espacial reminiscente del Cinemascope rinde homenaje continuo a las películas de serie B que cimentaron el ideario de toda una promoción cultural. Su estilo es una deliciosa mezcla de limpieza, añoranza e inocencia, ajeno a esa misma realidad sucia en la que van a sumergirse los nuevos actores de esta efervescente era. Perfectamente complementado por los colores de un Dave Stewart en estado de gracia, JLA: La Nueva Frontera es una de esas obras fundacionales que se mantendrá a lo largo de los años como guía narrativa, a la vez que se utilizará como catálogo y ‘canon’ a la hora de interpretar iconos poco menos que inamovibles en el acervo popular.

No siempre está uno ante la oportunidad de contemplar la metamorfosis generacional de toda una raza de dioses. Tampoco es habitual encontrarse con un autor capaz de reinventar la Historia de una manera tan genial, que parece más fiel que la propia Historia de la que se inspira. Ni siquiera solemos tropezarnos con dibujantes cuyo estilo aúna al mismo tiempo lo tradicional y lo fresco de una manera tan natural. Es quizá la conjunción de tantos factores excepcionales lo que convierte a este excelente tomo de 520 páginas en uno de esos clásicos instantáneos que revisitamos cada vez que se nos olvida por qué amamos tanto al género superheroico.

¡Nos vemos en la Zona!

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