JASON BOURNE, sin cambio ni descanso


Título original:
Jason Bourne
Año: 2016
Director: Paul Greengrass
Guión: Paul Greengrass, Christopher Rouse, Matt Damon (sobre los personajes de Robert Ludlum)
Reparto: Matt Damon, Alicia Vikander, Julia Stiles, Tommy Lee Jones, Vincent Cassel, Ato Essandoh, Riz Ahmed, Scott Shepherd, Bill Camp, Vinzenz Kiefer, Stephen Kunken
Sinopsis: Jason Bourne ha recuperado su memoria, pero eso no significa que el más letal agente de los cuerpos de élite de la CIA lo sepa todo. Han pasado doce años desde la última vez que Bourne estuviera operando en las sombras. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? Todavía le quedan muchas preguntas por responder. En medio de un mundo convulso, azotado por la crisis económica y el colapso financiero, la guerra cibernética, y en el que varias organizaciones secretas luchan por el poder, Jason Bourne vuelve a surgir, de forma inesperada, en un momento en que el mundo se enfrenta a una inestabilidad sin precedentes. Desde un lugar oscuro y torturado, Bourne reanudará la búsqueda de respuestas sobre su pasado.
Nota: 8/10

 

9 años y un spin off innecesario entre medias han hecho falta para que el dúo maravilla de Paul Greengrass y Matt Damon vuelvan a activar a su espía favorito. Muchos han sido los años en los que a Damon se le hacía la misma pregunta, y siempre respondía lo mismo: que no volvería con otro que no fuese Greengrass y hasta que no tuviesen algo que contar. Y casi una década después, el milagro que no necesitábamos (la trilogía es redonda y se cerró de manera satisfactoria), pero que si esperábamos, porque nunca se hace ascos a otra frenética entrega de la saga, ha llegado con Jason Bourne. ¿Estará a la altura de la brillante trilogía, o Greengrass y Damon han vuelto para nada?

¿Qué supone para la saga del personaje de Robert Ludlum una entrega algo innecesaria, dado lo bien cerrada que se quedó la trilogía original? En un 2016 más saturado de secuelas menos necesarias que nunca, y la mayoría de ellas siendo anodinas a más no poder (hola, Ahora me Ves 2), Jason Bourne se erige como una de las mejores en cuanto a pura evasión se refiere, ya que sea menos necesaria o no, resulta un entretenimiento de primer nivel en el que Greengrass vuelve a atraparnos, elevando la tensión a picos no recomendables solo como él sabe, durante dos horas que se pasan volando. 

La cuarta entrega de la franquicia nos da básicamente más de lo mismo, y tiene el mismo esqueleto argumental que las dos últimas entregas, pero a la vez introduce nuevas incorporaciones y deja cabos sueltos realmente interesantes y prometedores para el futuro de la saga, como cierta revelación clave del pasado del personaje que hace replantearse a Jason Bourne bastantes cosas. Si en la trilogía previa las revelaciones de su pasado, aunque eran jugosas e interesantes, no eran más que potentes flashbacks para darnos a conocer cómo era Jason antes de su pérdida de memoria, aquí todo cambia. Lo que Bourne descubre en esta película realmente hace mella directa y personalmente en él, cobrando más importancia que cualquier otro recuerdo en la saga por motivos personales. Una trama sobre su pasado que, aunque puede que se descubra el pastel demasiado rápido, resulta realmente intrigante y sorprendentemente reveladora para nuestro agente. Un descubrimiento que nos devuelve a un Bourne diferente, es decir, uno que en cuanto descubre las respuestas, pasa a buscar venganza desesperadamente, uno más enfadado, oscuro y desorientado que nunca. 

Otro elemento interesante del film, y una de las razones principales por la que Greengrass ha decidido volver, es la de ver a un Bourne puramente analógico moverse en un mundo enteramente digital. Han pasado casi 15 años desde el final del Ultimatúm y el mundo ha cambiado por completo. Greengrass lo sabe y decide mantenerse al día, vuelve a introducir elementos de rabiosa actualidad como los hackeos post-Snowden, la crisis económica (esa revuelta en Grecia) o el total dominio del mundo digital, tras las redes sociales. Una de ellas ocupa una de las tramas de la película, encabezada por una especie de Mark Zuckerberg, que hace trapicheos con un alto mando de la C.I.A. interpretado por Tommy Lee Jones. Esta trama puede parecer un pegote en la película que nos distrae de lo que verdaderamente importa, el pasado de Bourne, pero en realidad aunque a veces actúa de mcguffin se nota que es solo una mera presentación del personaje de Riz Ahmed y su potente red social, lo cual queda claro y establecido como pieza clave en el futuro de la saga. Aparte de que esta pequeña trama dispersa por la película sirve como fetiche cumplidor por parte de Greengrass para darle un aire realista y fiel a su tiempo al film, además de incorporar temas de actualidad como en la trilogía, esta referencia actual ahora pasa a ser algo más que un mero trasfondo actual en la película.

Tras una trilogía entera con casi los mismos personajes, la saga necesita sangre fresca y las nuevas incorporaciones son sencillamente de lo mejor de la película. Tomy Lee Jones no es más que otro jefazo de la CIA que quiere eliminar a Bourne como ya lo fueron Brian Cox o Chris Cooper anteriormente, pero sin duda podría ser el más despiadado de todos. Es una gozada ver a este gran veterano en un papel que es perfecto para él. En cuanto a Alicia Vikander como Heather Lee, es una de las sorpresas de la película. Vikander brilla dando vida a una analista de la CIA experta en nuevas tecnologías que resulta no sólo ser una inclusión clave en el futuro de la saga, sino uno de los personajes más interesantes que ha parido esta serie de películas. Fría, calculadora, apática y movida por sus propios motivos internos y ocultos, es una misteriosa mujer que esconde mucho más de lo que parece. Un perfecto reflejo de la mordaz lucha jerárquica de hoy en día en las agencias gubernamentales. Por otro lado tenemos a Vincent Cassel, excelente como el asesino de turno (no tiene ni nombre), otro más de la saga, pero con una gran diferencia: es la primera vez que se le da un motivo personal a este tipo de personaje, lo cual no lo hace ser tremendamente interesante pero si ser algo más que el tío que se quiere cargar a Bourne. Vol 5”. Y por supuesto, Matt Damon vuelve a demostrar que es perfecto para este papel con una de las interpretaciones más intensas del personaje, dado por lo personal del asunto esta vez.

Una de las características esenciales y más importantes de la saga siempre han sido las escenas de acción, y como no podía ser de otra manera, Greengrass no defrauda. Aunque cierto es que algunos momentos de acción podrían ser “greatest hits” de otras persecuciones elevadas a cotas de espectacularidad realmente inmensas, el director británico nos regala dos set-pieces, la de Atenas y la de Las Vegas, verdaderamente tremendas y dignas de estar entre lo mejor de la saga en cuanto a acción. La escena de Atenas, la cual tiene lugar en plena manifestación, es un gran ejemplo de cómo introducir al espectador dentro de toda esa marabunta de caos, de manera que el realismo sea tan cercano que asombra y parece que estás ahí, aparte de la increíble y progresiva tensión de la escena. Una verdadera gozada. Digno de mención también es toda la parte final situada en Las Vegas, la que posiblemente sea el mejor tercer acto de la saga o al menos uno de los más completos. Ya no sólo porque contenga la persecución automovilística más bestia y espectacular de todas y también una de las peleas más brutas y viscerales (de verdad, que duele verla) que recuerdo en la franquicia, sino, por cómo va construyendo la situación y la tensión poco a poco hasta que todo explota en la tensa escena de la presentación de la nueva red social del personaje de Riz Ahmed.

A estas alturas y aunque aún tenga sus detractores, está más que claro que Greengrass sabe cómo presentar y dirigir la acción en la pantalla. Personalmente, este director me parece un genio a la hora de imprimir ritmo y tensión, ya no solo a las infartantes escenas de acción sino también a las rápidas y concisas escenas dramáticas. Y lo mejor es que aún no ha perdido esa capacidad y toque tan único e inimitable, ya que Jason Bourne es de ese tipo de películas en las que estás tan atrapado dentro del carrusel de tensión al que el realizador británico te invita, que ni siquiera se te pasa por la cabeza consultar el móvil. Este recurso tan característico de Greengrass le supone una gran baza incluso a la hora de disimular algunas fallas argumentales, ya que ni siquiera te da tiempo a pensar en ellas. Y aunque Jason Bourne tiene una “trama del pasado” que resulta incluso más interesante y reveladora que cualquiera de las otras entregas, si es cierto, que, argumentalmente, le pesa el hecho de tener que introducir ciertos elementos para el futuro de la franquicia que, aunque son interesantes y necesarios, pueden dar la sensación al espectador de encontrarse con una trama menos fluida que las anteriores entregas.
BeYShIT

Resumiendo, Jason Bourne ha vuelto y con las pilas cargadas. La cuarta de las películas protagonizadas por Matt Damon es una notable entrega que finiquita la ansiada búsqueda de respuestas y hurga como ninguna lo ha hecho antes en la franquicia en el origen del personaje y a la vez, es una gran película de acción con set-pieces estupendas y un ritmo infartante. Aparte de que actúa como presentación argumental de lo que dado ese esclarecedor final, pinta ser un futuro diferente y realmente prometedor para nuestro espía más sufridor. Greengrass y Damon lo han vuelto hacer.

¡Nos vemos en la Zona!

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