¿JASON BOURNE? ¿Quién es ese?

Hoy en la Zona toca coger nuestros pasaportes falsos y recargar nuestras pistolas para hablar de una de las sagas de espionaje más importantes del panorama ficticio. No hablamos del que se muere por un buen Vodka mezclado pero no agitado, ni del que si no desafía a la muerte en cada una de sus misiones imposibles no se queda a gusto, sino del que tiene peor memoria que ciertas personas tras una buena cogorza… pero es capaz de matarte con un simple boli Bic: Jason Bourne.

El Caso Bourne


En cuanto a argumento se refiere, esta primera entrega podría ser la mejor película de la franquicia. Y eso es tener buen pie. El Caso Bourne es un notable thriller de la era post-11S, que se construye a partir de una premisa realmente intrigante sobre conspiraciones, robos de identidad y amnesia (¿alguien ha dicho Bucky?). Doug Liman hizo de padrino de la saga regalándonos un puro thriller de espionaje con un estilo muy sobrio y una dirección más que solvente en la que el tanto el suspense y las buenas escenas de acción como la persecución en el Mini se daban la mano de manera realmente armónica, sobre las bases de la primera parte de la trilogía de novelas de Robert Ludlum.

Y ¿quién nos iba a decir que alguien que parece que no ha roto un plato en su vida como es Matt Damon encajaría tan bien en este rol tan badass? Damon fue una elección perfecta para este personaje, dotándole de una humanidad increíble y realmente palpable, pero cumpliendo de la misma forma como héroe de acción cuando toca correr, saltar y romper huesos. El Caso Bourne fue un sólido comienzo para la franquicia, y quizás uno de los mejores y más influyentes thrillers de las últimas décadas, que por supuesto, no tardó en serializarse.

 

El Mito de Bourne


Dos años después de El Caso Bourne, llegó la secuela, y con ella el director que lo cambió todo: Paul Greengrass. El Caso Bourne fue un éxito de taquilla y crítica, pero lo que de verdad impulsó esta saga y la colocó en el mapa del género como un modelo a seguir para otras franquicias fue la llegada de Greengrass y su rompedor estilo con El Mito de Bourne. Pasamos del estilo convencional y ritmo relativamente tranquilo de Liman en la primera entrega, a la velocidad y la adrenalina de la frenética dirección del director inglés. Aún hoy en día muchas personas siguen sin tragar su uso de la shakycam (y aún tuvo que mejorar ese aspecto en la siguiente entrega), cuando la realidad es que es de los pocos directores que utilizan esta herramienta como algo que de verdad se complementa narrativamente con la acción que pone en pantalla, y no se queda en simples sacudidas de cámaras innecesarias.

Por desgracia, pese a todo lo dicho, nos encontramos ante una secuela bastante inferior a su predecesora, sobre todo argumentalmente  al pasar de la intriga pura al “vayamos del punto A al punto B para desvelar nuevas piezas del puzzle que oculta el guión”, cosa muy pobre, en comparación. Pero en última instancia, esta secuela funciona perfectamente como un frenético y entretenido thriller en el que destacan las escenas de acción, el estilo casi documental que Greengrass usa para dotar de realismo visual y cercanía a la cinta, y alguna jugosa revelación del pasado de Bourne, pero poco más.

 

El Ultimátum de Bourne


Se suele decir que las terceras partes suelen ser las peores, y que no hay algo más difícil que cerrar una gran trilogía con buen nivel. Pues esto no puede ser más diferente para Jason Bourne. El Ultimátum de Bourne no sólo es la más redonda de las películas de la trilogía, sino que para muchos se encuentra entre las mejores películas de acción de esta década. Esta tercera parte es básicamente lo más parecido a inyectarse un chute de adrenalina de 90 minutos. Frenética hasta decir basta, una montaña rusa de set-pieces apabullantes, espectaculares en el mejor sentido de la palabra y perfectamente elaboradas, destacando la increíble persecución que tiene lugar en Tánger, todo un ejemplo de montaje y dirección.

Además, El Ultimátum de Bourne supone un buen y argumentalmente satisfactorio final para el personaje, tanto en lo concerniente a cierta revelación argumental, como en la manera en la que deciden finiquitar el destino de Jason Bourne. La dirección de Greengrass mejora bastante en esta tercera entrega, ya que en El Mito de Bourne existían algunos pequeños momentos en los que, por decirlo de alguna manera, se le iba las manos el tema de la shakycam. Afortunadamente, en El Ultimátum de Bourne llega a pulir esos pequeños aspectos, imprimiendo una gran dirección así como un montaje sobre la acción realmente digno de elogio, por el cual llegó a conseguir un Oscar en 2007. Un espectacular final a una de las trilogías más redondas del cine de espionaje y acción.

 

El Legado de Bourne


Tras cinco años sin ninguna película más, y tras la negativa de Greengrass de volver a la saga, los jefes de Universal no pensaban pasar mucho tiempo sin explotar el nombre de Bourne, por lo que sacaron adelante este spin off de la trilogía original. Esta vez detrás de las cámaras se encuentra Tony Gilroy, quien fue el guionista de la trilogía previa, y tenemos a Jeremy Renner como nuevo agente badass. Entre tanta novedad algo bueno tendría que haber salido, pero no fue así. El Legado de Bourne es de esas películas que nos hacen recordar que las comparaciones son odiosas, y aunque estamos ante una cinta de acción entretenida y mayormente correcta, El Legado de Bourne se encuentra a años luz de la calidad que ofrecía la trilogía que protagonizó Damon. Para empezar, aunque es interesante ese añadido que roza la ciencia ficción en torno a los agentes “mejorados”, el motivo argumental por el que tenemos que conectar con el nuevo héroe es, cuanto menos, flojo.

Si con el personaje de Damon actuábamos como acompañantes a través de un viaje lleno de descubrimientos emocionales mientras rellenaba sus lagunas de memoria, con el de Renner simplemente vemos a un personaje cuya máxima preocupación es que si se le acaban las pastillas que le mejoran físicamente, morirá. Así de insulso y simplón. Y Crank lo hizo mucho mejor. Aunque hay un par de buenas escenas de acción a lo largo del metraje, se nota que Gilroy es bastante mejor guionista que director. Su dirección se siente muy estática y hasta algo risible cuando intenta imitar, fallidamente, el frenetismo de Greengrass en determinados momentos. Lo dicho, un spin off entretenido y pasable, con Ojo de Halcón como protagonista (él da la talla, la película no tanto), pero sin duda la peor entrega de la saga y la más prescindible… por el momento.

BeYShIT
Hasta aquí el repaso de la saga del espía menos hablador y más europeo de todos. Dentro de muy poco volveremos para comentar el esperado regreso de este personaje con la crítica de Jason Bourne. Permaneced atentos. Cambio y corto.

¡Nos vemos en la Zona!

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