INFINITY: OUTRAGE, de Víctor Santos y Kenny Ruiz

 

Título original:
Infinity: Outrage TPB
Sello: Corvus Belli
Guionista: Víctor Santos
Artista: Kenny Ruiz
Colorista: B/N
Publicación España: Abril 2017
Valoración: Muere siendo un héroe o vive lo suficiente para convertirte en villano /10 

 

 

Cuando vi en la portada el nombre de Víctor Santos, ahí, justo ahí, ya me había ganado. Su forma de narrar en Polar, donde el color (o la ausencia de él, depende de cómo quiera verse) es dueño y señor de todo, no es algo que pueda hacer cualquiera. Un autor claramente ubicado en el cómic americano con una potencia visual tan grande hay que seguirle la pista y más cuando se asocia con un dibujante más cómodo en el estilo nipón pero que nunca ha abandonado el trazo europeo como Kenny Ruiz. El agua y el aceite, a priori, acaba dando como resultado un híbrido llamativo donde los autores se embarcan en una colaboración más allá de las estrellas.

La Esfera Humana es un complejo de sistemas estelares compuesto por once planetas habitados, donde los conflictos bélicos no son nada nuevo y, en cierta forma, hay vida después de la muerte. Pese a ello, es la opinión pública la que preocupa a sus dirigentes, que lo utilizan como un arma de control masivo. PanOceanía, la principal potencia político-económica del conglomerado, a través del Hexaedro, su sede central del ministerio de defensa, decide mandar a un grupo encubierto de mercenarios para neutralizar una célula terrorista drusa situada en el sistema Fareedat. Pero cuando la línea entre buenos y malos es tan delgada y difusa y nada acaba siendo lo que parece, sólo queda aferrarse a Aleph en…

INFINITY: OUTRAGE
de Víctor Santos y Kenny Ruiz

“Sí que queríamos a un monstruo,
¡pero al que estaba de nuestro lado!”

El entramado sociopolítico ideado por Víctor Santos, que recibió toda la ayuda posible de Corvus Belli para así poder cohesionar el guión del cómic con las reglas del juego y no dejar a la vista posibles agujeros o incoherencias, mantiene una línea clara y simple. Pese a los intereses políticos de los dirigentes de turno, sus obligadas risas malignas en la sombra, reuniones en lugares exóticos, cabos sueltos y amenazas mafiosas a lo Vito Corleone, todo fluye con sentido y de forma directa. No he sufrido esa saturación de información que, por ejemplo, me pasó con Monstress que acaba dejándome unas lagunas mentales haciendo que no disfrute al 100% de lo que los autores me quieren contar, ya sea perdiendo el hilo de las tramas en sí o haciendo que retroceda en la historia para volverlo a leer.

Santos hace fácil todo eso allanando tanto el camino que no aburre y consigue mantener una tensión que va in crescendo (las 192 páginas se hacen muy cortas y eso juega a su favor). Así que tenemos una buena historia de ciencia-ficción futurista muy digna donde la acción no es lo más importante (aunque sí el motor que lo mueve todo). Cuanto más avanzamos en la historia, más nos damos cuenta del trasfondo que tenemos, que va casi obligando a los protagonistas a introspecciones que no hacen más que darle fuerza a la idea del autor valenciano, que, como dije antes, parecía en un principio simple pero que en la raíz tiene mucho más. Pero mucho.

Reunión de colegas. ¡Que alguien saque el Cocodrilo Sacamuelas!

El guión es muy sólido, consigue contarte lo importante con la información justa y sabe mantener el ritmo mientras nos va contando el posicionamiento de cada planeta dentro de la Esfera Humana, sus intereses dentro del conflicto y todo su abanico de personajes (si bien no es un elenco muy amplio, no hablamos de dos o tres solo), todo sin que se resiente la narrativa. Es justo a la mitad del cómic, y cuando el lector cree que la velocidad de crucero está establecida y todo va según unos cánones mentales firmes, cuando… BOOM! El ritmo se acelera y la nave estelar que tenemos entre las manos cambia de rumbo, gira bruscamente para, aun manteniendo ese devenir de estética guay y de fácil digestión, llevarte al mismo final pero por un atajo emocional que solo hace mejorar el relato. Ahí es cuando te das cuanta que no sólo es un cómic promocional, por ejemplo, o para atraer al mundo de las miniaturas a más gente. Estamos hablando de un buen cómic donde la implicación de los autores es total.

Un personaje principal cual lobo solitario al más puro estilo Eastwood, de mirada fría, ausente, no sólo de la vida sino de su propia identidad, que lo mismo recuerda al atormentado Lobezno en Logan que a un Frank Castle destrozado por sus pesadillas y que acabará envuelto en una versión galáctica de Los Mercenarios, de una tripulación que bien podría haber formado parte de la Nostromo con personajes tan variopintos como los que protagonizaron hace más de diez años la aclamada Firefly. Una Starship Troopers plagada de bichos con forma humana y donde los destellos de Cowboy Bebop están ahí, en el aire. De todo eso se nutre Santos para concebir un producto propio, exento de aspavientos innecesarios pero con alma.

¡Monorraiiiil, monorraiiiil!

El alicantino Kenny Ruiz sabe donde se mueve y aquí despliega todo un alarde de dinamismo tan necesario para la historia como para su lucimiento personal. Autor formado en la escuela Joso y que empezó realizando bocetos para la mismísima Disney, ha estado moviéndose entre el manga (la trilogía Dos Espadas) y el cómic europeo (El Misterio del Capitán Nemo, Malefic Time: Soum), circunstancias que le han servido para pulir un trazo muy claro que encaja perfectamente en ambos sitios. Particularmente le veo más cerca del manga, pero es cuestión de perspectiva y gustos. Incluso se permite el lujo de “ensuciar” ese trazo cuando la situación lo requiere dándole una velocidad y una tensión sorprendentes. Toda esa adaptabilidad a los lápices acaba dándole una sensación de credibilidad palpable, mucho más natural.

El apartado de extras, y aquí haré una excepción que creía que nunca haría, lo considero muy interesante y, sobre todo, necesario si vas a ciegas en un universo complejo plagado de detalles como es éste. Aparte del glosario perfectamente explicado y que ubicaría a cualquiera, contiene un proceso elemental en los diseños desde los bocetos iniciales hasta los definitivos pasando por esbozos descartados. Todo personaje, ubicación o nave. Incluso contiene varias viñetas de humor donde los autores se ríen de sí mismos y bromean con el proceso antes de que el tomo saliera a la luz. Soy de disfrutar poco de los extras de cualquier cómic y casi siempre lo considero un plus para que te cobren más, pero éste ha sido una grata sorpresa.

En alguna estrella de esas estará Chiquito contando chistes…

Esta primera incursión en el universo Infinity deja muy buen sabor de boca con una lectura dinámica y rápida que acabará gustando tanto a amantes del propio juego como a los que ni sabían de su existencia o no les vaya mucho el tema de las miniaturas. Cuando se saben explotar ideas y conceptos ya creados de forma tan efectiva, salen cosas como esta y así, da gusto.

¡Nos vemos en la Zona!

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