Indie10, vol XIX: TAILS OF IRON

Esta vez vengo a hablar de un juego bastante desconocido, pero no por ello menos bueno. De hecho, si de algo no nos podemos quejar es de lo pulido que está. Tails Of Iron coge, en cuanto a aspecto visual se refiere, estética cómic o dibujado a mano para contarnos una historia de enfrentamientos entre especies, en un mundo medieval marcado por la pobredumbre de muchos y la riqueza de unos pocos.

De aspecto juguetón, el juego nos vuelca ese apartado visual con una historia dramática, donde un joven heredero ratón ve como todo su reino es atacado por el clan de las ranas y su familia masacrada en el acto. Redgi, que así se llama nuestra rata protagonista, debe viajar para restaurar el reino y ya de paso hacer frente al clan de las ranas de una vez por todas, con ayuda de los pocos supervivientes y de clanes que se encontrará por el camino. Toda esta historia se nos presenta con un aspecto 2D, en el que jugablemente, el combate es su principal y mejor virtud. Ya se hace suficientemente presente su cierta similitud a un “souls”. El género soulslike, dada por la franquicia y juegos de From Software, es ya bien conocido y reconocido.

Mi querido diario…

Sus bases frecuentan ser un combate exigente y medido, dónde cada fallo tiene una penalización importante. De ahí ya cada juego coge lo que le interesa y lo transforma o va más a pies juntillas con la obra de From Software. En cuanto al juego de Tails of Iron, de Odd Bug Studio, es innegable sus referentes. Ya no sólo por el combate, que es meticuloso y hay que saber cuándo atacar, sino por el uso que se le hace de todos los accesorios que nos vamos encontrando. Todo tiene su peso y habrá que jugar entre no llevar mucho peso e ir bien protegido, o bien buscar los extremos nada aconsejables: llevar lo más liviano y ser ágil, pero ir poco protegido, o por el contrario ponerse lo que te hace ir más lento, pero ir protegido. De esta manera intentaremos llevar un equilibrio que a veces nos tocará truncar dada la rapidez de algún enemigo, por poner un ejemplo. A esto le sumamos que disponemos de armas a distancia con disparos limitados o la posibilidad de envenenar nuestra arma cuerpo a cuerpo durante un tiempo limitado. El uso razonable que hagamos de nuestro inventario, unido con los reflejos y la posibilidad de contrataques frente a algunos ataques, completan un combate simple pero depurado.

Y es que justamente, si algo hace bien Tails Of Iron, es entender que depurando sus sistemas y no metiéndose en camisas de once varas, consigue ser redondo y adictivo de principio a fin. No abarca más porque no quiere que uno de sus apartados se vea afectado. Es verdad que brillaría más esta jugabilidad con un mundo mucho más extenso y con muchas más opciones de combate, pero de esta manera no lo hace tan disperso y unifica lo que intenta crear en unas pocas ideas bien definidas. Por eso queda el regusto de que se está jugando a un muy buen juego pese a operar con pocas herramientas.

¡En garde!

En cuanto a historia y desarrollo poco hay que añadir. Existe un narrador, que será la única voz que oiremos durante el juego, ya que los personajes se comunican con ruidos y sabemos de qué hablan con bocadillos descriptivos con imágenes simples. Redgi recorrerá durante su periplo sus propios reinos, ciudades y sus bosques, cloacas y minas “aparentemente” abandonadas. En algunos tramos de la historia se nos forzará a cumplir misiones de recadero o secundarias para conseguir dinero y poder ir mejorando nuestro reino. Estas misiones, en su gran mayoría, se basan en ir a una zona a limpiarla de monstruos o derrotar a un miniboss. No molestan porque son puntuales y ya cada uno decidirá si hacer todas o las justas para avanzar. Los personajes resultan carismáticos y resultones, aunque no se onda demasiado en ellos y prefiere contar una historia sencilla de venganza y vuelta al status quo, que irse por las ramas. No hay que olvidar que, al ser mudo, todo se simplifica.

Algo que si podría echarse en falta, por ponerle un pero, es que la exploración no funciona tan bien. El plataformeo es bastante sencillo y, aunque si tiene zonas que no podemos acceder hasta conseguir cierto ítem (como si de un metroidvania se tratara) no recompensa en sus saltos. Sus mecánicas están centradas en la acción y se nota en la cantidad de combates que aparecen. No se sustenta la exploración si no hay combates cada poco tiempo porque la movilidad sabe a poco de cara a explorar. Recompensas en forma de piezas de armadura o armas por mirar cada rincón existen, pero suelen ir precedidas de una horda o un miniboss en algún rincón alejado de la misión principal. Esto no quiere decir que el combate se haga pesado a la larga. El juego no es muy largo y a lo largo de su duración se disfruta, pese a que tampoco es que aparezcan muchas modificaciones jugables en la acción. Es por ello que, pese a que deja con un muy buen sabor de boca, se echa en falta que arriesgue más en otros apartados en los que no se la juega para gustar a todos. Y vaya si lo consigue.

Ratas a la carrera.

Recordad que el juego está para todas las plataformas de manera digital y en físico en PS5, PS4, Xbox Series X y Switch de la mano de Meridiem Games, así que no hay excusas.

¡Nos vemos en la Zona!

Jorge V

Graduado en Criminología en la Universidad de Alicante. Entre mis gustos de ocio se encuentran el cine, los cómics, los videojuegos y las series de TV. Siempre intento informarme antes para no tener que tragarme ningún bodrio :)

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