INDIE10, vol VII: DEAD CELLS

En el momento de escribir estas líneas me extraña que hasta ahora no haya hablado de ningún videojuego roguelike, siendo uno de los géneros que más me atrapan últimamente debido a la satisfacción por la progresión. Todavía es más raro que hable hoy del juego del que voy a hablar, cuándo ha habido tantos anteriormente que he exprimido y que bien podrían tener su propia reseña de recomendación. Dentro de este mundo, Dead Cells es algo diferente e intenta trasladar la idea del género convirtiéndolo en algo más trepidante y casi taquicárdico.

El roguelike está en auge. Me atrevería a decir que desde The Binding of Isaac, muchos estudios independientes han escogido este estilo de juego para sus obras. Apodado así por el videojuego Rogue de 1980, el roguelike se basa en el mazmorreo aleatorio. Cada partida es diferente. Las salas por las que cruzar cambian, así como los enemigos y los poderes para recoger varían cada vez que iniciamos una nueva partida. Las sesiones de juego no suelen ser demasiado largas. La gracia del género es la repetición. Cada vez llegamos más lejos y conseguimos desbloqueos de poderes que pueden aparecer en futuras partidas y caminos diferentes con enemigos finales a los que enfrentarnos. Las combinaciones son innumerables y ninguna “run” es igual que la anterior. La gracia viene dada justo por esto. La sensación de progresión y de cada vez llegar más lejos. Hacer sentir al jugador que cada vez es mejor en el juego y poco a poco darle más herramientas y mayor dificultad. Los combos de poderes ya son otra historia a tener en cuenta.

Toma combo en tu cara.

Dead Cells, del estudio Motion Twin, plantea una especie de plataformas 2D enfocado a la acción rápida y de reflejos dentro de un diseño de niveles propios del roguelike, aunque también aprovecha aspectos de los metroidvania de manera inteligente.

Nuestro protagonista no son ni más ni menos que unas células que poseen y toman el control de un cadáver. En cada nueva partida, estas células toman otro cuerpo para poder de nuevo hacer frente al largo recorrido y a las amenazas que se nos presentan en cada «run”. Hay muchos niveles y diferentes caminos con entornos diferentes para ir llegando a nuestro destino final. Escondidos se encuentran desbloqueables que, al recogerlos, nos aparecerán de manera aleatoria en futuras sesiones de juego. El aspecto de metroidvania se encuentra en habilidades que podemos conseguir tomando cierto desvío que harán que nuestro personaje ya la posea para siempre, haciendo que podamos tomar un camino (siempre en futuras partidas) que hasta entonces era inalcanzable y poder descubrir así nuevos niveles, con diferentes enemigos, nuevos bosses y desbloqueables. Estos entornos cambian su recorrido cada vez que afrontamos de nuevo el reto, pero siempre contienen algunos aspectos o habitaciones clave, sólo que de lugares diferentes a nuestras anteriores partidas.

Te explota la cabeza.

Además de todo esto y principalmente, algo que no he dicho es que la base de Dead Cells se apoya en la acción frenética. Un bombeo constante de enemigos, cada uno con su manera de arrollarnos al pasar por su lado, hace que necesitemos de las mejores armas. El arsenal es enorme. Puede que una “run” queramos afrontarla con armas a distancia como ballestas, arcos o cuchillos arrojadizos, mientras que hacemos uso de trampas que arrojan cuchillas. Quizás en otra optemos por el cuerpo a cuerpo: mandobles, cuchillos rápidos a dos manos o, incluso, cuerpo a cuerpo con combinaciones “parkourianas” de golpes, mientras tiramos granadas. Y hasta podemos ir a la defensiva con escudo, devolviendo los ataques a los enemigos. Dependiendo del estilo que queramos para el momento vamos reforzando unas cosas u otras o cogeremos un tipo de arma acorde a nuestro estilo. Todo envuelto en un frenesí agitado, donde esquivar, correr y saltar en el momento justo se cogen de la mano y se convierten en nuestros mejores aliados. Una locura de colores y diseños cuidados al extremo con un pixel art detallado al milímetro. Con personajes que desprenden carisma y con un humor negro y macarra para desternillarse: algunas animaciones, como nuestro protagonista haciendo un corte de mangas a un enemigo, son oro.

Por si no fuera suficiente, como ya nos tienen acostumbrados estos agradecidos juegos, no deja de actualizarse constantemente con contenido gratuito que amplía el mapa, nuevos bosses y nuevos objetos por recoger.

¡Vuela, vuela!

Como ya os digo, este género me tiene enamorado. Juegos como The Binding of Isaac, Enter The Gungeon, Slay the Spire, Wizard of Legend y, ahora, este Dead Cells me han dado horas y horas de juego que he disfrutado como un crío. Ese juego de mazmorras donde cada vez que inicio todo es diferente y me encuentro con locuras de combinaciones de poderes para ir mejorando poco a poco. Toda partida es disfrutable, ya sea por una cosa o por otra. ¡Larga vida a estos experimentos y a la rejugabilidad! El juego infinito no existe, pero esto se le acerca bastante.

¡Nos vemos en la Isla!

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Jorge V

Graduado en Criminología en la Universidad de Alicante. Entre mis gustos de ocio se encuentran el cine, los cómics, los videojuegos y las series de TV. Siempre intento informarme antes para no tener que tragarme ningún bodrio :)

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