ÍDOLO. UNA HISTORIA CASI REAL, de Marcela Trujillo

 

 

Título original:
Ídolo. Una historia casi real
Sello: Reservoir Books
Artista: Marcela Trujillo, a.k.a Maliki
Publicación Chile: Octubre 2017
Publicación España:
Valoración: Déjame que pose para ti

 

 

Los entresijos del mundo del tebeo se nos han revelado en las viñetas en múltiples ocasiones. Desde fórmulas que ofrecen las más dispares combinaciones de pura ficción con trazas de realidad, encontramos pseudobiografías de creadores y editores, aspectos relacionados con la industria y sus eventos parejos o instantáneas que parecen captar un momento en la producción tradicional de un país. Así, podemos asistir a la evolución en sus luces y sombras de la potente industria estadounidense en Hey Kids! Comics!, de Howard Chaykin (Dolmen), el acercamiento a los responsables (y grandes olvidados) de todo un icono del mundo del cómic en Joe Shuster. Una historia a la sombra de Superman, de Thomas Campi y Julian Voloj (Dibbuks), la aventura americana de tres totems del tebeo franco-belga (Jijé, Morris y Franquin) en Gringos locos, de Schwartz y Yann (Dibbuks), la evolución de la industria del manga en la segunda mitad del siglo XX en la autobiografía del impulsor del Gekiga en Una vida errante, de Yoshihiro Tatsumi (Astiberri), las andanzas de diversos autores españoles en la agencia Selecciones Ilustradas en Los Profesionales, de Carlos Giménez (Debolsillo) o la fundación de Tío Vivo a finales de los ’50 por parte de una parte de los dibujantes estrella de la editorial Bruguera en El invierno del dibujante, de Paco Roca (Astiberri). Pero también está quien nos cuela en salones, jornadas y eventos, esos maravillosos espacios de encuentro entre creadores y lectores, como sucede en…

ÍDOLO. UNA HISTORIA CASI REAL
de Marcela Trujillo

No puedo estar más de acuerdo con las primeras páginas de Ídolo. Una historia casi real. Me identifico plenamente con esa cara de ilusión del autorretrato de la autora que preside a toda página el inicio de este cómic. Comulgo fuertemente con las palabras que le siguen en las didascalias de las viñetas posteriores “Aunque estoy un poco vieja para tener ídolos, lo que más me gusta es conocer en persona a mis dibujantes favoritos”(p. 9). La adrenalina que te produce asistir a eventos de todo tipo con gente del mundo del noveno arte a la que amas profundamente, no tiene parangón. Romper esa barrera de viñetas y ponerles cara y voz por primera vez, las presentaciones en los minutos previos a actos conjuntos, coincidir asiduamente y que comiences a formar parte de su paisaje, intercambiar unas palabras por los pasillos de salones, en la calle tras el cierre del bar donde habéis echado la última, risas compartidas en torno a una mesa mientras os acabáis el bocata u os sirven un café, poner tu vehículo al servicio de su movilidad, esperados reencuentros que sabes que se producirán en los días fijados con equis que previamente marcaste en el calendario de tu pared. Pero, sobre todo, sentir mariposas que indican cómo se activa en tu interior el modo “fan” a la par que se desconecta tu capacidad comunicativa impidiéndote llevar una conversación como una persona medianamente coherente. Llegados a este punto, los que me conocéis seguro que podéis nombrar al menos a dos de mis ídolos, esos por los que suspiro y a los que idolatro, esos a los que espero encontrar a cada evento al que acudo más ilusionada que una niña el día de Reyes.

La asistencia a un festival de cómic, el “Viñetas Limeñas. Festival Internacional de Cómic” en la capital peruana, es el punto de partida y el armazón a partir del cual Marcela Trujillo, alias Maliki, confecciona su relato. Inéditos sus cómics en España, la pintora, ilustradora e historietista chilena ha publicado en The Clinic, El Desconcierto o Revista HUV, ha participado en diversas muestras de pintura individuales y colectivas, junto a Sol Díaz está detrás del podcast de cómic La Polola, es coeditora de la Revista Brígida y ha sacado al mercado, entre otros Las crónicas de Maliki 4 ojos (Feroces editores, 2010), El diario iluminado de Maliki 4 ojos (Ocho libros editores, 2013), Quiero ser flaca y feliz (junto a Karolina Lama. Ocho libros editores, 2015) o, más recientemente, Diario oscuro (Reservoir Books, 2019).

El autor que te mueres por ver también se muere por otro autor.

Sus viñetas muestran en 12 capítulos, una introducción y un epílogo, cómo se sucede un festival a partir de la visión de una de sus invitadas, la propia autora del cómic que deviene, además, en doble protagonista de las dos partes diferenciadas pero íntimamente ligadas: la historietista en el supuesto mundo real y su alter ego, personaje principal de sus historias autobiográficas, en un plano ficcional y de fantasía. La relación que allí entablará con el historietista Rolf Runde, su ídolo, irá marcando el desarrollo de la historia. Podríamos hablar, pues, de autobiografía de ficción de corte intimista con unos toques de realismo mágico en la que Marcela da rienda suelta a sus inquietudes como autora, como mujer y como persona.

Es un tebeo que derrocha creatividad por los cuatro costados de su dualidad. Presenta un doble plano narrativo, por un lado la representación de una realidad ficcionada donde va urdiéndose la trama principal y, por otro, una dimensión paralela alternativa más fantástica e imaginativa cargada de simbolismo, auxiliar de la primera. Ambos cuentan con voz narrativa propia, en la que adivinamos la misma voz: la de Marcela en el plano real y la de Maliki, en el fantástico.

Si uno se construye a base de las calles, establecimientos y espacios de Lima, stands del salón y, sobre todo, autores, que se pasean por allí con Marcela Trujillo a la cabeza (María Luque, Powerpaola, Sole Otero o Sol Díaz), el otro se levanta por obra y gracia de las páginas de los cómics por donde andan un atípico quinteto de personajes: Maliki, el cerdito Kokoro, Santa Rosa de Lima, Sarita Colona y Völva, la representación ancestral.

Razón y sentimiento, el arte y la tradición popular, el folklore y la religiosidad, nuestro yo y nuestras circunstancias, lo que creemos y la verdadera realidad, “ojalás” y “¡Adelante!”. Ídolo es una amalgama de expresiones que invita a reflexionar sobre la complejidad y, a la vez, sencillez del ser humano. Somos las personas quienes encumbramos a otros, quienes subimos a pedestales a nuestros semejantes pero, realmente, esos falsos ídolos están a nuestro nivel. Sienten, padecen, ríen y lloran. Los fans tampoco somos clones. Tras esas fotocopias de admiración vacías de personalidad hay historias que imprimen la diferencia. La naturaleza humana es así de fascinante.

Pues ya estamos todas :)

La complejidad del sentir del ser humano se aborda desde la cotidianidad y una de las corrientes imperantes en el movimiento de la novela gráfica: la (auto)biografía. Maliki traza magistralmente entorno y sentimiento. Denota una insuperable destreza a la hora de captar el momento, propia de quien anda acostumbrada a garabatear la realidad en cuadernos en cualquier lugar y momento. La naturalidad del registro y el lenguaje coloquial (magníficos los diálogos) dotan de frescura al relato narrativo. El apartado gráfico, heredero del estilo undergroung, es de gran dinamismo y espontaneidad. Ambos planos narrativos están excepcionalmente diferenciados sin haber de recurrir a estilos rupturistas por sus transiciones e idiosincrasia. Muy destacada la fuerza y potencia del dibujo, acabado en blanco y negro, que imprime la mano de la autora y que por medio de un trazo libre y vibrante, connota momentos y expresiones.

Se trata de un cómic muy sensorial. Gastronómicamente hablando, sus viñetas son un festival para el gusto, el olfato y la vista, un no parar para las glándulas salivales y un estupendo escaparate para quienes disfrutamos del placer de sentarnos a una mesa a comer. En ese recorrer Lima junto a Maliki, transitamos por mercados donde se expone una gran diversidad de productos locales de un rabioso colorido (que se aprecia hasta en el blanco y negro del dibujo), contamos con reserva en restaurantes que sirven suculentos y apetitosos platos de la cocina local (ceviche, sopa de choros, chips de camote, ají de gallina o tacu tacu de frejoles desfilan ante nuestros ojos) e, incluso, somos invitados a un piso de unos colegas donde nos agasajan con una deliciosa parrillada. Y qué decir del bullicio de sus locales de copas y otros locales de restauración, donde se superponen, entre copas de pisco, chicha morada o agua, conversaciones, risas y música en directo; el ajetreo diario de las calles de la ciudad; o ese murmullo de las masas de amantes del tebeo esperando una firma, visitando una exposición o comentando por lo bajinis lo que tal autor acaba de decir en la mesa redonda. Se palpa el folklore popular limeño, pero también sentimos ese roce piel con piel del cálido abrazo entre amigos, de las gentes que comparten afición, mesa o destino, y de la materialización del deseo carnal.

Lo que viene a ser el jolgorio.

Es muy interesante observar cómo la autora, como mujer, habla sobre diferentes cuestiones y la forma en que en todos los personajes femeninos principales está muy presente la concepción de ser mujer. Personajes plenos en toda su dimensión, sin estereotipo de género, retratados con naturalidad y sin tabús. Presencia de la religión y el folklore, medios repletos de personajes femeninos que están a pie de calle e influyen en la sociedad y la construcción del yo íntimo de cada ser, y también de Marcela. El cuerpo de la mujer y su actitud frente al sexo también se cuelan en sus páginas desde esa mirada de mujer. Ella misma ofrece una reflexión sobre el papel de la mujer en los cómics y su representación física y psicológica en el capítulo once del tebeo. Tomando como excusa una mesa redonda bajo el lema “Mi cuerpo es mío”, en la que ficcionalmente intervienen, además de Maliki, Powerpaola, Delius y Sole Otero, la autora traza una argumentación en torno a la visión del cuerpo femenino y a la pluriformidad de la representación femenina, que responde a múltiples y subjetivas actualizaciones del yo y no a un cliché único y universal.

Por otra parte, y en esa línea biográfica, referida a la mujer y de catarsis literaria, Marcela Trujillo refiere de soslayo y cuela en sus páginas a uno de los responsables de un episodio real especialmente doloroso para ella. Humillación pública y menosprecio que la autora ha tardado en poder contar y superar y que supone un ejemplo de que el machismo sobrevuela la sociedad.

Corre, ¡pilla sitio!

Esos aspectos relativos a la parte gráfica, al trazo, a la representación autobiográfica y a la voz y consciencia femenina entroncan directamente con autoras como Aline Kominsky, Phoebe Gloeckner, Julie Doucet o Powerpaola (a la que descubrí recientemente con Virus Tropical, tebeo del que ya os hablé, vértices de una suerte de polígono de lecturas encontradas y complementarias en la herstory de las últimas décadas del noveno arte.

A pesar de que Ídolo. Una historia casi real no está editado en España, puede conseguirse igualmente en nuestro país. Es la división chilena del gigante editorial Penguin Random House quien lo publica allá y globalización mediante, vuestro librero de cabecera os lo puede conseguir como si realizara el pedido de cualquier otro libro del sello Reservoir Books. Os aseguro que este cómic, ganador en 2018 del Premio Municipal de Literatura y en 2019 Premio Literario mención novela gráfica, es una buena excusa para descubrir a una de las principales exponentes del cómic autobiográfico chileno.

¡Nos vemos en la Zona!

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