I AM A HERO, de Kengo Hanazawa

 

 

Título original:
I am a Hero (アイアムアヒーロー)
Sello: Shogakukan
Mangaka: Kengo Hanazawa
Contenido: I am a Hero #1-22
Publicación original: Abr. 2009 – Sep. 2017
Publicación España: May. 2013 – Oct. 2017 (Norma)
Valoración: Los héroes no nacen, se hacen /10

 

 


Me encantan las historias de zombis. No creo que sea una sorpresa para nadie. Desde los muertos más simplones que se levantan de sus tumbas a los sofisticados híbridos que copan las emisiones, publicaciones y estrenos de hoy en día. Tampoco creo os que pille de sorpresa si afirmo que, tanto por falta de tiempo como por desgana por saturación, ya no sigo al día todo lo que sacan de mis putrefactos amigos. Es imposible, lo reconozco. Y es que la sobreexplotación del género Z se les está yendo de las manos.

Por suerte, todavía quedan autores que saben hacer cómics de zombis totalmente nuevos y son capaces de innovar en un género tan manido. Por suerte aún se inventan historias como la de…

I AM A HERO
de Kengo Hanazawa

Todo comenzó en 2013, cuando Norma Editorial tuvo a bien dar luz verde a esta publicación que se abrió hueco en nuestras estanterías sin un atisbo de duda, aunque realmente Kengo Hanazawa, guionista y dibujante de la revista Big Comic Spirit desde 2004, dio vida a su tira en 2009 y, lo que empezó (como bien nos ha enseñado Ferran en su análisis del funcionamiento de los rankings de popularidad en Japón) como un salto al vacío con los dedos cruzados para que tuviera aceptación, ha acabado siendo uno de los cómics más famosos y traducido de los últimos tiempos. Hasta cuenta con una peli desde 2015, que dicen que no está nada mal, pero que personalmente hasta ahora no he querido ver por miedo a spoilearme nada, pero que no tardaré en ojear. ¿Cómo no hacerlo? Si sólo el suculento argumento inicial te invita a querer saberlo todo…

El protagonista de I am a Hero es Hideo Suzuki, un mangaka de 35 años, que trabaja como asistente de dibujante. Su día a día refleja la imagen del auténtico antihéroe: inmaduro, cobarde, torpe, huidizo e inseguro, vamos, que lo tiene todo. Y es que gran parte del encanto de esta historia ir averiguando cómo sobrevive este blandengue a lo que se le viene encima, y cómo va creciendo como persona y como personaje en medio de las típicas situaciones de un apocalipsis zombi rocambolesco.

Nene guta eto…

En medio de su vida cotidiana se comienza a extender un virus que se contagia a través de los mordiscos de los infectados, que enloquecen cuando ven una víctima y se abalanzan a por ella. A Hideo le cuesta asumir como reales los altercados que se van sucediendo, ya que, por si fuera poco, sufre alucinaciones paranoides y habla con un amigo imaginario, así que asume que se está volviendo loco cuando se desata el caos en su ciudad. Nos adentramos en un contexto apocalíptico, donde lo único e imprescindible es sobrevivir.

A partir de aquí el guión se retuerce cada vez más hasta desembocar en capítulos de surrealismo puro y duro. Las ensoñaciones se mezclan con el desarrollo de los acontecimientos y las metáforas nos van descubriendo un mensaje tan cafre como importante y, sobre todo, encontramos unos zombis, muy pesados e insistentes en sus locuciones, pero totalmente desbocados en sus actos, que degeneran en unos monstruosos seres dignos del imaginario del mismísimo Dalí. ¿Quién da más?

 

Te invito a cenar.

Todo aquel que se haya visto atrapado por las garras de este manga estará de acuerdo conmigo que el final del primer tomo facilita mucho que te animes a leer el segundo. Ese final… De golpe te das cuenta de lo que tienes entre manos y sabes que vas a recibir lo que buscabas y más, y así tomo tras tomo.

El detalle y realismo del dibujo de Hanazawa se ve totalmente elevado por lo explícito de los espeluznantes ataques de los contagiados, tan decadentes que, a pesar de ser ellos los que aterran y amenazan, tú te quedas con su cara. Es que no se le puede poner ni una pega al dibujo de este hombre: escenarios y elementos realistas (contiene un montón de localizaciones reconocibles, atentos a los pasajes que ocurren Barcelona), rostros con mil y una expresiones y totalmente distintos para cada personaje y un gran conocimiento anatómico que le permite retorcer y dotar de movimientos imposibles a sus criaturas.

¡Mariquita el últimoooo!

Sin olvidarnos de las genialidades narrativas que introduce el mangaka en su obra, como mantener la acción concentrada en el mismo marco escénico durante varias viñetas seguidas, dando una increíble sensación de movimiento y apariencia cinematográfica. O hacer que las tramas que parecen contarnos situaciones anecdóticas de otros personajes muy alejados de nuestro héroe al final confluyan como una sola. Cada miembro del elenco de la historia está ahí para construir, desarrollar y hacer avanzar la historia.

Sólo se le puede poner una pega y es que en algunos capítulos la trama avanza lenta, sobre todo para los que hemos seguido la publicación al día, pero os aseguro que la espera compensa cuando llegan los picos de acción y las acojonantes dobles páginas.

Un frigopie apocalíptico.

I am a Hero parece otra historia de zombis, sí, pero nada más lejos. Puede que, al principio, así se perciba pero ni el desarrollo, ni mucho menos el final, se puede decir que sean herramientas al uso en el género Z. Claro que el autor se toma sus licencias, pero su manejo de la narrativa y su fino dibujo se lo permiten. Para todo lo demás…

¡Nos vemos en la Zona!

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Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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