HOTARUBI NO MORI E. La vida en el pueblo es la vida mejor

Título original:
Hotarubi no mori e (蛍火の杜へ)
Año: 2011
Director: Takahiro Omori
Guión Takahiro Omori (Manga: Yuki Midorikawa)
Música: Shizuru Ootaka

Reparto: Animación

Valoración: Siempre es bueno desconectar con un poco de Gin /10

Sinopsis: En el pueblo de sus abuelos, Hotaru Takegawa pasa los días de verano entre los bosques de las montañas. Perdida y desconsolada en uno de sus paseos encuentra a Gin, un youkai protector del paraje que se convertirá en su nuevo acompañante.

El mundo actual es un mundo estresante y ajetreado. Las grandes urbes, donde se ha concentrado la mayoría de la población mundial, son hervideros de gente, ríos de transeúntes sin rumbo fijo en el que es fácil quedarse atrapado. Los horarios fijos, los transportes abarrotados, las prisas por llegar a clase o al trabajo… Nuestro día a día, al que se le suma el incremento de la contaminación en las ciudades, nos genera un aura de malestar, de cansancio, de dejadez. Con esto no quiero decir que todo tiempo pasado fuera mejor, ni que la tecnología y el desarrollo traen consigo siempre una imagen cuasi distópica, sino que con esta realidad intentar abstraerse es un hecho material. Y para ello qué mejor que disfrutar de una película corta, desenfadada y tranquila como Hotarubi no mori e (En el bosque de las luciérnagas brillantes).

Que dupla más… ¿normal?

Hotaru Takegawa es un chica joven, una adolescente en sus últimos años de instituto. Como todos los veranos, se dispone una vez más a viajar al pueblo natal de sus abuelos, una pequeña aldea situada en un recogido valle, rodeado de montañas copadas por verdes bosques. En su viaje en tren, recuerda el momento que cambió su vida, aquel cuando, con 6 años, se perdió en mitad de uno de esos bosques. Tras momentos de desconsuelo, de llorar y de impotencia, se encontró con Gin, un misterioso joven con una máscara blanca. Gin le confesó que era un youkai, defensor del bosque, y que velaría por ayudar a la joven niña a salir de ahí, pero manteniendo una norma clave: Hotaru no podía tocarle, ya que si él entrara en contacto con un ser humano desaparecería. A partir de esa situación se comenzó a forjar un lazo que se fortalecería año a año, acercándolos con el paso del tiempo.

Los youkai son criaturas representadas en el folclore japonés desde el periodo Edo (siglo XVII-siglo XIX), con una amplia variedad de formas, carácteres e intenciones. Suelen habitar en ambientes aislados de la población humana, pese a que son incontables las obras e historias en las que éstos toman papeles sentimentales con los humanos, generando situaciones imposibles según las normas de los dos mundos. La película no trata a estos seres desde un punto de vista tan clásico o ficticio, sino que los dota de carácteres plenamente humanos. La compasión, el humor, el respeto o la empatía son algunos de los sentimientos mostrados por estas criaturas, muy alejado de la visión clásica de los youkai como seres demoníacos. La relación tan natural y pacífica que se crea entre Gin y Hotaru nos empieza a describir la característica principal de la obra: la tranquilidad, la calma de disfrutar de un tiempo sin estrés y sin presión.

Si no te relajas aquí tienes un problema

En sus apenas 50 minutos de duración, la película logra transmitir estas ideas y sensaciones a la perfección. Sus grandes pilares son el estilo del dibujo y el apartado musical. Con una paleta de colores cálidos, la aldea y los bosques se ven propios del verano, típicos de esa época del año donde las preocupaciones se dejan a un lado y nuestro objetivo principal es descansar y coger aire para afrontar nuevos retos. Basándose en un trazo muy sencillo, los escenarios y los personajes tienen un aire de dibujo infantil, nuca alejándose de la realidad, pero vista a través de unos ojos tiernos e inocentes. Por otra parte, el ambiente generado por los sonidos de piano es absolutamente maravilloso. Mezclando ritmos tranquilos con cromatismos que nos recuerdan al mismísimo Chopin, logra crearse un ambiente inmersivo en el que los sentimientos y giros de la trama calan de lleno en el espectador.

Está claro que ya tenemos con nosotros la época de descansar junto a la chimenea, rodeados de turrones, villancicos, polvorones y mensajes de jefes de estado elegidos por un señor bajito, pero eso no quita que prefiramos disfrutar de la tranquilidad tomando un buen trozo de sandía y observando el paisaje cálido y brillante de las montañas. Aunque sea por un rato, con Hotarubi no mori e lo podemos cambiar.

¡Nos vemos en la Zona!

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