HOMBRE HORMIGA, Vol. 2: “Últimos días”, de Nick Spencer y Ramón Rosanas

 

Título original:
The Astonishing Ant-Man, Vol. 1:
“Everybody Loves Team-Ups” TPB

Sello: Marvel Comics
Guionista: Nick Spencer
Artista: Ramón Rosanas
Colorista: Jordan Boyd
Contenido: Ant-Man Annual #1, Ant-Man: Last Days, The Astonishing Ant-Man #1-4 (Marzo – Julio 2015)
Publicación USA: Mayo 2016 (Recopilatorio)

Public. España: Marzo 2016 (Panini)
Valoración: ¿Meetic lo qué?/10

 

Mira. Esta va a ser fácil. Y eso que no soy muy de reseñar dos veces la misma cosa. Ni aunque sean dos volúmenes diferentes. Pero dado que el equipo creativo de esta serie repite y sigue haciéndolo igual de bien, me puedo limitar a enlazar con la reseña que ya escribí del primer tomo publicado en España del Hombre Hormiga de Spencer y Rosanas para loar su buen trabajo. Así aprovecho y, echándole una tonelada del proverbial morro, me dedico aquí a lo que realmente me gusta: hacer una de mis famosas y ultrapatentadas reseñas-oso hormiguero, en las que uso como McGuffin un cómic que me acabo de leer para contar mis desvaríos sobre un tema que aparece en el argumento y del que me apetece hablar. Y es que, ¿no es acaso esa la razón por la que leemos? ¿No buscamos en los textos que ingerimos una razón para reflexionar? ¿No somos todos los que reseñamos adictos a las pajas mentales que nos hacen buscar la vuelta de tuerca oculta bajo la alfombra?

Dicho esto, os doy la bienvenida, de nuevo, al maravilloso mundo del…

HOMBRE HORMIGA, Vol. 2
de Nick Spencer y Ramón Rosanas

¿Hemos llegado al segundo tomo? ¡Esto hay que celebrarlo!

…y sin más dilación, me enfundo el neopreno, los pies de rana y las gafas de buceo y me adentro en la piscina de los interesantes asuntos a tratar.

EL FRACASO COMO ESTILO DE VIDA

La verdad es que, en eso, no nos hemos movido ni un ápice. Scott Lang sigue siendo un pobre hombre que no se quita el casco de Hombre Hormiga ni para echar un clavo, consciente, quizá, de que su alter ego humano es un desgraciado deprimente que no merece aparecer ni cuando disfruta. Nada le va bien. Nada le sale como debería. Hasta cuando parece que las cosas se van a enderezar, alguna catástrofe le coloca en el disparadero y le hunde como un plomo en la charca de los desastres personales. Supongo que, si no se suicida, es porque tiene muchas hormigas que le hacen compañía. O porque es un tipo alegre que siempre ve la botella medio llena. O porque es un imbécil y un iluso sin remedio. A saber. Seguir adelante es a veces una cuestión de optimismo desmedido emparentado de cerca con la estupidez o la más completa ignorancia. Dar un paso más cuando todo lo que tienes delante es abismo, te convierte en un valiente o, lo que es peor, en un temerario. La historia está llena de ellos y todos acabaron muertos, condenados al ostracismo o vilipendiados por sus coetáneos. Es verdad que nadie se acuerda de los cobardes, pero suelen ser ellos los que escriben las historias de los héroes aguerridos y muertos para poder desviar la atención y seguir medrando en el anonimato. Es mejor elegir el primer plano que ser objeto de la portada.

Sí, Scott Lang. Por pura dignidad, deberías ser un cadáver. Pero no, qué va. Ahí estás, intentando levantar negocios ridículos, rodeado de perdedores. Jodiendo las oportunidades que se te presentan con forma de jubilados de la Edad de Oro. Cagándola hasta cuando eres responsable. Este, que debería ser un cómic sobre tu vida profundamente deprimente, acaba por convertirse en una parodia divertida a base de acumular despropósitos. No hay nada más cómico que contemplar desde la barrera la desgracia ajena. Somos adictos a esa sensación que nos hace sentir bien cuando a los demás les va mal, y justificar tanta mezquindad con el humor es la excusa perfecta que necesitamos para no sentirnos culpables.

El maravilloso (fin del) mundo del Hombre Hormiga

UNA NUEVA ERA DE BADOOLAQUES, O CÓMO RELACIONARSE A TRAVÉS DE LA PANTALLA DEL MÓVIL

Otra de las aportaciones interesantes que hace Spencer a la historia es algo que debería conformar el abecé de cualquier guionista: utilizar la actualidad cuando escribes sobre actualidad. Perece una mastodóntica perogrullada, pero es algo que no todos los que escriben tienen en cuenta al confeccionar sus historias. Obviar el día a día es una condena que acaba por hacer que huelas a rancio y que miles de polillas intenten devorar tu ropa vieja. Sí, esa que le robaste a tu abuela y nunca fue vintage.

Cosas tan sencillas como incluir una aplicación de móvil que empareja superhéroes con los villanos que más posibilidades tengan de derrotarlos es una inteligente variación del Tinder made in Marvel. Una, además, que da mucho juego. Y por muchas razones. Todo un acierto lo de incluir una alternativa ocurrente de algo que ha revolucionado las relaciones personales y ha introducido una nueva versión del “quedar para follar”.

Feo… Gordo… Sin renovar el traje desde los 70… ¡Ah, éste! Con cuchillas siempre es mejor.

Las redes sociales, en sus múltiples formas (hasta aquellas que nos están dedicadas ex profeso a fomentar los encontronazos carnales), son auténticos supermercados de humanos en los que lo fías todo a la imagen, descartando candidatos a golpe de pulgar. Muy gorda. Muy calvo. Muy rubia. Muy peludo. Muchos dientes. Pocos brazos. La nueva era del sexo superficial con completos desconocidos ha llegado. Una legión de mastos deseosos de meterla en caliente chocando vía internet con una avalancha de mujeres buscando alegría para el cuerpo. Un cambio de modelo lleno de frialdad y riesgo, desaprensión, desconexión, morbo y mentira, en el que te sumerges en relaciones con individuos que jamás habrías llegado a encontrarte y cuya arquitectura mental es campo abonado para el desarrollo de personalidades disociadas y psicopáticas, protegidas por el anonimato de un teclado. Una nueva manera de encontrar pareja, de hacer follamigos, de disfrutar del sexo virtual o de echar un polvo desastroso y pegajoso en una pensión cutre. Una app con lejano aroma a desesperación que en el mundo del Hombre Hormiga se reconvierte en un método letal que usa un algoritmo infalible para contratar al sicario más cercano al héroe; uno que tenga las herramientas más adecuadas para hacerle morder el polvo. Una inteligente alternativa al clásico enfrentamiento que animaba cada uno de los números mensuales de nuestras colecciones favoritas. Un nuevo y estupendo giro del señor Spencer que, con una pequeña chorrada, encuentra un nuevo pozo de petróleo con el que sacarnos la sonrisa.

Si está satisfecho, valore nuestra app con 5 Estrellas de la Muerte.

LA FAMIGLIA

Como acicate todo esto está muy bien, pero no llegaríamos a ningún sitio sin la carga de profundidad que nos une sentimentalmente con el protagonista. La historia de un panoli disfrazado de hormiga cuyos compañeros de trabajo visten uniformes todavía más ridículos que el suyo, no dejaría de ser un entremés sin sustancia que olvidaríamos con facilidad. Ahí es donde entran el amor paterno filial, la responsabilidad y el sacrificio, auténticas virtudes que convierten al personaje en héroe por encima de cambios de tamaño, antenas emisoras de afinidad insectil y trajes de faena estrafalarios. Todo lo que como padre Scott Lang abandona en beneficio de su hija es admirable, aunque analizado con frialdad tiene ese punto de cobardía, una cobardía humana, comprensible y común tan lejana al superhombre. Es el terror del que esconde la cabeza en un agujero porque se siente avestruz. Aunque lo razonable es apartarse de lo que quieres cuando eres una bomba nuclear exudando radiación, podríamos decir que la solución más fácil es correr, en lugar de buscar un traje de plomo de que te permita relacionarte sin riesgo. Lo sencillo es dejarse fisionar, porque estudiar ingeniería y física para establecer mecanismos de control y espoletas de seguridad exige demasiado trabajo. El que abandona lo que ama creyendo que su presencia no es beneficiosa, no deja de estar rodeado de esa aura de canguelo que envuelve a todos los que alguna vez huimos de los problemas en vez de afrontarlos. Una estela de vergüenza que parece convertirnos en mártires, cuando todo lo que somos es cagones incapaces de plantarse cuando vienen mal dadas y luchar contra las adversidades. Es más factible dejarse quemar en la hoguera que matar a los inquisidores.

Sin embargo, como no podía ser de otra manera, es esta faceta falible y cobarde la que hace que me identifique con él. La que consigue que le vea cercano y real, próximo como si me lo fuera a encontrar comprándole un kebab al mismo aromático turco que yo suelo visitar para no tener que preparar la cena. El típico vecino simpático que siempre te sonríe, aunque su día a día sea una puta mierda. Un punto mundano, humano y tierno que logra que empaticemos y suframos con cada una de las desdichas que le van sucediendo a nuestro protagonista. Un nuevo tanto de calidad anotado para el inspirado Spencer.

Fracasado: dícese del proveedor inagotable de “Virgencita, que me quede como estoy”.

El Hombre Hormiga continúa siendo una de las colecciones más sólidas, entretenidas y divertidas del Universo Marvel actual. Al menos del conspicuo Universo Marvel que a mí me interesa. Una serie que, sin grandes explosiones ni deslumbrantes efectos especiales, se ha convertido es una lectura agradable ajena a la decepción. Poco a poco, llena de oficio y talento tanto en el guión como en el dibujo, se va consolidando con firmeza en la lista de favoritos, desovando en tu interior una plaga de huevos con forma de grandes números por venir que eclosionarán cuando menos te lo esperes, ávidos por devorar tus preferencias y tu cartera. Mientras esto ocurre…

¡Nos vemos en la Zona!

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