HISTORIETAS DEL MUSEO DEL PRADO, de Sento

 

 

Título original:
Historietas del Museo del Prado ESP

Sello: Museo del Prado
Guionista: Sento Llobell
Artista: Sento Llobell
Colorista: Elena Uriel
Publicación España: Febrero 2019
Valoración: Si las paredes hablasen…

 

 

Una de las mejores herramientas para promover la protección y la concienciación cuando hablamos de todo tipo de patrimonio es, sin duda, la difusión. Paralela a una correcta gestión, la didáctica de dar a conocer supone ofrecer información precisa y promulgar las peculiaridades de un bien de tal forma que, a ojos de los no versados, se identifiquen las características y valores que confieren su singularidad. Una buena difusión da lugar a una correcta apreciación por parte de los ciudadanos de aquel bien que tienen frente a ellos. Y medios en este siglo XXI para poner en valor todo tipo de bienes no nos faltan.

Un ejemplo en cuanto a políticas de difusión de sus vastos y ricos fondos por medio de acciones propias o derivadas de colaboraciones es el Museo del Prado. Por citar algunos, numerosos catálogos y publicaciones en relación a la obra pictórica que alberga, una completa programación para los visitantes con actividades especiales vinculadas a múltiples aspectos de la vida cultural, exitosas exposiciones temporales, seminarios, conferencias, una web con un ingente contenido que abarca desde completísimas fichas técnicas de los cuadros hasta numerosos recursos multimedia complementarios, pasando por recorridos virtuales y apartados temáticos, o MOOCs con El Bosco o Velázquez como protagonistas.

Además, el Prado con José Manuel Matilla a la cabeza (jefe de conservación de Dibujos y Estampas del Museo Nacional del Prado), está apostando por el tebeo como otro vehículo del que se vale para llevar al gran público esas piezas de incalculable valor histórico, artístico y cultural. Así, tras la experiencias con El tríptico de los encantados de Max, El perdón y la furia de Antonio Altarriba y Keko e Idilio de Javier Montesol, el Prado amplía la línea editorial de tebeos con…

HISTORIETAS DEL MUSEO DEL PRADO
de Sento

No somos pocos los que perdemos la noción del tiempo deambulando por las salas del Museo del Prado y contemplando embelesados las diferentes obras que parecen cobrar vida en sus paredes. Cada cual tiene su favorito y establece aquellos cuadros o salas que son de visita ineludible cuando pone pie en el Prado. En mi caso, ir a la capital y por ende al Museo es sinónimo de visita a Patinir, El Bosco, Las Meninas, Goya o Fra Angelico.

El 19 de noviembre de este año se cumplirán 200 años de la inauguración del Museo del Prado, si bien los actos de celebración llevan sucediéndose desde el 19 de noviembre de 2018. Y bien que lo merece la efeméride de uno de los museos públicos de arte más antiguos del mundo y, de acuerdo a los números que arrojan las estadísticas cada año, el que se coloca a la cabeza de visitantes en territorio nacional (rozó los tres millones de visitantes el pasado año).

«El Vino de la Fiesta de San Martín» restaurado.

El emblemático edificio del paseo del Prado fue diseñado por Juan de Villanueva, uno de los arquitectos más destacado del país para albergar inicialmente el Real Museo de Ciencias Naturales. El máximo representante del neoclasicismo y responsable de la Casita de Arriba de San Lorenzo de El Escorial, del Real Jardín Botánico, del Observatorio Astronómico o de los Jardines del Retiro, no llegó a saber del destino que le esperaba a esa construcción. Fue su discípulo Antonio López Aguado quien acometió las obras de adaptación y finalización del edificio que finalmente albergaría la colección pictórica más completa y singular del país, lo que comenzó siendo el Real Museo de Pinturas y Esculturas. Tal calificativo se debe precisamente a la identidad del propietario y a quién correspondía la tutela de los fondos; y es que el origen de tal institución se debe a la Fernando VII, quien donó una parte de la colección de los reyes españoles. La nacionalización, por decirlo de alguna forma, se produjo en 1865 al vincularse al patrimonio de la Corona. El devenir y el paso del tiempo le han llevado por diversas circunstancias, nuevos ingresos (donaciones, legados y compras, principalmente) y ampliaciones hasta llegar a la consideración actual del Museo como organismo público definido en el Estatuto que fue aprobado en 2004.

Una de las acciones de celebración del bicentenario de la pinacoteca ha sido, precisamente, la edición de este Historietas del Museo del Prado.

Tanto el edificio como las obras que muestra y custodia son tangencialmente sus protagonistas. Aunque presentes, los muros y las piezas de las colecciones pasan a un segundo plano en las viñetas que conforman la narración del tebeo guionizado y dibujado por Sento, basado en una idea del ya citado José Manuel Matilla y coloreado por Elena Uriel. Lo que verdaderamente cobra relevancia es el ente en sí y las personas que han ido formando parte directa o indirectamente del Prado. Estamos, pues, ante un atípico repaso por los doscientos años de andadura del Museo del Prado. Alejado de la retórica de la didáctica tradicional y dejando de lado la parte más institucional o conocida, este entretenidísimo Historietas del Museo del Prado ofrece una serie de retazos de la intrahistoria del Museo, ese tipo de información que no se suele encontrar en la pestaña de “Historia” o “Sobre nosotros”. Muy acertada la elección del título por la doble acepción del término: la alusión al cómic por un lado y, por otra, a la relación breve de algún suceso de poca importancia, tal y como se recoge en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.

Pero pongamos el énfasis en el sintagma “de poca importancia”, porque lejos de restar interés, este tipo de historias aparentemente menores contribuyen a que el lector empatice, a despertar la curiosidad, a tratar de tú a tú y a dotar de calidez la tradicional frialdad institucional. Si me permitís la expresión, este tebeo nos permite alcahuetear un poco acercando al visitante asiduo o potencial la cotidianidad de algo tan grande como un museo con 200 años de historia a sus espaldas, poniéndonos en relación con una representación del global de las personas que han contribuido con su acción a que el Museo del Prado sea hoy lo que conocemos.

Cada uno tiene los souvenirs que quiere.

Sento, uno de los máximos exponentes de la prolífica escuela valenciana, es el encargado de plasmar en este encargo con su inconfundible trazo y una narración ágil y amena a esa muestra de personajes. Entre ellos, podemos encontrar a ministros de diferentes momentos de la historia; al juez Ruz, el comisario Hernández Luna y todo el equipo de investigación que puso en jaque al autor material del robo del Tesoro del Delfín; al personal de variadas épocas del Museo; la restauradora al frente de la atribución de El vino de la fiesta de San Martín a Bruegel el Viejo en 2010; la familia que conservó en su domicilio hasta 2003 una de las bombas alemanas que cayeron en el Prado durante el bombardeo del 16 de noviembre de 1936; o uno de los donantes que con su acción han aportado su granito de arena al engrandecimiento en todos los sentidos de la colección del Prado.

El tebeo se compone de siete historietas con sendas anécdotas e historias, con un excepcional elenco de actores de reparto y con la pinacoteca como protagonista. Todas tienen por eje vertebrador y denominador común al conserje perpetuo del museo Etelvino Gayangós. El tebeo se abre justamente con la bienvenida de este sempiterno personaje en el que repasa el episodio de la visita del insigne Goya al recién inaugurado museo.

Crónica del incendio del Museo.

Otro de los episodios que se recoge en el tebeo es el de la noticia del incendio que destruyó el Prado la noche del 24 al 25 de noviembre de 1891. Más que noticia, lo que se marca el reportero de El Liberal es una suerte de “La guerra de los mundos” a lo Orson Welles. Si tenéis curiosidad, podéis consultar a través de la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional la crónica del incendio en la edición del 25 de noviembre, la explicación del porqué Mariano de Cavia “incendió” el Prado el 26 de noviembre, las notas de los días posteriores a propósito de la cruzada del periódico por concienciar de la importancia de la correcta preservación del patrimonio, o la crónica de la visita del ministro de Fomento Linares Rivas, responsable último del Museo, en la edición del 29 de noviembre.

La verdad es que acercarme a esta crónica de El Liberal a través de la historieta que recrea Sento me ha hecho ver que hay asuntos que, salvando las distancias, siempre están de actualidad. Aunque no se hable de ello en alto, latente está el debate cultural. Hay épocas en las que aflora por diversas circunstancias, como sucede estos días, en que otro incendio ha hecho resurgir la sensibilidad sobre la importancia de tomar conciencia de salvaguardar el patrimonio histórico.

Sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Es en ese momento que ya no hay remedio, cuando se nos abren los ojos y nos damos cuenta de la vital importancia de esos actos obviados hasta entonces. Es también en ese preciso instante cuando nos hacemos cruces de por qué no se han puesto en marcha determinados mecanismos. Entonces los lamentos ya no sirven de nada.

Comprendamos el valor del patrimonio, que sea protegido y difundido, que nos sea mostrado a los ciudadanos para que seamos conscientes y comprendamos no solo el alcance del bien en sí, sino también de la labor que desempeñan a diario todos los involucrados en su evaluación, protección, custodia y difusión.

¡Nos vemos en la Zona!

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