HIP HOP FAMILY TREE, Vol. 1: (1970s-1981), de Ed Piskor

 


Título original
:

Hip Hop Family Tree, Vol. 1
Sello: Fantagraphics
Guionistas: Ed Piskor
Artista: Ed Piskor
Colorista: Ed Piskor
Publicación USA: Octubre 2013
Publicación España: Marzo 2018 (Flow Press)
Valoración: ¡Respect me, I am Hip Hop! /10

 


Me crié con mi abuela y fue con su vieja radio con la que descubrí el rap. Es gracioso que fuera gracias a Los 40 Principales pero, cosas de la vida, así fue. Había un programa los sábados por la noche dedicado a ello. Lo escuchaba a escondidas porque oír palabrotas por la radio podía buscarme problemas. Me limitaba a bajar el volumen, pegar la oreja al altavoz y dejarme llevar por unas letras que me ponían rojo de vergüenza aun sabiendo que solo escuchaba yo. Era Kase.O y su tema Mierda que junto al Buah! de 7 Notas 7 Colores dejaron claro que esa mierda me gustaba. Claro que fue años más tarde cuando me enteré quienes eran. Je. Luego llegó el rap norteamericano con 2Pac, Wu-Tang Clan, Nas, Fugees, Biggie, Gang Starr y una infinidad de artistas que formaron una sólida base musical que a día de hoy estoy orgulloso de poseer.

Antes que el bling-bling y los coches de lujo, mucho antes que las mansiones, los contratos millonarios y los estadios llenos a reventar. Muchísimo antes que todo eso, el hip-hop tal y como lo conocemos tuvo que crecer a marchas forzadas, imparable como un huracán de voces ansiosas por ser escuchadas a base de boom bap. Como el título de uno de los libros sobre Tupac Shakur, fue la rosa que creció del hormigón (The rose that grew from concrete) que dejó atrás el cartel de moda callejera para establecerse por méritos propios como una de las expresiones artísticas más auténticas. Poneos vuestras mejores deportivas y vayamos al 1520 de Sedgwick Avenue en el South Bronx que me han dicho que esta noche hay una fiesta en…

HIP HOP FAMILY TREE, Vol. 1: (1970s-1981)
de Ed Piskor

Todo tiene un comienzo.

Como en muchos comienzos, no suele haber verdades absolutas y, ante una sociedad precaria y exenta de la tecnología actual que todo lo capta y archiva, los inicios del hip hop están llenos de leyendas y rumores. ¿Quién utilizó por primera vez el término hip-hop? ¿Quién copió a quién? Ed Piskor documenta todas esas leyendas (y no tan leyendas) y crea una narración histórica bien organizada y suave, evitando empantanarse. Consigue hacer malabares de forma magistral con lo que va ocurriendo y pese a todos los implicados y la diversidad de los eventos, todo se ajusta para explotar en tu cara como si KRS-One te rapeara Step Into A World (Rapture’s Delight) a medio centímetro de distancia. Contundente y sin tapujos. Vemos una evolución desde las calles, donde las propias farolas servían para alimentar los equipos, hasta la reticente aceptación como cultura popular gracias también a la ayuda de discográficas y radios una vez que los primeros temas, ya en vinilo, dejaban testimonio del esfuerzo y la constancia de unos MC’s que lo hacían por amor antes que por dinero.

Todos los grandes momentos que conformaron el origen del hip hop está de una u otra forma perfectamente representados, la mayoría en una sola viñeta. La condensación de casi los diez primeros años de movimiento no podría haberse resumido tan bien. Desde la primera fiesta organizada por DJ Kool Herc hasta la rápida aparición de pilares fundamentales como Grandmaster Flash y Afrika Bambaataa. Todo para dar lugar a incipientes MC’s que solo querían poner voz a los machacantes ritmos que nacían de los platos de los DJ’s. La productora de Sugar Hill Records, Sylvia Robinson, el promotor musical Russell Simmons junto a uno de sus protegidos, y que se convirtió en uno de los MC’s más comerciales de la época, Kurtis Blow o el influyente productor Rick Rubins, culpable de la unión del rap con el rock y el heavy metal y productor, entre otros, del primer álbum de Beastie Boys, Licensed to Ill en 1986, son bastante recurrentes en esta crónica. El Bronx había despertado y ya nadie podía callarlo.

Documentando la historia.

Es increíble el trabajo que hace el autor de Homestead mostrándonos el lento y complejo, pero inevitable, aumento de esta nueva forma de expresión musical, su explosiva polinización, que se mezcla, inevitablemente, con la propia cultura de la calle y el arte del graffiti. Graffiti que pese a que parece tener menos presencia, son suficientes los momentos que nos muestra, con Fab 5 Freddy como máximo exponente, desde las calles hasta las galerías de arte. Mientras que otros artistas como Keith Haring, Jean-Michel Basquiat o el puertorriqueño Lee Quiñones (no dejéis pasar Wild Style de 1983, la primera película basada en el hip hop) dejan constancia de su participación histórica en el movimiento. Incluso apariciones de The Clash y los Ramones o la presencia de Blondie, dada la amistad entre Fab 5 y el grupo de rock, quedan dibujadas en las viñetas.

Este conjunto de pequeñas pinceladas, momentos puntuales y situaciones cotidianas, que sucedieron la mayoría fruto de la espontaneidad y la casualidad y que ahora forman parte de la historia, junto a la manera de contarla, de plasmar tantos detalles, y que convierte esta colección en monumental, le valió el premio Eisner en la categoría de obra basada en la realidad y ha ido acumulando multitud de nominaciones, Angoulême incluido. Mi amor incondicional por Ed Piskor es ya una realidad y estoy deseando leer la miniserie que ha hecho para Marvel de los X-Men Grand Design, que, mirad si es bueno, que también le ha valido dos nominaciones al Eisner por mejor serie limitada y mejor color.

Grandmaster Flash, la leyenda.

A los lápices, Piskor, declarado fan de Robert Crumb, es vibrante y directo con un estilo propio totalmente underground. Captura el espíritu callejero de los setenta con una precisión milimétrica y cada individuo y cada lugar están perfectamente retratados. No hay ni el más mínimo detalle que quede descuidado e incluso las propias páginas tienen ese color amarillento de los cómics de aquella época, que no hacen más que amplificar los sentidos de una manera que pocos cómics consiguen. El amor y la pasión que el autor pone está fuera de toda duda y aboga por la nostalgia en el amplio sentido de la palabra. Incluso los colores siguen esa estela retro con unos tonos difuminados alejados de la nitidez y el uso de tabletas actuales ¿he dicho ya que me encanta todo?

Las palabras de agradecimiento que tengo para la editorial Flow Press necesitarían reseña propia ya que considero que productos así son de un riesgo empresarial importante. No hablamos de un comicbook al uso, ni de un Batman o un Spiderman. La edición está cuidadísima y el formato, más europeo que americano por su gran tamaño, es una delicia al tacto. La decisión de los editores de no traducir las frases de la ingente cantidad de canciones a lo largo del tomo es otra de las gratas sorpresas. Y para que el trabajo del autor quede más patente si cabe, la edición original también incluye un listado de los títulos de canciones que aparecen junto a un Glosario Funky con los protagonistas por orden alfabético. Incluso la bibliografía que el propio Ed Piskor usó en su concienzuda documentación. Encontrar algo mejor preparado, desarrollado y editado va a ser muy difícil.

Don Cornelius, Soul Train y el rap por 1ª vez en la TV nacional.

Este primer volumen nos narra de la forma más eficiente, amena y documentada el nacimiento de una cultura, no sólo musical, sino a todos los niveles de una sociedad que vio en ella una forma de expresión y que mimando todos los detalles lo convierte en un documental gráfico sobresaliente. Si te gusta el hip-hop esta debería ser tu biblia, tu Santo Grial ¡tu propia madre! y si no… quizá también ya que es una lectura que no debéis pasar por alto, lo merece (y para 2019 el volumen 2…).

¡Nos vemos en la Zona!

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