HELTER SKELTER, de Kyoko Okazaki

 


Título original
:

Helter Skelter (ヘルタースケルター)

Sello: Shodensha
Mangaka: Kyoko Okazaki
Publicación Japón: Julio 1995 – Abril 1996 (2003)
Publicación España: Noviembre 2019 (Ponent Mon)
Valoración:
Maquíllala un poco más, no vaya a ser que todavía se vea lo que es real

 

Un torso femenino con los pechos al descubierto ocupando la parte central de la imagen para la cubierta de una publicación. Buen clickbait con el que captar la atención de quienes deambulan por las baldas de las librerías buscando un cómic que se convierta en su próxima lectura. Vencidos por la curiosidad, acabarán tomando el manga en sus manos y abriéndolo para hojearlo mientras su mente ya ha comenzado a trabajar sobre suposiciones que, a partir de esa portada, traten de desentrañar por qué derroteros tira el argumento.

Con una potente imagen visual que parece traída del medio publicitario, este manga ejerce una total atracción a los ojos de cualquiera. De un tiempo a esta parte, la poética de la belleza encarnada, tanto en la perfección del cuerpo como en el ideal personificado de hermosura, se ha instalado en el lenguaje publicitario, ejerciendo de reclamo para quienes buscan la posesión de esa cualidad. Como si se tratara de cualquier otro producto sacado de la sección de cosmética o perfumería, la responsable de este manga se sirve de ese tratamiento y nos quiere vender su producto haciendo que destaque sobre el resto a través de la evocadora imagen de ese cuerpo joven y hermoso en su recubrimiento.

Ahora bien, ¿qué se esconde tras esa y otras fachadas de absoluta perfección y belleza? Para descubrirlo no hay más que lanzarse a la lectura de…

HELTER SKELTER
de Kyoko Okazaki

La japonesa Kyoko Okazaki nace en 1963, unos años después de que comenzara a gestarse un cambio en la manera de producir manga que rápidamente se consolidaría e instalaría: la corriente Gekiga, que de forma similar a lo que sucedería en el mercado franco-belga y americano, dirigiría su mirada hacia el público de más edad y con otras inquietudes. Una visión más adulta, con cambios gráficos respecto a los trazos del dibujo tradicional e historias más próximas a la realidad.

Okazaki es, además, deudora de ese grupo del 24, mangakas entre las que se encuentran Moto Hagio o Keiko Takemiya que en los años 70 comenzaron a romper con esa idea de mujer que sus colegas masculinos no paraban de reflejar en los mangas, realizando un novedoso tratamiento y aportando una visión necesaria, hasta el momento ausente, de la realidad, la sociedad y la sexualidad. Porque ellAs también tenían historias que contar y podían hacerlo. Había, además, un mercado de lectoras que se habían criado pegadas a las viñetas y que ya, con cierta edad, demandaba lecturas con las que se pudieran sentir identificadas. Ese nicho, de acuerdo a la compartimentación del manga en una serie de clasificaciones demográficas atendiendo al público objetivo al que van dirigidas las historias, podría identificarse con el josei.

Tú antes molabas.

Así, bebiendo de unos y otros referentes, asimilado a sus antecesoras y evolucionado hacia un estilo propio que deriva, además, de sus circunstancias y entorno más inmediato se constituye la personalidad creativa de una de las mankagas más destacadas del panorama contemporáneo del mercado del noveno arte de oriente. Los trabajos de Kyoko Okazaki se publicaron principalmente entre los ’80 y mediados de los ’90, momento en que su producción se vio súbitamente interrumpida a causa de un atropello. La convalecencia se alargó durante varios años, tras los cuales y ya bien entrados los 2000, ha vuelto a publicar.

Hay varios aspectos de la forma de crear historias de la mangaka que me fascinaron en Pink, el primer manga de ella que leí, y que me he vuelto a encontrar en este Helter Skelter, siendo recurrentes en ambas obras, comenzando por una división que se me antoja teatral de los capítulos de la obra. Aunque la base de sus argumentos y el desarrollo de sus historias se sustentan sobre la representación de la vida cotidiana, esas cuestiones del día a día se ven salpicadas por elementos de corte fantástico excepcionalmente integrados que aportan color y una nueva dimensión. En Pink, por ejemplo, una chica tenía como mascota un cocodrilo que vivía en su bañera.

Osea, tía, mi pelo.

Las protagonistas de su obras son mujeres y la trama se vertebra sobre la forma que tienen de afrontar y asumir las cuestiones derivadas del pasado, los problemas del presente y las relaciones que se entretejen entre ellas. Mujeres que se ven sometidas a la presión que sobre ellas ejerce la sociedad. Mujeres con personalidad víctimas de inseguridades pero alejadas de toda sensiblería y visión lacrimógena de telefilm de fin de semana de después de comer.

A quien no conozca el personal estilo gráfico de la autora, puede llegar a resultarle algo chocante abrir un tomo y encontrarse frente a frente con sus dibujos. Sus trazos se alejan del dibujo canónico (son cercanos a los de Kiriko Nananan, por ejemplo) y a primer golpe de vista resulta feo. No obstante, esos trazos en un blanco y negro plano que se apoyan en tramas, aparentemente descuidados, desgarbados y rápidos en ejecución, se encuentran al servicio de una estudiada narración que pone el foco de atención sobre cada punto de interés. La efectividad de dicha narración se ve reforzada por la composición de las páginas, la resolución de escenarios urbanos y el entramado de didascalias y bocadillos. Sus personajes se caracterizan por la estilización de su figura y su plasticidad, contando con unos rostros muy expresivos.

Como si el peinado de te conviertiera en.

Helter Skelter (publicada en el original sentido oriental de lectura, no como Pink, que fue adaptada al sentido occidental) conjuga una historia de género negro con una más personal e íntima, de ambiciones personales a la par que emite una dura crítica contra la sociedad de consumo. La obra, publicada originalmente mediante serialización en el año 1995, sigue estando de plena actualidad. El culto al cuerpo continua a la orden del día, con una pequeña salvedad: desde hace unos años se ha incorporado y extendido al sector masculino. Diariamente asistimos al espectáculo del qué dirán, de una sociedad con unas rígidas reglas implantadas por la sociedad de consumo y en la que la importancia de las apariencias es determinante. Y es que, qué son las apariencias si no un pasaporte hacia el éxito parejo, en la mayor parte de los casos, a la soledad.

La protagonista, Ririko, se nos presenta como una supermodelo, aunque en estos tiempos que corren sería más acertado calificarla de influencer. Esa actualización concreta le sirve a la autora para hablar de la intrahistoria de los mal llamados famosos: de esas celebrities admiradas por su cara bonita, por el mero hecho de ocupar portadas, ser protagonistas de campañas publicitarias o por su historial sentimental. Ririko encarna la obsolescencia programada de los productos mediáticos. Es la viva imagen de esos juguetes rotos de grandes multinacionales carentes de valores humanos, creados con el fin de someter mercados a base de referentes para las gentes. Sí, creados, porque la belleza de Ririko es artificial, falsa, resultado de los avanzados tratamientos de una privativa y exclusiva clínica estética. La muchacha es un engranaje más en interesados juegos de poder que, consciente de su encanto, capacidad mediática y papel en esa representación, hace y deshace a su antojo, según sus intereses, tiranizando subordinados y corrompiendo a su entorno tal y como le ha sucedido a ella. Víctima de decisiones de un pasado y resignada a ser esclava de su destino, no le queda más remedio que vivir un presente plagado de odios, caprichos y excentricidades que van tornándose a medida que avanza la narración en pensamientos y acciones espeluznantes.

The mummy.

La mangaka aborda el papel de la mujer desde el punto de vista de la mediatización y la concepción de la belleza desde un ideal impuesto y de las presiones de una sociedad de consumo que obliga a la perfección constante, cosificando el cuerpo femenino con el imprescindible añadido del erotismo constante de su figura. Un ideal inostenible.

Por otra parte, es muy interesante también apreciar la forma en que refleja cómo esa misma sociedad que crea sus ídolos de oro, ensalzados y mimados, a los que venera y defiende hasta la muerte, acaba aborreciéndolos y olvidándolos en un breve lapso de tiempo, desplazados por unos completamente nuevos. Esa sociedad, fábrica de Frankensteins, no es consciente de que esos caducos ídolos, antes glorificados y ahora rechazados, que devienen objeto de expiación y denigración, son personas. En ese sentido, explora el vacío existencial y la soledad, creando unos personajes nada ajenos a ello y que actúan en consecuencia.

No olvides atreverte a ser guapa, no sea que te de por leer.

El éxito cosechado por este manga con título de canción de Los Beatles ha sido constante desde su publicación: Excellence Prize del Japan Media Arts Festival, Premio Cultural Osamu Tezuka en 2004, inclusión en la sección oficial de los Premios del Festival Internacional de Angoûleme 2008 o adaptación a la gran pantalla en forma de live action. No sólo es de una fuerza extraordinaria y la historia está magníficamente desarrollada, sino que su lectura invita a infinitas reflexiones y debates más que jugosos. Cruzo los dedos para que Ponent Mon continúe trayendo más obras de Kyoko Okazaki.

¡Nos vemos en la Zona!

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