HELLBOY, de Mike Mignola


Título Original
:

Hellboy Library Edition HC
Sello: Dark Horse
Guionista: Mike Mignola, John Byrne
Dibujante: Mike Mignola
Colorista: Dave Stewart, Matt Hollingsworth
Contenido:
Hellboy Library Edition, Vol. 1-2 (May. 2008 – Oct. 2008)

Publicación USA: Mayo 2008
Publicación España: Diciembre 2010 (Norma)
Valoración: Anung Un (canela en) Rama


Hay lecturas que te atrapan y te descolocan. Que aún sabiendo que van a gustarte porque gozan del beneplácito de la mayoría de lectores, acaban sorprendiéndote de una manera titánica, absorbente. Tal es el puñetazo a todo tu ser que la reverencia es instintiva. Hasta necesaria. Lo mismo que sufrí hace ya algún tiempo con Sláine: El Dios Cornudo de Pat Mills y Simon Bisley. A Hellboy ya le conocía y a Mike Mignola también, pero meterme de lleno en su universo ha supuesto otro impacto comiquero en mi vida como lector. Ahora soy su esclavo, otro de sus espíritus condenados. Quiero más. Necesito más.

Lo que parecía la mejor baza nazi para ganar la Segunda Guerra Mundial, la invocación mediante magia negra de una criatura infernal, acaba de forma inesperada con la llegada a nuestro mundo de un niño-demonio que, por un giro del destino, acaba cayendo en manos de las fuerzas aliadas. Bautizado como Hellboy y criado como un ser humano entrará a trabajar para la Agencia de Defensa e Investigación Paranormal, donde será enviado a resolver toda clase de casos que presentan elementos sobrenaturales. Este maravilloso y enigmático viaje empieza con…

HELLBOY
de Mike Mignola

Lo conseguido por Hellboy es tan sólido como las dudas que formaron el camino de su creación por parte de su autor. Un Mike Mignola que titubeó incontables veces mientras colegas del gremio le animaban, a sabiendas de sus capacidades como creador de historias. Relatos y anécdotas que acompañan y nutren sabiamente la propia historia. Elemento imprescindible para llevar de la mano lo real y lo ficticio. Lo primero que lleva a lo segundo. Lo que Mignola aprendió y posteriormente le enseñó a ese entrañable demonio invocado por los nazis.

Utilizar la II Guerra Mundial como contexto principal, involucrar su origen con los nazis convirtiéndolo en el motor principal del devenir de la trama y darle esa ambigüedad enraizando todo con ser un héroe, con ser buena persona por encima de todo –para mí no deja de serlo en ningún momento– mientras el viaje se ramifica y se extiende en muchos caminos diferentes –no os perdáis todo lo relacionado con AIDP– siendo el propio Hellboy quien va desgranándote las historias en un desordenado orden que, lejos de ser caótico, es un delicioso puzle que te hipnotiza. Una maravilla argumental plagada de semillas, referencias y menciones a otras historias para que el hilo conductor siempre tenga un contacto directo con el presente.

Puñetazos a la izquierda…

Podría hablar de la ingente cantidad de relatos, leyendas y folklore popular del que se alimentan todos y cada uno de los relatos. Incluso el valor añadido y placentero del formato de miniserie e historias cortas, que muy acertadamente le propuso el mismísimo Alan Moore y que convierten a Hellboy en lo que a día de hoy es. El pilar donde se sustenta. De los cientos y cientos de relatos pulp que el autor fue leyendo y que asentaron en él algunas de las bases que ahora, y no dudo en afirmarlo, convierten al personaje y a su universo en un imprescindible del noveno arte.

No puedo olvidarme de algo que me ha resultado tan curioso como fascinante en el autor de Berkeley, y es esa capacidad para inventar y modificar leyendas ancestrales. Para poner y quitar a su antojo elementos del mismo, siempre teniendo en cuenta el contexto y sus personajes y que quedan impregnadas como si los relatos, no sólo fuesen los originales, sino que los tuviéramos ya adheridos a nuestra propia cultura popular. Esa sensación de haberlas escuchado antes aún siendo la primera vez que las leemos. Una cohesión estudiada y muy bien transmitida a lector.

Puñetazos a la derecha…

Todo con una profunda evolución de los propios personajes –aunque Hellboy se lleva casi todo el protagonismo– que no deja de ser lineal a los ojos del lector, pero que tiene mucho más. Nuestro protagonista avanza, aprende, sufre y, sobre todo, duda. Duda mucho y toma decisiones en base a ellas. Una duda existencial de plano universal y a la vez muy personal que hará que nuestro personaje elija uno u otro camino. No importa que hablemos de un demonio, de una buena persona o, en este caso, de ambas, acabaremos empatizando con sus emociones y disfrutando de un lore sencillamente enriquecedor.

Mignola es una mancha negra en el alma. Es la simplicidad hecha arte. Es, posiblemente, uno de los estilos de dibujo más característicos del mundo del cómic. Engrandece lo simple con esa sobriedad tosca. Con esos negros abruptos que remarcan las siluetas mientras que los fondos desaparecen voluntariamente. Es un dibujo venido del mismísimo infierno, como su creación, donde la luz no acaba de brillar. Es la soberbia comodidad de la oscuridad. La sobriedad lineal de un personaje que, aunque dibuja mil veces con el mismo gesto recio, trasmite infinidad de emociones. Lo de Mignola es más que dibujo, más que arte. Ya lo dijo Richard Corben “creo que sólo Mike puede hacer bien a Hellboy” y no iba mal encaminado.

Cuando te enteras de que Snyder va a seguir con Metal.

Hellboy es uno de esos cómics que hay que leer en algún momento de la vida. Leer y releer. Un cómic lleno de historias de las que disfrutar y aprender. De esas que instintivamente despiertan la curiosidad del lector por saber más. Por querer saber más y, amigos míos, pocas historias consiguen eso. Entrad sin miedo y dejaros llevar, no os arrepentiréis.

¡Nos vemos en la Zona!

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