HEIMAT: LEJOS DE MI HOGAR, de Nora Krug

 

 

Título original:
Heimat: Ein Deutsches Familienalbum HC
Sello: Penguin Verlag
Artista: Nora Krug
Publicación Alemania: Agosto 2018
Publicación España: Octubre 2020 (Salamandra)

Valoración: Maridando pasado, presente y futuro

 

 

La historia se nos enseña a través de temas desarrollados en los libros de texto o mediante lecciones magistrales que imparten nuestros profesores a lo largo de los cursos de la educación obligatoria (luego está quien decide salirse del mainstream y cursar los estudios universitarios de Historia en cualquiera de sus especialidades para participar activamente en la reconstrucción e interpretación de nuestro pasado). Bien como material de apoyo en nuestra época de estudiantes o porque a ellos nos acercamos en otro momento de nuestra vida, literatura, documentales, películas o exposiciones fotográficas vienen a complementar esa idea que de una determinada circunstancia histórica, instante o territorio se instauró en nuestro particular imaginario durante la escuela o el instituto.

Revisitando con el tiempo esos conceptos, una se percata de que algunos fueron enunciados mediante tópicos y generalidades, que se reducen a una simplificación y que no cubren el amplio espectro de una realidad poliédrica. La Historia no son sólo fechas y eventos, son también gentes y su reacción a aquello que les toca vivir. Un territorio y su forma de actuar solo se comprende desde la mirada, manera de ser y acciones de sus ciudadanos. Somos las personas quienes trazamos el presente de un territorio y dotamos de significado un determinado hecho. Por eso, las pequeñas historias con su subjetividad, esas que acontecen en el seno de cada hogar, son las que dan sentido y redondean la imagen del devenir histórico. No obstante, también los seres humanos nos vemos obligados a tomar parte en esa Historia, contribuyendo a escribir con nuestra condición de convidados de piedra o agentes más o menos activos, aquellos episodios que tiempo más tarde se estudiarán en las escuelas. Se trata de una sempiterna retroalimentación, un saber que cada uno de nosotros estamos hechos de pedacitos de algo tan grande, abstracto y a la vez tan inamovible como es la Historia, pero también de algo tan insignificante, mutable y difícil de conocer con precisión como es el ser humano. Lo que da sentido a nuestra persona, aquello que nos permite responder y entender en cierta medida la cuestión universal del “¿quién soy?” es un conglomerado del entorno en el que nos criamos, del territorio que habitamos, de la Historia que ha marcado uno y otro y de las presencias y ausencias que configuran nuestra familia.

Cada persona se define por una microHistoria y alberga múltiples y dispares teselas. Desentrañarla y colocar cada pieza en su correspondiente espacio, dotándola de su preciso significado, es una tarea compleja y a instantes dolorosa. Algunas personas se animan a compartirla con el resto, valiéndose de su extraordinaria capacidad para narrar y transmitir. Es el caso de…

HEIMAT: LEJOS DE MI HOGAR
de Nora Krug

Siempre he pensado que no hay nada mejor que un testimonio directo, sincero, fidedigno y bien armado no solo para comprender la magnitud de un hecho, sino también para empatizar con quién se está expresando y trabar desde la intertextualidad una imagen lo más completa posible a base de los fragmentos que hemos ido captando.

Heimat. Lejos de mi hogar, de Nora Krug es un original y magnífico artefacto en torno a la identidad compuesto por fragmentos de recuerdos, confesiones, instantáneas fotográficas de dominio público o tomadas de un álbum familiar, conceptos, breves historietas en las que se narran episodios familiares, ilustraciones propias y prestadas, un glosario de cosas genuinamente alemanas, presencias y ausencias de parientes cercanos, una sección cajón de sastre que alberga objetos de lo más variopintos con el denominador común de la procedencia germánica o reproducciones de documentos oficiales y de cuadernos escolares.

Heimat supone un collage, tanto figurada como estilísticamente, de la íntima búsqueda de la conciencia personal y colectiva de Krug, una identidad preconcebida que ha de tratar comprender, desentrañar y tomar en consideración en su justa medida en cuanto a la Historia más reciente de su país, a la intrahistoria familiar y la forma en que ambas se imbrican. Tenemos en nuestras manos una suerte de diario, cofre de tesoros y cuaderno de campo de apariencia manufacturada (mención especial a la estupenda rotulación y maquetación). A las confesiones más íntimas, se le suma el registro de sus actuaciones y las piezas ajenas que va encontrando y sumando en su viaje/investigación por armar el rompecabezas al que se enfrenta.

Ya solo con los peritextos más inmediatos de esta narración gráfica, al tomar el volumen ante nosotros se puede captar la naturaleza de la obra de Nora Krug. En primer lugar, el título escogido. Salamandra Graphic ha decidido mantener el título de la edición original alemana “Heimat” (no así la estadounidense de Scribner, que se decantó por “Belonging” -aunque ninguna de las tres coincide en el subtítulo, siendo la norteamericana “A german Reckons with History and Home”), un término que todo aquel que esté familiarizado con la lengua de Goethe reconocerá inmediatamente (y si no, no pasa nada, que la propia Krug lo explica en el interior) y que recoge la esencia de lo que nos quiere evocar la autora. Y sin apartar la mirada de la cubierta de la tapa delantera, esa interpretación de “Der Wanderer über dem Nebelmeer”, de Caspar David Friedich que la autora ha escogido para ilustrarla. Aunque se halle de espaldas, percibimos que la mirada de la autora queda fija, hipnotizada por su país de nacimiento y de juventud, preguntándose y experimentando las sensaciones que le despiertan desde la soledad de ese punto de observación, un emplazamiento lo suficientemente alejado como para tener una visión de conjunto y nada que la interrumpa (Krug lleva años viviendo en Estados Unidos).

Sirviéndose de la perspectiva que proporciona la distancia física y emocional, la autora-protagonista se embarca en un viaje al pasado para tratar de indagar y aprehender una identidad personal y colectiva marcada por uno de los episodios más horribles del siglo XX: el Holocausto.

El cómic es un medio permeable a la realidad en la que es concebido, capaz de captar la foto fija de un determinado presente, de filtrar las impresiones de quien está presenciando un hecho o las sensaciones que provoca en el guionista o dibujante y de recrear un pasado con un determinado propósito. Desde establecer una mera ambientación, reconstruir un hecho con intenciones narrativas o divulgativas, hasta tratarlo en toda su magnitud. El cómic se ha desvelado e instaurado como un vehículo estupendo gracias al lenguaje y las herramientas propias del medio para presentar y tratar temas que en otras artes o disciplinas pueden resultar más difíciles para llevar, tediosas e inflexibles. De hecho, Master Race, de Bernard Krigstein, una historieta publicada en 1955 en la revista Impact de la emblemática editorial EC, fue una de las primeras publicaciones en las que se reflejó por vez primera las deliberadas acciones del régimen nazi, así como estampas de lo que había sucedido en los campos de concentración o las sensaciones de quienes habían sobrevivido a esos campos.

En este Heimat, todos los contenidos se han dispuesto cuidadosa e intencionadamente. La composición de los capítulos, de las páginas y de los diversos elementos suman a la hora de presentar un relato que aglutina pasado, presente y futuro, y un reparto que se adivina coral bajo la voz unitaria de la autora-narradora. Para mí Heimat es un testimonio, es sentarse a tomar un café con alguien que va a compartir sus cuitas y reflexiones, es empatizar con una historia personal de pertenencia desde la comprensión de lo íntimo y lo público, es una experiencia de la que aprender.

Este análisis del pasado a varios niveles para comprender el presente ha sido extraordinariamente bien acogido en los países en que ha sido publicado. Y no solo por la particular forma o por el contenido, sino por la obra en sí. Heimat le ha valido a la ilustradora y autora de cómic alemano-norteamericana numerosos galardones y reconocimientos que se suman a los premios y menciones que ya contaba en su haber hasta la fecha por otros trabajos de ilustración. La obra ha sido clasificada por los editores como lectura a partir de 14 años. De hecho, fue nominada a los Deutschland Jugendliteraturpreis 2019, de literatura infantil y juvenil, en la categoría de no ficción. Sin ser los adolescentes y jóvenes un público implícito es cierto que pueden adentrarse en sus páginas sin miedo a aburrirse o a no entender de qué se está hablando: el apartado gráfico es sobresaliente, no deja de ser una trama con tintes detectivescos y puede preceder a sustanciosos debates. La editorial Simon and Schuster o la sede del Goethe Institut en Italia han desarrollado sendas guías de lectura para profundizar y trabajar todo la historia y emoción que emana de Heimat.

Nora Krug comienza Heimat con el relato de un encuentro que tuvo en la azotea de un edificio con una mujer mayor, poco después de mudarse de Berlín a Nueva York. La señora reconoce su acento e inmediatamente le pregunta si es alemana. Krug responde afirmativamente y le pregunta, a su vez, si ella ha estado alguna vez en Alemania. La respuesta de la señora mayor le deja sin palabras, intuyendo el recuerdo que está a punto de compartir con ella: es una superviviente de la barbarie nazi. La señora mayor le cuenta cómo había estado en un campo de concentración y se había salvado de la cámara de gas en dieciséis ocasiones. En ese instante, mi mente viaja hasta Seguir viviendo, de la austriaca Ruth Klüger (editada por Contraseña en este 2020), una obra que fue publicada en 1992 y que recoge el testimonio y la experiencia de la escritora desde su niñez hasta la redacción de esas páginas. Por ellas vemos cómo comienza a sentir en su Viena el poder del nazismo, su paso por tres campos de concentración, sus vivencias en la Alemania tras la II Guerra Mundial y su migración hacia Nueva York. Se trata de un texto fascinante, que atrapa capítulo a capítulo, gracias a la mirada de la niña y adolescente que Klüger era entonces y a las reflexiones que arroja en torno a temas como el tabú de la muerte y las ausencias, el papel de la mujer y su consideración en ese momento histórico, el derecho a emitir valoraciones y juicios con el que se creen quienes no han sido testigos directos de un suceso, el amarillismo de la prensa o la herencia de la culpa. Y entonces me imagino a ambas, Nora Krug y Ruth Klüger, sentadas alrededor de la mesa de una cafetería neoyorkina, compartiendo confidencias e impresiones, debatiendo sobre la Alemania del pasado y la del presente, discutiendo sobre el sentimiento de pertenencia, la esencia humana y la identidad personal.

Y es que en la vida como en la lectura, todo son conexiones.

¡Nos vemos en la Zona!

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