Héctor Alcázar nunca estuvo aquí.

El siguiente artículo contiene Spoilers de WestWorld y Uncharted 4. Si no has jugado al juego ni visto la serie, bienvenido a 2018, ve a consumir dos de los productos culturales más importantes del último lustro y luego vienes a indignarte conmigo.

Tengo dos gatas; una de ellas se llama Lana, y otra se llama Camarada. Una de ellas es parda, la otra tiene el pelo blanco y los ojos azules. Una es tranquila y juguetona, la otra se pasa el día durmiendo en un armario (cosas de gatos). Aquí una foto de cada una:

Son más bonicas que todas las cosas.

Acabo de establecer una realidad: Tengo dos gatas, una es Lana y la otra es Camarada. En realidad solo tengo una gata, Lana. La otra es, literalmente, el primer resultado que encontré en Google al buscar “Gato pardo casero”.  Mi credibilidad acaba de saltar por la ventana, se ha reventado la cabeza contra el asfalto y la ha atropellado una hormigonera. Ya no hay motivos para que te creas nada más de lo que escribiré a partir de ahora. Y esto no es ninguna tontería. En esos dos párrafos no he hecho otra cosa que mentirte. He establecido una realidad, y la he destapado yo mismo, para “pillarte”. Para sentirme superior, sonreír y decir “a que esto no te lo esperabas eh?”. Y eso no se hace. No se hace ni en una columna de opinión ni aún menos, en ficción.

Y en WestWorld lo hacen. Esta es una queja que arrastro desde la primera temporada de la serie, con la fotografía “fantástica” de Bernard: una imagen planteada en los primeros capítulos de la serie en la que se puede ver a Arnold, interpretado por Jeffrey Wright, Robert Ford, interpretado por Anthony Hopkins, y Bernard, el misterioso co-fundador del parque y auténtico corazón de la serie. A medida que avanza la trama Arnold descubre que Bernard ha hecho algo en el parque. Algo extraño. Algo que no comprende. Hasta que el misterio se desvela; Bernard y Arnold son la misma persona. CHAN CHAN. Inesperadísimo, sobre todo teniendo en cuenta que en el anterior capítulo se había descubierto que el personaje interpretado por Jeffrey Wright era un androide. Hay una cosa que si que debo reconocerle a Westworld. La valentía (casi osadía) de apostar por revelar hechos traumáticos sobre el mismo personaje en dos capítulos consecutivos. Igual es osadía, igual es no tener ni puñetera idea de escribir.

Ahora no me ves…

Porque, oh, si, en opinión del abajo firmante, el derrape descomunal de Westworld es el de esa foto. Establecen una realidad de la que esa foto es una parte vital. Aquí quizá me pongo un poco denso, pero trataré de explicarme; Por supuesto que la imagen puede estar tratada. Por supuesto que puede ser falsa. Pero debe existir algún indicio (cualquier indicio) de que es mentira. Si no, se traicionan absolutamente todas las bases del relato. Si todo puede haber sido tratado y alterado, si ningún recuerdo es fiable, NADA lo es. Nada de lo que sale en la serie (en ningún momento) puede ser cierto. ¿Por qué nos vamos a fiar de una narración que descarta los hechos más básicos y se queda tan sólo con lo que interesa? Eso en España tiene un nombre. Se le llama hacer un Resines.

Otro ejemplo un poco más claro: Uncharted 4 comienza con la reaparición del hermano perdido de Nathan Drake, Sam. Ya de por si, la aparición de alguien que no se ha mencionado en ningún momento en toda la saga es un poco escamoso, pero vale, se compra, porque participamos (jugamos, sentimos y nos movemos) en unos flashbacks de la infancia de Nathan en los que le vemos con su hermano, viviendo una aventura. Años después, Sam ha salido de la cárcel ayudado por Héctor Alcázar, un narcotraficante peligrosísimo que desea recuperar un tesoro perdido. Y esto lo sabemos porque durante un flashback controlamos a Sam, huyendo la cárcel en un tiroteo bombástico (como todos a los que estamos acostumbrados en Uncharted. Pero es que Héctor Alcázar no es real. O, bueno, más bien Héctor Alcázar unca ayudó a Sam a escapar. Era todo mentira. Todo el Flashback de Sam huyendo de la cárcel no era real. Era una gran mentira de Sam para que su hermano le ayudase a recuperar un tesoro. CHAN CHAN.

¡Ahora sí me ves!

¿Quiere esto decir que los flashbacks de la infancia de Nate y Sam son falsos también? Quizá. No hay nada que nos indique lo contrario. ¿Y lo que estamos viviendo en ese momento? ¿El relato de Nate mintiendo a Helena? Quizá. Hasta que alguien no venga ahora y nos diga qué es mentira y qué es falso. Y aun así no deberíamos fiarnos de esa persona. Quién sabe qué es real.

Ojo, esto no quiere decir que todas las mentiras dentro de la ficción sean malas. En el propio Uncharted 3, Drake descubre Shangri-la, ciudad perdida por excelencia que concedía vida eterna a quien bebía sus aguas. Una vez allí, Nathan se refresca, contempla un eclipse, ve como matan a su mejor amigo, y comienza a luchar contra mercenarios que se transforman en Demonios… Todo esto, por supuesto es consecuencia del agua que bebe al principio de la secuencia, cargada de LSD que le hace alucinar. Por eso la ciudad está abandonada. Por eso ocurre todo en ese capítulo frenético.

Tranquilo, todo esto ha sido un simple sueño.

¿Qué importancia tendrá todo esto? Ambas siguen siendo obras ejemplares y maravillosas, con buenas ideas, reflexiones interesantes y secuencias de acción apabullantes. Pero el problema es que, quizá, nada es real. nada es cierto. Todo es una gran mentira, la teoría de Tommy Westfall. Volvamos al principio; a Camarada y a Lana. A cómo no tienes por qué creer nada de lo que he escrito antes, porque ya se ha demostrado (lo que es peor, he demostrado) que miento más que hablo. Que no me atengo ni a mis propias normas, y que, por mucho que te importe lo que escriba, en cualquier momento, puedo decir “¡ajá! ¡Pero es que WestWorld no existe! ¡Ni Uncharted 4! ¡Ni tú! Ni yo! ¡NADA EXISTE! CHAN CHAN”

¡Nos vemos en la Isla!

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