HASTA EL ÚLTIMO, de Jeröme Félix y Paul Gastine

 


Título Original
:

Jusqu’au Dernier
Sello: Grand Angle 
Guionista: Jeröme Félix 
ArtistaPaul Gastine
Publicación Francia: Octubre 2019
Publicación España: Febrero 2020 (Yermo)
ValoraciónNo es país para vaqueros…

 


Russell y su banda acaban de hacer su última entrega de ganado solo para descubrir que sus servicios como vaqueros ya no tienen futuro en un país que ve como el ferrocarril hará el mismo trabajo mucho más rápido. Resignado a su suerte Russell, decide empezar de cero sólo para descubrir que la era de las oportunidades no significa lo mismo para todos.

HASTA EL ÚLTIMO
de Jeröme Félix y Paul Gastine

Si formáis parte de ese grupo de gente con buen gusto que me sigue en Twitter sabréis que 2019 fue el año en que mi pasión por el western se desató de un manera arrolladora, gracias al descubrimiento de Blueberry y, mucho más intenso en cuanto horas invertidas, esa obra maestra que es Red Dead Redemption 2. El videojuego de Rockstar me sumergió en un mundo donde los viejos vaqueros de antaño estaban perdiendo su lugar en una sociedad que avanzaba mucho más rápido que lo hacían sus caballos. Hombres que sólo sabían vivir de un modo veían como no tenían lugar en un nuevo mundo que no sólo avanzaba en dirección opuesta, sino que renegaba de los que durante muchos años simbolizaron el estilo de vida americano.

Con un punto de partida similar, en Hasta el último asistiremos a la decadencia de Russell, un vaquero hecho a sí mismo y más duro que el acero que, de repente, se encuentra desvalido ante el progreso que parece hará feliz a todo el mundo que sepa adaptarse a los cambios. Pero, donde otros encuentran una oportunidad de prosperar, para Russell y los suyos esto sólo significará el principio del fin.

Por las caras que me llevan me atrevería a decir que era lunes.

Después de su último trabajo, Russell recibe suficiente dinero como para empezar de cero montando una granja que le permita seguir viviendo sin depender ni recibir órdenes de nadie. Su idílica visión de cómo serán sus últimos días incluyen a Kirby, un joven vaquero que lleva mucho tiempo a su lado y que aporta siempre la cordura y la fuerza cuando se requiere y al joven Bennet, el hijo de un antiguo compañero suyo que acaba de quedarse huérfano y que despierta en el viejo vaquero unos sentimientos que no creía tener. Parece que el antaño malhumorado, cínico y salvaje Russell se ha ablandado con los años, pero una serie de desgracias encadenadas lo llevará a un punto de no retorno acabando para siempre con su sueño de un apacible retiro.

Los problemas para Russell y los suyos empezarán en Sundance, un pequeño pueblo que se encuentra en plenas negociaciones para obtener su propia parada de ferrocarril, lo que supondría un salto en la calidad de vida de todos sus habitantes. Para ser obsequiados con semejante oportunidad el gobernador sólo exige una ingente cantidad de dinero y la promesa de que no habrá problemas ni escándalos que pudieran ahuyentar a los inversores. Así, las corruptelas políticas se unirán a la codicia humana dando fruto un nido de víboras que no se detendrán ante nada para conseguir su objetivo. Y es mejor no relatar nada más de la historia pues, una vez arranca la acción, la cantidad de giros dramáticos alcanza cuotas inesperadas, dejando un nudo en el estomago del lector que no será fácil de digerir.

Si tu madre se llama Martha, no llega al final de la historia.

El tono duro y puramente dramático de la obra fue sólo uno de los factores que hizo que me atrapara en su lectura, hasta el punto que sabía a medida que avanzaba que estaba ante mi próxima reseña y ante uno de los mejores cómics que he leído (y leeré) en este 2020. La caracterización de los personajes es otro acierto descomunal pues con apenas cuatro trazos conocemos perfectamente a los protagonistas, queriendo saber más de ellos y sus aventuras pasadas, así como del entorno donde transcurre la historia. Los forajidos con los que se cruzan Russell y compañía dan buena muestra de ello con apenas dos frases, así como todos los implicados en la política de Sundance, cuyas polémicas decisiones tienen como trasfondo una oportunidad histórica por el momento.

La ambientación de la obra es sencillamente magistral, combinando grandes paneles de paisajes tan típicos del género, con la recreación de la vida en los pueblos y las granjas de entonces. No faltará la visita al Saloon, los tiroteos, el polvo que se te pega al paladar, las peleas cuerpo a cuerpo y las noches acampados al raso bajo un manto de estrellas.

Mira al pajarito y sonríe hijoputa.

El guión de Jeröme Félix es todo un ejercicio de precisión pues si bien la acción transcurre en un par de días tienes la sensación de llevar mucho tiempo con esos personajes, a los que vas conociendo por sus diálogos y sus acciones. Con un inicio pausado en el que va presentando poco a poco a los implicados y el entorno en el que se mueven, llega un momento clave en la acción que supone un giro total en lo que habíamos visto hasta entonces y es aquí cuando todo se precipita. No de una manera apresurada y caótica sino como un cartucho de dinamita cuya mecha no era tan larga como podía parecer y que acaba explotando de golpe sorprendiendo a todos los estuvieran cerca. Una vez superado el shock de la explosión, Félix va recogiendo los pedazos que han quedado sólo para pisotearlos uno a uno llevando la tensión al máximo en un clímax plagado de momentos duros. En su descargo hay que decir que el excelente epílogo aporta un poco de luz y esperanza, demostrando que de todo lo malo puede salir algo bueno.

En la parte gráfica tenemos a un espectacular Paul Gastine que también se encarga del color y que hace un trabajo magistral a todas luces. Repleto de detalles, su lápiz se muestra firme en todos los registros, desde la caracterización de los personajes hasta en el realismo de la puesta en escena, donde no faltarán la ambientación de los paisajes, ropas, armas y enseres de los personajes. Un dibujo exhaustivo en cuanto a detalles, donde no sobra ni falta nada y que consigue transmitir en todo momento la tensión del relato. Todo esto sumado a un espectacular paleta de colores, con la que se luce en las escenas nocturnas, en las que aparece la lluvia y en los contrastes de las puestas de sol, consolidando aún más si cabe un apartado visual de primer nivel.

Próxima parada, comicazo de los buenos.

Siempre he sido fan de las historias que no acaban lo bien que uno podría esperar, de las que arriesgan para mostrar otro camino que no es el convencional. En Hasta el último todo esto se lleva al extremo ofreciendo un relato duro de digerir, como un trago del peor whisky que podían servirte en cualquier Saloon de mala muerte. No por ello deja de ser un cómic plagado de virtudes que me ha hecho disfrutar de un género al que hace apenas unos meses no le hubiera prestado la menor atención. Y es que incluso los tragos más duros pueden hacernos bien, aunque sea para valorar aquellos que un día nos deleitaron con su sabor en nuestros labios. Pero eso, amigos, es otra historia…

¡Nos vemos en la Zona!

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CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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