HARLEY QUINN: CRISTALES ROTOS, de Mariko Tamaki y Steve Pugh

 

 

Título original:
Harley Quinn: Breaking Glass OGN
Sello: DC Ink
Guionista: Mariko Tamaki

Artista: Steve Pugh
Publicación USA: Agosto 2019

Publicación España: Junio 2020 (Hidra)
Valoración: I wanna be a rebel! I wanna smash shit up!

 

 

Quizá esté rompiendo una de las máximas a la hora de escribir sobre cualquier tema: tener una ligera idea de aquello sobre lo que te propones hablar.

Los que me conocéis sabéis que no siento especial predilección por el género de mallas y capas. No me malinterpretéis: no es que estén desterrados de mis lecturas, porque soy orgullosamente omnívora y hay tebeos del género que he disfrutado muy mucho. Pero me pierdo en genealogías, autores y sagas puesto que no han han sido continuadas desde mi infancia ni representan un importante porcentaje en mi bagaje de lecturas tebeíles. Vamos, que no soy la persona indicada para recomendaros o realizar un análisis pormenorizado de tal o cual época de Superman, la Patrulla X, Hulk, Estela Plateada, Los 4 Fantásticos, el Capitán Marvel o Flash.

Pero mira, por una vez y sin que sirva de precedente lo voy a hacer. Me voy a tirar a la piscina para hablar sobre un título protagonizado por un personaje del que jamás he leído nada. Un título que lleva meses en mi lista de compras imprescindibles. Un título sobre un personaje que conozco más bien de oídas y por el mundo audiovisual. ¿Cuál?

HARLEY QUINN: CRISTALES ROTOS
de Mariko Tamaki y Steve Pugh

A finales de 2019 saltó la noticia de que la editorial Hidra se había hecho con la licencia para publicar en nuestro país la línea de cómics juveniles de DC Comics. Se trata del nicho que en el ámbito anglosajón clasifican bajo la denominación “Young Adults”. Una línea de nuevas creaciones en lo que viene a ser un intento de DC por aproximarse a los gustos de la chavalería de hoy en día mediante una revisión de los ya clásicos personajes de la casa en manos, entre otros, de autoras de renombre en la literatura juvenil como Kami Garcia (saga Hermosas criaturas), Mari Lu (saga Legend), Leigh Baradugo (Seis de cuervos) o Maggie Stiefvater (sagas Temblor o The Raven Boys), con gente como Julie Maroh, Jöelle Jones, Gabriel Picolo o Chris Wildgoose en el apartado gráfico. Entre los títulos ya publicados y los que están por venir suman 18 y en sus viñetas encontramos a personajes que resultan familiares para el lector habitual de la antagónica de la “Casa de las Ideas”, como Dick Grayson, Wonder Woman, Barbara Gordon o Alec Holland.

Lo que sí lleva ya un tiempo comercializándose en nuestro país (desde 2017, concretamente) es la colección DC Icons, otro producto con el mismo propósito y misma premisa que esa línea DC Graphic Novels for Kids Novels for YA: novelas juveniles protagonizadas por los personajes emblemáticos de DC en clara sintonía con los chavales de hoy en día y escritas por autoras superventas de la LIJ. Hasta el momento son cuatro los publicados por Montena, un sello editorial de literatura juvenil del gigante editorial Penguin Random House Mondadori. Es precisamente Harley Quinn. Cristales rotos, de Mariko Tamaki y Steve Pugh el título con el que Hidra estrena la línea en nuestro país.

Quien más quien menos, ha oído hablar de ese personaje que, curiosamente surge por primera vez en la serie de animación Batman: The Animated Series (producida por Warner Bros), que muchos recordaréis, y que posteriormente daría el salto al noveno arte. Harley Quinn, el personaje creado por Paul Dini y Bruce Timm aparece por primera vez en la pequeña pantalla en septiembre de 1992 y en las viñetas un año más tarde, en septiembre de 1993, en el número 12 de The Batman Adventures. La mitología superheróica nos la presenta como psiquiatra interna en el Arkham Asylum de Gotham, “alojamiento” en algún momento del Joker. Ella ha sido su secuaz y argumento romántico, parte del triunvirato de villanas del universo de Batman e integrante del Escuadrón Suicida. Y mucho más.

Y una vez hechas las presentaciones, es momento de conocer a la Harleen Quinzel que se han sacado de la manga la guionista Mariko Tamaki y el dibujante Steve Pugh. Los nombres de sus responsables indican que DC apuesta fuerte por la colección.

La canadiense es coartífice de tebeazos como Aquel verano, junto a Jillian Tamaki o Laura Dean me ha vuelto a dejar, con Rosemary Valero-O’Connell, ha estado nominada y galardonada a infinidad de reconocimientos y premios, y en nómina de Marvel y DC. Compromiso social y personal, atención a la identidad de género y mirada hacia la adolescencia son argumentos recurrentes en sus guiones que también tienen cabida en este cómic de diversos mimbres bien articulados al que se suman otros, como la gentrificación, que se autopresenta con la estructura, personajes, secuencias y sempiterna lucha entre el bien y el mal propias de los cuentos de hadas. Dejemos de lado esas absurdas ideas preconcebidas de que las creaciones para niños y chavales están vacías de contenido y se bastan y se sobran con la acción.

La otra pata del equipo creativo es Steve Pugh, un británico con un largo recorrido en editoriales como DC, Marvel, Dark Horse o la revista 2000 AD a quien descubrí gracias a su trabajo junto a Mark Russell en Los Picapiedra. La ciudad de Gotham es reconocible en sus lápices. Se respira esa sensación que su solo nombre ya evoca. El dibujo realista de personajes con gran carga expresiva y ambientes envolventes construye la narración con la ayuda de encuadres, composiciones de página y el tratamiento del color. El trazo de Pugh cobra vida gracias a los brochazos de color y al uso de un tono u otro que insuflan volumen y transmiten vibraciones. En una paleta de grises-azulados dominante, cobran intencionalidad los rojos, asociados a momentos o personajes; los sepias, puerta al pasado; los rosas o amarillos, portadores de emociones positivas y desenfreno; o los naranjas, símbolo de tránsito.

La rotulación de los elementos textuales es otro de los aspectos que me ha llamado la atención por el cuidado y atención a la hora de integrarlos en la página, dándoles potencia y personalidad propia.

Harley e Ivy, una mezcla explosiva y genial.

Harleen Quinzel se apea de un autobús en Gotham con quince años, una mochila con sus escasas pertenencias y cinco dólares en el bolsillo. Con una personalidad desbordante, al margen de los convencionalismos, un toque de locura bastante elevado, una sempiterna sonrisa en su rostro, una actitud ciertamente naif, conciencia del bien y del mal y voluntariosa como la que más, comienza su nueva vida en torno a dos localizaciones: la casa de Mamá, excelsa drag queen alrededor de la que se representa el movimiento queer; y el instituto, escenario donde se reproducen a pequeña escala las injusticias diarias de las calles de la ciudad. Delicada. Tanto física como emocionalmente. Esa es la primera impresión que transmite. No sé por qué, pero el primer retrato que vemos de ella me recuerda poderosamente a la Esther de Purita Campos y a otras chicas del tebeo de décadas en que las féminas eran eso: delicados entes. Con una inocente y asombrada expresión, de ojos vivos, boca entreabierta en una sonrisa gradual, pizpireta, más bien simplona y de rasgos canónicos de belleza occidental. Poco que ver con la fuerza de determinación, locuacidad (a su manera), riquísimo universo interior y capacidad de acción y reacción que mostrará en el devenir de la trama y en la interacción con el resto de personajes. No en vano es el motor que mueve todo y a todos a su alrededor. Un personaje con una sustanciosa caracterización, vaya.

Galería de personajes colorida y diversa, en toda la magnitud de la palabra, por cierto. Viejos conocidos (para los habituales del universo Batman) pero también nuevos personajes que sostienen la trama en sus nueve capítulos que acaban conduciendo a un cierre redondo del cómic.

Como no podía ser de otra forma, el Joker, se deja caer por sus viñetas ejerciendo de catalizador, presentándose como un personaje que invita a luchar contra las injusticias a partir del caos.

En sus páginas también aparece una tal Ivy, que quizá levante alguna que otra ampolla, de la misma edad que Harleen, volcada en el huerto urbano comunitario y gran amante y defensora de las plantas, los casos imposibles, la sostenibilidad, la justicia, los derechos sociales y el feminismo. Una chica negra visibilizando diversas cuestiones a las que hacer frente (la clase, la raza o la perspectiva de género) que aporta, sin ninguna duda, una interesantísima reflexión sobre la interseccionalidad.

Resumiendo, Harley Quinn: Cristales Rotos reúne argumentos consabidos en una nueva concepción elaborada a base de toda la fuerza de la adolescencia, debates morales y existenciales, estructurados diálogos, tramas salpicadas de acción y dinamismo, el misterio y atractivo que aporta ese narrador omnisciente (la propia Harley) que dosifica y conduce el relato y personajes con dimensiones y aristas, próximos y, en buena parte, de la misma edad que el lector implícito: el público juvenil.

Precio, formato (rústica con solapas y barniz selectivo que resalta partes de la cubierta), dimensiones y, por supuesto, temas, arte y narrativa son argumentos de peso para darle una oportunidad a este cómic, aunque no seáis el público objetivo.

Es un fresh start de entretenimiento, acción y contenido que seguramente tendrá que vérselas con las críticas de lectores de toda la vida de DC, que no comprendan que los personajes y los escenarios son entes vivos y libres, jamás prisioneros de una concepción individualista y cerrada.

¡Nos vemos en la Zona!

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