GUÍA PARA NO ESTAR A LA ÚLTIMA: 5 razones para hacerle el fuck you a la actualidad

Si ya te estás agobiando por la cantidad de tráilers de series y películas que van a salir próximamente, tratas de buscar un finde libre para ponerte al día con la serie que te mola y te acabas de pillar el Spider-Man aunque no sabes cuando vas a empezar a jugar: tranquilo, respira y sigue leyendo.

Aún no he visto la segunda película de la saga de Rei de Star Wars. De hecho, he tenido que buscar el nombre de la película en Google. No porque no me guste, es más, tengo ganas de verla. Simplemente cada día que pasa estoy más alejado de la actualidad. Escapar de la tiranía de la actualidad y quitar la prioridad a lo nuevo de mi pila ha sido una decisión semiconsciente, pero una de la que no me arrepiento. Te cuento por qué:

Lo nuevo es lo mejor (y otras mentiras que nos coló el marketing)

¡¡Sólo le han puesto un sombrero nuevo!!

No amigo/a, por mucho que sea la nueva película de la saga no quiere decir que la necesites ya. Gracias a nuestra estupendísima industria del marketing nos han taladrado en la cabeza nuestras necesidades. Cual perro pavloviano, es agitar la palabra nuevo delante de nuestras caras y comenzar a salivar.  Amigos, un producto de entretenimiento no es un teléfono de última generación. Puede resultar obvio pero a veces viene bien ponerlo por escrito: lo nuevo no es lo mejor ni lo que necesitas ahora mismo. Basta con tirar un poco la mirada atrás y ver los inacabables catálogos de productos de entretenimiento de las diversas artes para comprobar que calidad hay a raudales y por supuesto no envidia nada al presente inmediato.

Con los tiempos en los que se mueve el consumismo actual, un producto del año pasado entra casi en la clasificación de viejo por lo que una película de los ’90 es ya un clásico. Tampoco es que el producto de entretenimiento sea un aguacate maduro que sabes que se va a poner pocho en la nevera en un par de días y necesita que te lo zampes ya. Pueden esperar su turno y mientras tanto tu puedes disfrutar de lo que te pida el cuerpo, como un buen maratón de cine de Kurosawa.

Que se lo traguen otros

¡Que lo haga otro!

Parte de lo bueno de ser uno de esos que llegan los primeros a ver una serie en Netflix (cosa que por cierto se ha convertido en una auténtica competición de alto riesgo) es el placer de descubrir si esa serie es un vómito de babuino o manjar celestial antes que el resto de los mortales. Esa sensación de autosatisfacción que te queda después de descubrir ese nuevo tema que se convertirá en un hit o esa serie que va a acabar viendo hasta tu tía la que sólo se ha enganchado a Betty la Fea es indescriptible.

Esta genial. Sí. Claro, excepto las treinta y cinco mil veces que te has pegado 10 horas de maratón para ver esa serie que ha resultado ser un mojón del tamaño (aproximado) de una ballena azul. Diez horas de tu vida desperdiciadas. ¡Sí hombre! ¿Es que esto no puede hacerlo otro? ¡Claro que sí! De hecho eso lo solemos hacer aquí, sin ir más lejos. Así que sin problemas, puedes verlo cuando tus fuentes de confianza te confirmen que es seguro. ¡La vida es corta como para estar tragándose ñordos!

Las cosas se disfrutan mejor con más calma

¿Dan alguna medalla al que antes llega o a la persona que está más al día y yo no me había enterado? No me digáis que después de haber visto 3 capítulos seguidos de la misma serie o leído 100 páginas de tu novela no os duele un poquito la cabeza y ya la cosa comienza a decaer. Lo único que te empuja es el ansia por conocer el final, por acabar, por rajar en Twitter de lo que te ha parecido; de hacer la reseña en tu blog. El fin es la única fuente de placer, no el proceso.

No mintáis, es mejor verse una serie un capítulo cada día, leerse un par de capítulos de tu novela tranquilamente y conseguir ese preciado tiempo de reflexión. De hacer crecer a los personajes en tu subconsciente, de deleitarse con la autocontención y saber que maña te espera un poquito más de tu droga. No nos olvidemos de que esta mierda es adictiva y tú un poco más que un yonki desesperado por un piquito más. Si este burdo simil con la drogaadicción no te convence, también puedes agarrarte a los datos: la ciencia dice que es más probable que recuerdes mejor lo que has consumido si lo haces espaciado en el tiempo que si te has pegado un atracón. Todos salimos ganando.

Es más barato

Así de sencillo. Mientras que el resto del rebaño sigue consumiendo entretenimiento el día de su puesta en el mercado tu puedes regodearte gastándote menos monedas y disfrutando lo mismo o más. Donde más se nota esto quizás es en los videojuegos en los que el precio cae (a veces drásticamente) desde su puesta a la venta. Con un poco de paciencia puedes pagar casi cualquier juego por unos veinte euros o incluso pillar chollazos en Steam, ofertas de las diferentes stores o en bundles. Las series y películas las puedes encontrar con el tiempo en Netflix o en formato físico de segunda mano. Igual para los libros que incluso podrás sacar de la biblioteca (quizás algo manoseado, sí) o de una tienda de segunda mano.

A veces es mejor llegar el último

El juego tenía bugs nada más salir. La película mejora muchísimo con el montaje del director. Puedes consultar la wiki de esa pedazo de octología que te estás leyendo y no perderte nada. E incluso te puede explicar bien el final de esa serie que no acabas de pillar el propio director en una entrevista dada un par de meses después. Una vez que el camino ya ha sido andado es fácil seguirlo. ¿Te gustan las ediciones de ultralujo super chulas pero no quieres comprar el mismo material dos veces? Simplemente siéntate y espera. Agazápate como un jaguar y espera a que la presa pase delante de ti. El mejor cazador es el cazador paciente.

Ahora que tu perspectiva es mucho más relajada puedes empezar tu pila desde el final y leerte ese cómic que llevas guardando desde el año pasado y que no veías momento de leer. Te encuentras en un estado zen en el que eres tú el que eliges lo que consumes. El tiempo no te afecta. Te reflejas en los créditos de una película de los ’80 que lleva años en tu lista, te miras en tu yo difuminado en la pantalla negra y blanca. Sonríes. Eres feliz.

Hasta que la novedad te vuelva a seducir y vuelvas a ponerte sus cadenas con gusto, claro.

¡Nos vemos en la Isla!

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