Guest Zhéroes #3: “SUPREME, (casi) un retorno a la maravilla”, por Lemmytico

En Zona Zhero, quien prueba, repite (?). Es por esto que hoy os traemos una nueva entrega de la sección de redactores invitados, nuestros Guest Zhéroes, con el regreso de José Antonio Cerrillo, aka. Lemmytico, que ya debutara con su análisis del Superman de Alan Moore hace un par de meses. Ahora vuelve con un nuevo acercamiento al ilustre barbudo, ya en su etapa de “decadencia”, pero con unas cuantas balas en la recámara, como es el caso de…

SUPREME
(Casi) Un retorno a la maravilla
por José Antonio Cerrillo

A mediados de los 90, Alan Moore había encontrado en la entonces recién nacida Image una cómoda tercera vía: le había permitido regresar al mainstream, con la estabilidad económica (tras el fracaso de su proyecto de autogestión editorial Mad Love y la insuficiente repercusión de sus incursiones en otros medios como la música, la literatura o las artes escénicas) y el favor del público masivo (algo que le preocupaba más de lo que estaba dispuesto a admitir) que ello trae consigo; y lo hacía sin la necesidad de meter el rabo entre las piernas y retornar cabizbajo a las grandes editoriales que le habían lanzado a la fama (Marvel, DC y la británica Fleetway), con las que había roto ruidosamente en el pasado y para las que había jurado no volver a trabajar.

La joven Image de los dibujantes hot le había recibido con los brazos abiertos, pues Moore daba la pátina de respetabilidad de la que carecían sus cómics llenos de acción y dibujos espectaculares, pero más bien escaso contenido. El Bardo por su parte acometió sus primeros trabajos en Image (en el Spawn de Todd McFarlane y el universo Wildstorm de Jim Lee) sin demasiado entusiasmo, entregando algunos de los guiones más insustanciales de su carrera.

Alan, tú también escribiste historias suyas, Y LO SABES.

Sin embargo, un narrador del calibre de Alan Moore no podía permanecer varado en la intrascendencia mucho tiempo. Pronto comprendió que el potencial de aquellos personajes era mayor del que había supuesto en un primer momento. Es cierto: no dejaban de ser versiones ultraviolentas, pretendidamente cool y antiheroicas de los superhéroes de Marvel y DC, tal y como se estilaba en el grim n’ gritty de los cómics, series de TV y películas de acción de los 90. Pero precisamente ésa era su ventaja: eran arquetipos heroicos bien reconocibles, aunque sin en el peso de la continuidad y la vigilancia editorial que tenían los personajes originales en los que se basaban. Podían volcarse sobre ellos todas las ideas locas y atrevidas que a Moore se le pasasen por la mente, sin miedo a la intromisión editorial. Y al mismo tiempo no precisaban de largas presentaciones o de complejos desarrollos de los personajes y su entorno, al basarse en modelos reconocibles por los lectores.

Partiendo de esta premisa, Moore se propuso completar un proyecto que sólo había apuntado en su estancia en DC: recuperar el sentido de la maravilla en los cómics de superhéroes que su generación, y quizá él mismo más que nadie, había dinamitado con sus planteamientos adultos y realistas. Y qué mejor manera de hacerlo que utilizando a los mismos personajes que eran hijos bastardos de lo que originalmente había sido un sincero esfuerzo creativo. En efecto, los antihéroes de Image tomaban sólo superficialmente los hallazgos narrativos de los padres de la Edad Oscura (la violencia o sexualidad explícitas, por ejemplo), con el único fin de resultar comercialmente impactantes entre los descreídos jóvenes de la generación X. ¿Qué mejor forma de redención para Moore que darles un giro de 180 grados y usarlos como abanderados de un retorno a las raíces? Si los padres de Image solo habían usado los aspectos más superficiales de la Edad Oscura, Moore usaría la carcasa de sus creaciones (su aspecto y dinamismo gráficos, por ejemplo) para contar historias que recuperasen el tono clásico de los tebeos de superhéroes.

Los 90: una década con héroes para todos los gustos.

El objetivo final era, según palabras del propio Moore:

[…] crear algo que tenga la energía, la indiscutible energía, del moderno superhéroe de Image, ya que el ‘estilo Image’ tiene una energía hipercinética a la que parecen responder los chavales* […]. Quiero intentar llenar a este nuevo superhéroe de los 90 con la fuerza imaginativa de los superhéroes de los cincuenta años anteriores. Proporcionarle ese mismo tipo de humor y elegancia y ver si así podemos conseguir algo que sea viable para el siglo que viene [el XXI].

En suma, condensar toda la historia de los tebeos de superhéroes para relanzar el género a las puertas del nuevo milenio: la imaginación, diversión y sentido de la aventura de la Golden y la Silver Age; el realismo, la complejidad narrativa y la madurez de la Bronze Age y la Edad Oscura; y el sentido del espectáculo gráfico de los dibujantes de Image.

(*) ¿Recordáis lo que decía? A Moore le preocupaba perder el favor del público más de lo que le gustaba admitir.

1963 #1 (Abr. 1993)

El primer título de este nuevo proyecto creativo de Moore fue la inacabada 1963, de cuya accidentada historia tendremos que hablar otro día. Poco después el ínclito Rob Liefeld (el más noventero de los autores noventeros, el símbolo por excelencia de aquella década) le ofrecería los guiones de Supreme, uno de sus personajes estrella. Y Moore aceptó, con la condición de tener plena libertad creativa, algo que ROB! concedió sin problemas. La serie se convertiría así en el principal banco de pruebas del plan “superhéroes para el siglo XXI” de Moore. De hecho, no podía haber una colección más apropiada para ello, pues Supreme era una versión chulesca, brutal y, en suma, Image-noventera de Superman. Si había que reinventar los superhéroes para el siglo XXI, lo adecuado era empezar por el más arquetípico, popular y longevo.

Supreme pre-Moore. Circulen.

Moore tomó las riendas del Supremo en el número #41 de su serie y, como había hecho en el pasado en Miracleman y La Cosa del Pantano, le bastó un solo tebeo para reinventar por completo toda la mitología del personaje y situarlo en el punto que precisaba para contar la historia que tenía en mente (¡chupaos ésa, decompressive storytellers!). En este caso, el Supremo que habíamos conocido hasta entonces, y que venía de realizar un largo viaje espacial en los números anteriores, pasaba a ser la versión más reciente de un modelo heroico que iba cambiando según las décadas hacían evolucionar los gustos y costumbres de los escritores y lectores de cómics, y que por tanto había conocido infinidad de encarnaciones previas. Cuando estas versiones dejaban de contar con el favor del público pasaban al limbo en el que habían construido su propia ciudad, la Supremacía. En su visita a la Supremacía, el nuevo Supremo es informado por sus versiones anteriores/alternativas de que su existencia se debe a una reescritura de la historia: él es el Supremo de los 90, y como tal irá recordando poco a poco su pasado y cómo llegó hasta allí hasta que, a su vez, sea sustituido por otro Supremo y el ciclo comience de nuevo.

A los familiarizados con la obra del Bardo de Northampton no les sorprenderá un argumento tan postmoderno, pues incide en una de las constantes de su obra: la consideración de las ideas como seres vivos que habitan en su propio plano de existencia, más importante, duradero y poderoso que el mundo material de los seres humanos. En este caso, la reescritura constante de la existencia estaría causada por el “supremio”, el extraño mineral que Moore sitúa como origen de los poderes de Supremo, y que tiene la facultad de alterar la realidad de formas diferentes en sus distintos estados (blanco, violeta, etc.).

Supremo visita la Supremacía en su primer contacto con Moore.

A partir de aquí, Moore escribirá otros 11 números (hasta el doble número #52). Después, Liefeld le contrataría para escribir otros 12 episodios, lo que Moore aceptó por la diversión que, según él mismo, le había proporcionado su primer año en la colección. Su segunda temporada se extendió hasta el número #56, para después ser relanzada en la miniserie de seis capítulos Supreme: The Return, donde Moore cerraría las tramas de este segundo año. Estaba previsto que Moore continuase una tercera temporada pero… no pudo ser. ¿Por qué este extraño vaivén editorial, os preguntaréis? Culpad de ello a las habilidades de ROB! como hombre de negocios, muy próximas a su capacidad como dibujante visto lo visto. Volveremos sobre ello un poco más adelante.

Rick Veitch dibujando estilo Golden Age…

En su primera temporada, Moore se dedicará a establecer la nueva continuidad de Supremo. Su carrera habría arrancado en los años cuarenta, cuando un extraño meteorito le proporcionó poderes extraordinarios siendo todavía un niño (en la versión original de ROB! Supremo también había nacido en los cuarenta, pero como un experimento del ejército de los EE.UU. previo a la II Guerra Mundial… Sí, como el Capitán América). En la década de los 60 abandonó el planeta y treinta años más tarde regresaría a la Tierra, es decir, el momento presente cuando estos cómics fueron publicados. Ahora que había vuelto a nuestro mundo, afectado por pérdidas de memoria como resultado de sus viajes (o, según lo que había aprendido en la Supremacía, porque la realidad se estaba reajustando), Supremo irá recordando su vida y carrera pasadas, así como las razones de su exilio espacial y de su desaparición durante casi treinta años.

…estilo cómics de terror de EC en los 40…

El relato de Moore se establece así en dos planos narrativos diferentes: el presente y los constantes flashback que nos irán revelando toda la historia del personaje. Estas catas del pasado están escritas y dibujadas al modo de los cómics clásicos, como si de veras se hubiesen estado publicando tebeos de Supreme durante cinco décadas. Un recurso narrativo que trata de dar verosimilitud al universo ficcional, ampliándolo y expandiéndolo, y que recuerda poderosamente a los textos de publicaciones ficticias que el Barbas introducía antes de cada capítulo de Promethea o al final de cada número de Watchmen, así como a los anuncios de la época victoriana de La Liga de los Hombres Extraordinarios. Rick Veitch, viejo conocido y compañero de fatigas de Moore, será el encargado de ilustrar estos “tebeos viejos” de Supremo, y como de costumbre hace un trabajo colosal. Es capaz de hacernos creer que, en efecto, Supremo se publicaba desde la Golden Age, adaptando su estilo al que predominaba en la década de la que se supone está extraído cada flashback: más rudimentario en los 40, la sci-fi loca de los 50, el colorido de los primeros 60, viñetas lisérgicas para finales de los 60… Mientras tanto, la historia principal contará con el típico dibujo al estilo Image, con J. Morrigan y Mark Pajarillo imitando descaradamente el estilo de ROB!, el padre de la criatura.

…estilo Silver Age…

Así, iremos conociendo que Supremo se llama en realidad Ethan Crane, y es natural de un pequeño pueblo del centro de Norteamérica llamado Villa Edén. Tras adquirir sus poderes comenzó su carrera de luchador contra el crimen como Kid Supremo. De Villa Edén también proceden su amor platónico Judy Jordan, su archienemigo el genio científico Darius Dax, su hermana Sally, alias Suprema, y su perro Radar el Sabueso Supremo, a quienes el supremio también concederá superpoderes muy similares a los de nuestro protagonista. Siendo aún adolescente conocerá a la Liga del Infinito, un colectivo de justicieros que viajan por el tiempo, en cuyas filas militará y con los que vivirá numerosas aventuras.

…o imitando al mejor Neal Adams de los 70. ¡Lo que le echen!


Tras alcanzar la edad adulta, Supremo se traslada a la vibrante metrópolis, Omega City, donde se gana la vida como dibujante de los tebeos de Omniman para Dazzle Comics. Construirá también su fabulosa Ciudadela Suprema, que es mantenida por sus robots sirvientes, los Suprematones. Durante la II Guerra Mundial se unió a otros aventureros conocidos como los Superhombres Aliados de América, entre quienes contamos a otra creación de ROB!, la medio amazona Glory, así como al Profesor Noche y su joven ayudante Crepúsculo o a Mighty Man y El Patriota, estos dos últimos procedentes del Savage Dragon de Erik Larssen, otro de los fundadores de Image. El grupo se separará en 1949, pero varios de sus componentes (incluidos los ya citados) se reunirán en los 60 en un nuevo equipo conocido simplemente como los Aliados, y que también incluirá a héroes más jóvenes como El Pescador y SpaceHunter.

Finalmente, conoceremos a otros miembros del panteón de enemigos de Supremo, como Emerpus el Supremo Inverso, Gorrl la galaxia viviente, Optilux el hombre de luz, Magno, dos diferentes Hombres de Supremio, la Sombra Suprema, el duende dimensional Szazs, Korgo el Devastador de Galaxias o el Televillano, capaz de habitar en las ondas televisivas.

No hace falta ser el lector más perspicaz del mundo para darse cuenta de que todos estos personajes y situaciones no son otra cosa que la traslación casi literal de los conceptos clásicos de DC, y en especial, claro, de la mitología del Hombre de Acero. Esto convierte a Supreme en una orgía intertextual, con constantes guiños al lector aficionado que le invitan a identificar las referencias originales y contrastarlas con la reelaboración acometida por Moore. De ahí que por momentos Supreme resulte más un tratado sobre la historia del cómic de superhéroes que un tebeo que trate de contar algo nuevo por sí mismo. Lo que, desde luego, no juega a favor de la intención primigenia de Moore de “recuperar el sentido de la maravilla”.

Todavía me pregunto de dónde saca Moore las ideas. Qué fértil mente la suya…

Es más, se recordará que Ethan Crane, la identidad secreta de Supremo, es dibujante de cómics. Pues bien, esto da pie a que Moore introduzca, como en un juego de matrioskas, un tercer nivel de metatextualidad: personajes de un cómic de superhéroes creando cómics de superhéroes, hablando de cómo crean cómics de superhéroes que son un trasunto de la vida real de Supremo, que a su vez es un pastiche de Superman. ¡Toma círculo hermenéutico! Moore incluso se permite introducir un personaje, Billy Friday, que es una parodia de sí mismo (o más generalmente, de todos los guionistas británicos “deconstructores” que trajeron la Edad Oscura al cómic superheroico) y que acabará teniendo un papel destacado en la trama. Claro está, no podía faltar un enfrentamiento de Supremo con el personaje de cómic que dibuja, Omniman. Tampoco resistirá Moore la tentación de crear un villano que (¿nos?) representa a los fans de los cómics más histéricos y criticones, Ciberzerk. Y en fin, un continuo juego de espejos narrativos que dura -literalmente- desde el primer número al último, un sentido homenaje de Moore a Jack Kirby, convertido por el Barbudo en una entidad cósmica de creatividad incontenible.

El Rey convertido en deidad cósmica.

Y este es, bajo mi punto de vista, el gran problema de Supreme. Está muy bien si uno quiere acercarse a él como ejercicio experimental, intertextual y postmoderno sobre el cómic de superhéroes, aunque desde luego queda muy lejos de las obras cumbre de Moore en este terreno. Pero como intento de trascender la Edad Oscura y lanzar el cómic de superhéroes al siglo XXI resulta más bien fallido, asfixiado por el peso de tanta ironía y referencias metatextuales. Y no olvidemos que, según sus palabras, ésta era la intención primera del Barbas en Supreme.

Para mí, Supreme mejora mucho cuando se deja de tanta zarandaja meta y se concentra en su argumento central; cuando Moore busca simplemente contarnos una historia, se deja llevar y nos da eso que prometía: imaginación desatada y sentido de la maravilla. Retorcidos planes de supervillanos, galaxias sintientes, realidades alternativas donde el Sur ganó la Guerra Civil norteamericana con bombas atómicas, robots con sentimientos humanos, comerciantes de almas, incontrolables cachorros de súpermascota, zoológicos de criaturas míticas, fanáticos religiosos que quieren convertirlo todo en luz pura, el asesinato de personajes de televisión pero no de los actores que los encarnan…

Gorrl la Galaxia Viviente, uno de los mejores enemigos creados por Moore para Supremo.

Además son esos momentos en los que Moore tira de su zurrón de mago y vuelve a deslumbrarnos con su arsenal de recursos narrativos. Y eso que muchos de sus trucos los habíamos visto antes y volveremos a verlos después: las paradojas temporales; la narración-río: fragmentos lanzados en distintos números que van confluyendo en un gran crescendo final, como piezas de un puzzle; las gotitas de humor grueso, tan británicas; las elipsis, la simultaneidad de puntos de vista, la simetría entre el héroe y el villano… Pero, admitámoslo, son trucos muy buenos, y Moore sabe usarlos mejor que nadie.

Moore convencido de atraer a los chavales de los 90. Después de a ellos ese dibujo no atrajo a nadie más (hasta los New 52).

Supreme tiene otro gran fallo que cabe achacar a una sorprendente falta de perspectiva del viejo Alan: ese dibujo noventero que ha envejecido tan horriblemente mal. Como se dijo más arriba, durante los 90, Moore se mostró muy sorprendido de la popularidad del estilo gráfico de los Image Boys. Estaba convencido de que lograría enganchar al público combinando su habilidad narrativa y el dibujo de cuerpos hipertrofiados y dientes apretados tan en boga por aquel entonces. Lo que Moore no supo calcular bien es lo rápidamente que iba a quedar desfasado. Al igual que la música de sintetizadores y baterías electrónicas de los 80, el reinado de los Image Boys ni siquiera llegaría a una década: no habían finalizado los 90 y ya empezaba a causar vergüenza ajena y a ser motivo de mofa y befa. Como digo, sorprende que Moore, un tipo habitualmente tan inteligente, tan buen conocedor del medio y con tanto olfato para elegir dibujantes, no se percatase de lo coyuntural que era la popularidad de los Liefeld, McFarlane y compañía.

Chris Sprouse, preludiando Tom Strong.

De hecho, en su segunda temporada el dibujo de Supreme se aleja progresivamente del estilo Image gracias a los lápices de Chris Sprouse primero y de Matt Smith después. Incluso el gran Jim Starlin ejerce de artista invitado, concretamente en el segundo número de la miniserie Supreme: The Return. ¿Se dio cuenta Moore del error que había cometido apostando tan descaradamente por los Image Boys? Podría ser. Pero dado que los dos últimos cuadernos escritos por el Bardo están ilustrados por dos noventeros tan prototípicos como Ian Churchill y el propio ROB!, nos tendremos que conformar con darle el beneficio de la duda.


Tampoco nos dejemos arrastrar por el pesimismo: pese a los defectos mencionados, Supreme es un cómic muy notable, más que recomendable y que defraudará a pocos. Es una lectura agradable por la que, salvando el problema del dibujo “hipercinético” (sic), el tiempo ha pasado razonablemente bien. No está entre las obras más destacadas del Bardo, pero ya sabemos que la escala Moore es incomparable a la de cualquier otro escritor del medio. Supreme es, por supuesto, mejor que la obra entera de docenas de otros escritores de tebeos. Con todo, como proyecto narrativo sólo cabe considerarlo como un relativo fiasco: como intento de poner al día el sabor clásico de los cómics de superhéroes falla al verse lastrado por tanto ejercicio metatextual;  y como proyecto deconstructivo del género se queda lejos de los Watchmen y Miracleman. Supreme es un quiero-y-sólo-a-medias-puedo, un algo de chicha y demasiada limoná, un quedarse en tierra de nadie.

La Familia Suprema, por Alex Ross.

No sería descabellado afirmar que fue el (insisto, relativo) fracaso de Supreme lo que llevaría a Moore a transitar nuevos caminos en su objetivo de dar un nuevo impulso al cómic de superhéroes después de la Edad Oscura. En su periplo en America’s Best Comics, el Barbudo volverá a intentar refundir toda la historia del cómic superheroico en Top Ten, aunque desde un enfoque completamente distinto. Pero esto no será suficiente, así que Moore continuará excavando más profundo, buscando a los superhéroes del mañana en las raíces literarias del género: las revistas pulp (Tom Strong, Tomorrow’s Stories), la literatura victoriana (La Liga de los Hombres Extraordinarios) e incluso en la esencia misma de la mitología heroica (Promethea). Opino que nunca terminó de encontrar lo que buscaba, y hasta sospecho que lo halló más en la obra de otros (el Planetary de Warren Ellis y John Cassaday, serie elogiada repetidas veces por nuestro Barbudo preferido) que en la suya propia. Pero por el camino nos dejó un reguero de cómics estupendos y una de sus etapas más fértiles como creador. Ojalá mis fracasos fueran así de luminosos, qué quieren que les diga.

Terminando con Supreme, cabe recordar que en su día fue un éxito de ventas y permitió ganar a Moore sus enésimos premios Eisner y Harvey como mejor escritor, si bien ambos galardones se le concedieron también por su labor en From Hell. Más aún, como dijimos antes, estaba previsto que Moore retornara al personaje para una tercera temporada que no llegó a consumarse por la bancarrota de Awesome Comics, la empresa que ROB! había fundado tras romper con sus antiguos socios de Image, quienes le habían acusado de favorecer sus propios cómics desde su puesto de presidente ejecutivo de la empresa (ruptura acontecida a la altura del número #49 de Supreme). Erik Larssen tomó el relevo durante cinco números antes del cierre definitivo de la serie, mientras Moore y Veitch acusaban al dibujante de eterna cara de niño de escasa profesionalidad, pagos pendientes y de no ser siquiera capaz de devolver los lápices originales a sus autores. Triste final para una colección de nombre tan rimbombante y para unos personajes con los que, a pesar de todo, Moore consiguió que nos encariñásemos.

Edición de tamaño reducido de DeBolsillo, la única en catálogo actualmente.

Supreme ha conocido dos ediciones en España. La primera temporada (del #41 al doble #52 original) fue publicada por Dolmen en una serie de 6 tomitos en rústica, cada uno de los cuales contenía dos números USA. La segunda temporada la sacó la difunda Recerca Editorial, bajo el rótulo Supreme: El Retorno, aunque los cinco tomos que componían la edición incluían tanto la miniserie del mismo título como los números #53 al #56 de la colección original. En otras palabras: entre ambas editoriales publicaron todo el Supreme de Moore, aunque si podéis os recomiendo leer el artículo introductorio de Jorge Iván Arguiz en el primer tomo de la serie de Recerca. Entenderéis un poco mejor el porqué de la caótica edición del cómic en España (y sí: la culpa vuelve a ser de ROB!). La editorial DeBolsillo reeditó la obra completa en el año 2011 en dos tomos (uno por temporada), a tamaño reducido (21 x 15 centímetros, frente al 26 x 17 del comic-book original). Aún están en catálogo y no os será difícil encontrarlos, así que dejad de leerme a mí y a por ellos

Guest Zhéroes #1: “Superman según Alan Moore”, por Lemmytico
Guest Zhéroes #2: “Usagi Yojimbo, de Stan Sakai”
, por
David B. Gil

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20 Respuestas

  1. Brillante análisis de un cómic que ha quedado casi relegado al olvido por estas tierras (pese a convertirse en mantra noventero con aquel “Y el próximo mes, Supreme”), simplemente por no haber sido publicado en su momento.

    No sé si la edición disponible actualmente, en tamaño reducido, le hará mucha justicia (me atrevería a afirmar que no sin haberla tenido entre mis manos), pero sin duda, se trata de una compra obligada.

    ¡Enhorabuena por la excelente reseña!

  2. Storm dice:

    articulazo, luego…
    que noooo, que me lo he leído. Había decidido obviar este tebeo aún siendo de moore precisamente porque un personaje tan “copia de…” no me interesaba y por tu culpa ahora me los quiero leer.

    Os odio tanto…

  3. lemmytico dice:

    Un placer aumentar tu lista de lectura :-D

  4. Mr. X dice:

    Me ha molado, satisfecho y agradado

  5. nobtetsujin dice:

    Me pregunto como habrá sabido Lemmy que me lo releí hace un par de días…

    En fin, Articulazo luego… para un tebeo que como dice Jero se le hace poco caso.

  6. lemmytico dice:

    Me molan, satisfacen y agradan vuestros comentarios, camaradas XD

  7. delaxon dice:

    Vaya pedazo de artículo. Nunca me he atrevido con él, pero después de este análisis no me queda otra que darle una oportunidad. Muchas gracias.

    Eso sí, la foto que has puesto de un número de Spawn, pertenece al número 10, guionizado por Dave Sim y no por Alan Moore. Siento el apunte, pero me parecía una pena que un artículo tan bueno tenga un mísero desliz.

  8. lemmytico dice:

    ¡Gracias por tus palabras delaxon! En cuanto a la imagen de Spawn, cogimos una al azar (bueno, una que fuera muuuuy noventera XD) no porque fuera de uno de los tebeos guionizados por el Barbas (que creo que solo fue uno de la serie regular, más la mini de Violator y el crossover con WildC.A.T.S. si no recuerdo mal).

    • También existe una segunda miniserie de Violator, “Violator vs. Bedrock” que todo el mundo está de acuerdo en ignorar por su apabullante mediocridad (yo no he llegado a leerla, a pesar de que la primera miniserie sí me gustó).

  9. Mímico dice:

    Un artículo… ¡Supremo!

    Toma chascarrillo bueno para mi comentario inaugural en estos lares…

  10. Dynamo Joe dice:

    Exponiéndome a los palos confesaré que no soy muy de Moore, sólo leí algo de Top Ten, que no me disgustó, y la liga de los hombres extraordinarios, que me defraudó.
    Pero el artículo es buenísimo, enhorabuena.
    Por lo leído en artículos sobre Miracleman, creo recordar que también recuerda que era un superheroe, igual meto la pata pero en su inicio aparenta una historia muy parecida.
    Reitero mi enhorabuena por el artículo.

  11. Antoine dice:

    Eres el 1 Lemmy. Te superas en cada artículo.

    Yo me he sentido tentado de pillarlo en la edición debolsillo, no me mola nada el formato, pero, me temo, que acabaré tragando.

  12. Anónimo dice:

    ¡Muchas gracias a los dos! Yo tengo los tomitos de Dolmen y leí la segunda temporada de Recerca por medios, ejem, alternativos. El otro día estuve bicheando los de DeBolsillo y no me pareció que el dibujo sufriese mucho… Claro que yo me compro los CES de Panini y para muchos eso es un atentado XD

    Eso sí, 22 pavos por tomo me parece un precio excesivo teniendo en cuenta la reducción de tamaño y que no es un material arriesgado (absolutamente todo lo que tiene las palabras “Alan Moore” en la portada se vende bien, o al menos eso me han comentado algunos libreros).

    Saludos.

  13. lemmytico dice:

    Evientemente era yo :-P

  14. the drummer dice:

    los CES un atentado? nunca había oído a nadie quejarse!! será algún cascarrabias, seguro.
    articulazo, por cierto. grande lemmy!

  15. Retranqueiro dice:

    Tremendo, Lemmy.

    Afortunadamente para mí, tengo la hostia de lectura esperando su turno en la pila. De lo contrario, ya me habrías convencido para salir corriendo a comprar esta serie.

    Enhorabuena, tío.

  16. Del anterior artículo que te marcaste sobre Moore y su Supes, ya tenía las obras en cuestión en un bonito tomo, con lo cual no tuve que salir de casa a toda leche para comprármelo sí o sí. Simplemente me dieron unas ganazas enormes de releerme las tres historias, que es lo que hice.
    Pero con este me has destrozado los esquemas, por que esta obra del Barbas no la tengo
    (nunca me interesó demasiado el Moore de Image) y lo que sí tengo ahora son unas enormes ganas de tenerla. No sé si me explico… :(

    Rockeros Saludos

    PD. Cabronazo!

  17. lemmytico dice:

    ¡Un placer fastidiarles sus prioridades de compra, caballeros! Y muchas gracias por las amables palabras.

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