Guest Zhéroes #10: “SUPERGIRL: FUERA DE LO COMÚN, de Mariko Tamaki y Joëlle Jones”, por Manuel Rodríguez

 


Título original
:
Supergirl: Being Super #1-4

Sello: DC Comics 
Guionista: Mariko Tamaki
Artista: Joëlle Jones
Entintador: Sandu Florea
Colorista: Kelly Fitzpatrick
Publicación USA: Feb. – Ago. 2017

Publicación España: Diciembre 2017 (ECC)
Valoración: Kara no viste uniforme con la “S”, ni falta que le hace /10

 

Actualmente, debido al lanzamiento de Rebirth, Kara Zor-El cuenta con una nueva serie regular, aunque no termina de despegar y a la editorial no parece que le importe, al no poner a ningún guionista y/o dibujante con renombre a los mandos.

Pero hay una pequeña luz al final del oscuro tunel donde han decidido meter a Kara y es una miniserie editada de forma sorpresiva. Estamos hablando de…

SUPERGIRL: FUERA DE LO COMÚN
de Mariko Tamaki y Joëlle Jones

Supergirl nunca ha sido un personaje puntero en el universo DC, reconozcámoslo. Fue creada a rebufo de la popularidad que tenía Superman en la Edad de Oro y si existía un Superboy, ¿por qué no una Supergirl? Había que explotar la franquicia lo máximo posible para que la chavalería de la época comprase lo máximo posible. En 1959 hizo su primera aparición en Action Comics, guionizado por Otto Binder y dibujado por el célebre, ayer y hoy, Al Plastino. Originaria de la ciudad kryptoniana de Argo, sus padres, al ver el inminente fin del planeta, la enviaron, al igual que su primo (sólo que con más edad, cosas del espacio-tiempo, preguntadle sino a Neil Degrasse Tyson) al planeta Tierra, siendo una niña.

Ha llovido desde entonces y ha tenido varias reencarnaciones, Crisis en Tierras Infinitas incluida. La eterna prima de Kal-El, ha pasado por manos de muchos profesionales de diferente calidad y con diferente éxito, aunque sin despuntar en ninguna ocasión: desde la etapa de Peter David con Gary Frank y Leonard Kirk, pasando por la re-introducción de la misma al Universo DC de la mano de Jeph Loeb y el recordado Michael Turner, hasta llegar a los New 52, donde su serie, sin ser mala, más bien sirvió como catapulta a la órbita de Marvel de Mahmud Asrar (que mucho tiene que agradecer a este personaje), siendo, en mi humilde opinión el mejor trabajo del turco, porque parece que en Marvel se le han quitado las ganas de ganarse el pan dibujando, sin olvidar su paso por la nunca olvidada (DC ya te vale) Legión de Superhéroes.

La chica es multitask, eso no se lo vamos a negar.

Esta miniserie de cuatro números (48 páginas cada uno, nada habitual en la editorial), nos cuenta, siempre desde la perspectiva de Kara de forma brillante, tajante y coherente, el origen de la prima de Superman. Al igual que su primo, Kara fue acogida por una pareja joven de granjeros, en este caso, de Midvale, que no dudaron en darle un hogar y hacerla su hija, sin importarles de donde proviene ni los poderes que posee.

En la miniserie, la historia transcurre en la adolescencia de Kara, a punto de cumplir los 16 (según lo estipulado por sus padres terrícolas, que decidieron que ese día fuera el mismo en el que cayó en su granja), estudiando en el instituto local y echando buenos ratos con sus dos amigas, Dolly y Jen, que a la postre serán esenciales para el desarrollo del personaje a lo largo de los números. Kara ama el lugar en el que vive, ama a sus padres adoptivos, ama a sus amigas; en definitiva, ama su vida. Pero llega un momento en el que piensa “¿por qué tengo estos sueños? ¿Son sueños o recuerdos?“. No obstante, hay un momento clave y decisivo en el que el guión da un giro de 180 grados, culminando con una página final, con el que no se puede sino esbozar una sonrisa, y el que quiera al personaje, como es mi caso, soltar una lagrimita. Un final tan redondo y con tantas posibilidades, que las artistas del cómic, puede sentirse satisfechas de su gran y (hasta el momento) único paso por las “majors”.

Esas grandes clases de literatura, que son tan interesantes…

La verdad, no podían haber elegido un equipo creativo mejor, chapeau por la editora Bobbi Chase. La canadiense Mariko Tamaki no es ajena a obras que exploren la adolescencia y sus altibajos, como bien demuestra en cómics cómo Skim o Aquel Verano (realizados junto a su hermana Jillian). Nos presenta a una Kara más humana que nunca, que afronta la adolescencia, con todo lo que ello conlleva, sin dejar atrás el lado “superheróico” del personaje, mostrado en pinceladas, pero no necesita más para deleitarnos.

De la chica de Idaho, Joëlle Jones, poco puedo añadir, es una de mis debilidades, desde que la vi en Lady Killer, un dibujo delicioso y una paleta de colores muy acorde a su estilo por parte de Kelly Fitzpatrick. Una artista a tener en cuenta y si no está en la nómina regular de DC, será porque no quiere, porque talento y calidad le sobra por los cuatro costados.

El poder destructivo de un súper-grano es inconmensurable.

La edición de ECC es más que correcta, con una acertada edición en cartoné, algo que se merecía el personaje de una vez por todas, ya que Tamaki y Jones le han dado al personaje algo que pedía a gritos: carisma. Y se lo han dado en cuatro números. Algo que ni Peter David pudo hacer en su momento.

Al fin y al cabo, estamos hablando de una historia de adolescentes, esos años por lo que todos hemos pasado y aunque ella pueda levantar un tractor con una mano mientras manda mensajes a su amiga por el móvil con la otra, por lo demás no deja de ser una chica de casi 16 años, pudiéndonos sentir todos identificados con la joven de Midvale.

¡Nos vemos en la Zona!

También te podría gustar...

2 Respuestas

  1. arkhamkaveli dice:

    Me alegra ver que, aparte de sentirte cómodo escribiendo, lo haces así debien. Sigue así, bro.

  2. ManuelBR dice:

    Muchas gracias, pero queda mucho por aprender.

Deja un comentario, zhéroe

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.