Guest Zhéroes #1: “SUPERMAN según Alan Moore”, por Lemmytico

Dado que la puerta de entrada a la Fortaleza de la Zonazheridad no la tenemos muy bien guardada, a veces se nos cuela alguien y nos deja un artículo en el felpudo. Es por esto que hemos decidido dar voz a las aportaciones de estos invitados si éstas merecen la pena. Es el caso del artículo que nos envió José Antonio Cerrillo, más conocido en la red de redes como Lemmytico (aka. Señor Pechotes, debido a su reconocible avatar con el Conan de Jason Momoa), y del que nos hacemos eco esta tarde.

Como advertencia, haceros saber que en este artículo podéis encontrar spoilers de las obras que va a reseñar, pero están debidamente marcados en el propio texto. De todos modos, para evitar caer en alguno, y por vuestra propia salud mental y vital, es más que recomendable que os leáis las tres obras de referencia de…

SUPERMAN según Alan Moore
por José Antonio Cerrillo

Lo confieso: tiendo a desconfiar de las aproximaciones puramente punk o destructivas a un personaje o un estilo. Ese afán por cambiar a las bravas las reglas del juego siempre me hace sospechar. ¿De verdad se comprende lo criticado o parodiado? ¿La patada al tablero es una decisión auténticamente artística o autoral? ¿Hasta qué punto se quieren cambiar las normas porque no se dominan las vigentes? Creo que nadie innova realmente hasta demostrar su pericia dentro el canon hegemónico de su disciplina. Es entonces cuando el rebelde puede sacar un middlefinger a los guardianes de la ortodoxia y transgredir. Manet, por ejemplo, estudió en los mejores talleres de pintura de Francia antes de desafiar el arte académico de su tiempo y abrir la puerta al impresionismo. Los Beatles y los Beach Boys llevaron el rock’n’roll a cimas de calidad y sofisticación que probablemente hoy sigan sin ser alcanzadas solo después de haber conquistado el mercado mainstream a base de redondos singles pop. Jean Giraud destrozó los límites de lo que se pensaba gráficamente posible en sus célebres obras de ciencia ficción de los 70 tras más de una década ilustrando con brillantez un tebeo de aventuras clásico como El Teniente Blueberry para una revista de tirada masiva, Pilote. Y si Alan Moore fue capaz de cambiar para siempre el cómic de superhéroes en sus deconstructivas Watchmen o Miracleman es porque dominaba las claves del género como el mejor de sus autores. Y como prueba tenemos sus tres míticos relatos protagonizados por el más grande de los superhéroes: Superman.   

Estamos en los 80, está comenzando lo que Grant Morrison denomina la “Edad Oscura” del cómic superheroico. Jóvenes autores como Frank Miller, Pat Mills, J.M. DeMatteis, Chris Claremont, Howard Chaykin, Matt Wagner, John Byrne, Marv Wolfman o los mismos Moore y Morrison están cambiando el rumbo del género. Introducen tramas más adultas y complejas; sus personajes se alejan del maniqueísmo tradicional, están llenos de grises; sus planteamientos son radicalmente novedosos: fuerzan las reglas del cómic de superhéroes buscando sus límites, o bien se ríen de ellos en sátiras inmisericordes. Superman, que estaba experimentando una segunda juventud merced al éxito de sus adaptaciones al cine, era uno de sus blancos predilectos. No podía ser de otro modo, dado que el Hombre de Acero es el primero, el más popular y el molde del que, directa o indirectamente, surgen todos los demás superhéroes. Muchas de estas reinterpretaciones beben del ensayo que el semiólogo italiano Umberto Eco dedicase al Último Hijo de Krypton en su célebre Apocalípticos e Integrados: Superman es un héroe conservador, defensor del orden establecido, ejemplo del buenismo simplista, sublimación de las fantasías de trascendencia del lector medio (que se identifica con Clark Kent, el disfraz humano de Superman), reinvención moderna de los mitos religiosos.

También en estos años se puso de moda contraponer a Superman al otro gran héroe de DC Cómics: Batman. Algo extraño en la larga historia de la editorial, pues ambos personajes habían coincidido en numerosísimos tebeos, en los que casi siempre se destacaba lo mucho que compartían. Sea como fuere, a partir de ese momento Batman pasó a ser el ojito derecho de los mejores autores del cómic anglosajón y se consagró como el superhéroe complejo y atractivo por excelencia, mientras al pobre Superman se le condenaba por ser lo contrario: la quintaesencia del infantilismo y la simplicidad que predominaban en el cómic de superhéroes. Será Frank Miller quien más destaque la oposición entre el Hombre Murciélago y el Kryptoniano, hasta el punto de enfrentarlos físicamente en el clímax de El Retorno del Señor de la Noche. La interpretación que Miller hace de Superman es cruel y simplona: el boy scout, el chico bueno que nunca rompe un plato, el hijo de Abel que no se mancha las manos, el perrito faldero de los poderosos, el ingenuo que lo ve todo de color de rosa, el que podría marcar la diferencia pero renuncia a hacerlo por no romper las estúpidas normas. Una lectura reduccionista, de un nietzscheanismo vulgar y atravesada de fantasías adolescentes y masculinas.

Frente a la sesgada versión de Miller, Alan Moore demuestra tener un conocimiento muy superior de Superman y su mitología. Como afirmase el gran Mark Waid en la introducción del All-Star Superman (probablemente la única historia del Hombre de Acero superior a las de Moore), los dioses sacan su fuerza de los hombres que creen en ellos; Superman, en cambio, es fuerte porque cree en nosotros. Superman es un dios que no quiere serlo, porque prefiere ser humano. Sus inigualables poderes le permitirían moldear el mundo a su antojo, y sin embargo opta por dejarlo en nuestras manos, porque confía en nuestra capacidad para hacer el bien, para ser mejores. No es que se burle del hombre común con su disfraz de periodista tímido y torpón, es que se identifica con él. No es que vea el mundo en blanco y negro, es que comprende la interconexión de todas las cosas, como destacase Morrison en el culmen de la ya citada All-Star Superman. Al igual que su homólogo en la competencia marveliana, el Capitán América, Superman es el espejo en el que mirarnos, el que marca el listón, el ejemplo de lo que podríamos ser, el dios que no nos merecemos: el héroe. No por sus superpoderes, no por su voluntad inquebrantable, no por superar un viaje iniciático. Superman es súper porque es el mejor de los hombres, o trata de serlo. Superman es súper menos por ser el Último Hijo de Krypton que por ser el hijo adoptivo de Thomas y Martha Kent, dos sencillos granjeros de Kansas (no por casualidad la figura que en Estados Unidos se considera la reserva espiritual de la nación) que le enseñaron lo que es la decencia y la dignidad.

La divinidad de Kal-El según Frank Quitely, en All-Star Superman.

Ahora bien, como Moore solo es vulgar cuando se lo propone, profundiza en lo que esto significa, en lo que implica ser Superman. Tratar de hacer siempre lo correcto no es fácil, no está exento de costes. Puede suponer, por ejemplo, no consumar el amor con la persona que lo corresponde en tal de no herir a una tercera, aunque esto suponga condenar a los tres implicados a la infelicidad perpetua. Puede requerir mentir para proteger o experimentar en soledad las tragedias y los triunfos. Y, sí, llegado al extremo puede implicar decidir entre matar o dejar que inocentes mueran. Pero, al contrario que en la última y mediocre película dirigida por Zack Snyder, una decisión de este calibre debe tener consecuencias. O en palabras del propio Kal-El: “Nadie tiene derecho a matar, ni siquiera Superman. ¡Superman menos que nadie!”

Superman, Annual #11 (1985)

El primer acercamiento de Moore a la leyenda del Hombre de Acero se produjo en 1985, en el annual número #11 de su colección principal. El Bardo de Northampton llevaba escribiendo Saga of the Swamp Thing desde el otoño del año anterior, y sus atrevidos y personales guiones estaban impresionando por igual a los lectores, críticos y editores. Buscando asentar su posición laboral en DC, Moore propuso varios argumentos para el Detective Marciano, los Investigadores de lo Desconocido y una compleja trama con los héroes de la Charlton (ahora en posesión de DC) que terminaría siendo Watchmen. Entretanto, Julius Schwartz -el legendario editor que había comandado la Silver Age en DC y coordinaba las colecciones de Superman desde 1971- había propuesto a otro joven fichaje de la fértil cantera británica, Dave Gibbons, dibujar el annual de Superman de aquel año. Cuando Schwartz preguntó al dibujante quién creía que podría escribirlo, Gibbons no dudó en proponer el nombre de Moore.

Wondie, Batman y Robin se encuentran el cuerpo paralizado de Superman.

El resultado es la maravillosa Para el Hombre que lo Tiene Todo, y se convirtió en un clásico instantáneo. Tras un breve prólogo que nos muestra una escena de la vida cotidiana en Krypton, la historia comienza en un tono similar a las simpáticas y bobaliconas historias de los 50 y 60 (aunque introduciendo alguna chanza sexual con la que Moore nos indica que estamos muy lejos ya de la inocencia de aquellos años). Es el cumpleaños de Superman y sus mejores amigos en el gremio superheroico, Wonder Woman, Batman y Robin (que por aquel entonces era el díscolo Jason Todd) viajan a la Fortaleza de la Soledad para festejarlo con el Hombre de Acero, preocupados por si le gustarán los regalos que le traen (al fin y al cabo, ¿qué regalar a alguien que puede tenerlo todo?). Cuando penetran en el refugio ártico se encuentran con Superman inmovilizado, y lo que parece una especie vegetal creciendo de dentro afuera de su cuerpo. Pronto descubren que se trata de una treta de Mongul, uno de los más clásicos y poderosos enemigos del Kryptoniano, para que le infecte la Piedad Negra un parásito alienígena con habilidades telepáticas. La Piedad consume a sus víctimas mientras transmite a sus mentes la fantasía de haber realizado su deseo más querido, pudiendo así devorarlas sin resistencia.

[SPOILERS]
Así pues, ¿cuál es el anhelo más profundo de Superman?, ¿qué puede querer el hombre que lo tiene todo? Lo único que nunca ha podido tener: saber cómo habría sido su vida en Krypton de no haber estallado. De esta forma, la historia transcurre en paralelo entre los esfuerzos de Batman, Robin y Wonder Woman por distraer a Mongul y conseguir liberar a su amigo del mortal abrazo de la piedad negra, y las escenas de la imaginaria existencia de Kal El en un Krypton no desaparecido. Estas últimas, sin embargo, están lejos de ser una utopía ideal. La vida en Krypton que sueña Superman está atravesada de conflictos sociales y familiares, lo que empieza a hacerle sospechar que se encuentra atrapado en una fantasía irreal.

Superman estalla de rabia al liberarse de la temible Piedad Negra.

Finalmente, Superman recupera la consciencia y loco de rabia comienza a pelear con Mongul hasta que el astuto Robin (el más inexperto y débil de los cuatro héroes) consigue que la piedad negra posea al malvado. Este queda en un estado indefinido de animación suspendida, pues el vegetal extraterrestre le hace creer que sus deseos de conquista universal se ven al fin satisfechos. La conclusión es clara: mientras Mongul se verá preso para siempre de sus propias fantasías de dominación, Superman fue capaz de librarse de la piedad negra por dos razones, ninguna de las cuales tiene que ver con sus grandes poderes. Primera, porque tiene amigos que le han ayudado. Segunda, porque es consciente de la futilidad de soñar con un mundo ideal. Nadie puede tenerlo todo, ni siquiera Superman. La vida está marcada por la imperfección, solo podemos aspirar a ser lo mejor que podamos ser. Aunque la piedad negra sea una especie vegetal, son los hombres quienes aprenden que el resultado final de su vida será aquel que siembren a lo largo de la misma. [FIN DE SPOILERS]

Para el Hombre que lo Tiene Todo es una historia absolutamente sensacional. Asombra la capacidad de Moore para plantear un argumento que funciona en varios planos: como reivindicación de un personaje y de su profunda humanidad, como homenaje a su mitología, como reflexión sobre el absurdo de aspirar a una vida exenta de conflictos y contradicciones, y, sí, como tebeo de superhéroes, tremendamente entretenido además. Un guión fabuloso que, además, se ve realzado por los elegantes lápices de Dave Gibbons, cuyo estilo realista a la par que moderno encaja a la perfección con esa forma ambigua del relato de jugar con lo clásico y lo contemporáneo, lo ligero y lo grave. Su legendario perfeccionismo hace creíbles los ambientes sci-fi de Krypton y la Fortaleza de la Soledad, con esos fondos plenos de detalles tecnológicos y arquitectónicos. Una maravilla.

DC Comics Presents #85 (1985)

Septiembre de 1985 nos deja el segundo de los cómics de Superman que Moore escribió. Se trata de Los Confines de la Jungla, publicada originalmente en el número #85 de DC Comics Presents, la colección que a finales de los 70 y comienzos de los 80 servía a modo de “team-up” entre el Hombre de Acero y otros personajes de la DC. En esta ocasión, El Primero de Todos comparte cartel con la Cosa del Pantano, cuya serie regular escribía el Bardo de Northampton en aquellos momentos. El argumento parte de una premisa muy similar a la de Para el Hombre que lo Tiene Todo: Superman se ve afectado por un parásito alienígena, en esta ocasión el Hongo de Sangre procedente de su Krypton natal. El Hongo drena los poderes del Hombre de Acero y le induce alucinaciones que trata de combatir sin éxito. Pensando que su final está próximo, Superman se dirige a Lousiana, en cuyas ciénagas se encontrará con la Cosa del Pantano, que le ayudará a librarse del hongo.

Los Confines de la Jungla es sin duda el menos bueno de los tres relatos de Superman de Moore. Su punto de interés central es la oposición entre el rabioso rojo y el pacífico verde, que Moore tanto explorase en su mítica etapa al frente de La Cosa del Pantano. Se trata también de uno de los primeros contactos de Rick Veitch con el personaje que le lanzaría a la fama (Swampy, no Superman), con un resultado gráficamente notable, si bien menos oscuro que el que predomina en la carrera del dibujante norteamericano.

Superman #423 (1986)

Avancemos un año. Estamos en septiembre de 1986 y Moore es ya una superestrella consolidada que encadena hit tras hit. Su Saga of the Swamp Thing ya está considerada un clásico contemporáneo, Watchmen ha comenzado a publicarse con enorme éxito de crítica y público y sus incursiones en otras colecciones DC no son menos celebradas. No es de extrañar entonces que Julius Schwartz, tras la negativa del creador original del Último Hijo de Krypton, Jerry Siegel, volviese a llamarle para un proyecto muy especial: escribir la historia final del Superman clásico, el de la Silver Age, antes del reinicio posterior a Crisis en Tierras Infinitas que comandaría John Byrne. Schwartz quería que fuese el epitafio de toda una época, su época, que estaba llegando a su fin. Por tanto, debía escribirse como si realmente las colecciones que durante décadas habían ofrecido al público las aventuras del Hombre de Acero (Superman y Action Comics) fuesen a terminar. Debía ser, literalmente, la última historia de Superman, al menos de aquel Superman.

Action Comics #583 (1986)

¿Qué le Sucedió al Hombre del Mañana? vio la luz en dos partes, en los números #423 de Superman y #583 de Action Comics, ambos con fecha de portada de septiembre de 1986. Está narrada en forma de flashback, como una entrevista que el periodista del Daily Planet, Tim Crane, realiza a una retirada Lois Lane (ahora Lois Elliot) con motivo del décimo aniversario de la desaparición de Superman. Así, vamos siendo testigos de los acontecimientos que llevaron a aquella última aventura del Hombre del Mañana: tras unos años de cierta paz, muchos de los viejos enemigos de Superman reaparecen al mismo tiempo y le van atacando con una violencia y sadismo desconocidos hasta ese momento. Ante la escalada de los ataques, Superman decide retirarse a la Fortaleza de la Soledad, llevándose consigo a sus mejores amigos (Lois, Lana Lang, Jimmy Olsen y Perry y Alice White, que están atravesando un mal momento en su matrimonio). En el refugio ártico recibe la visita de viejos compañeros de fatigas como su mascota el perro Krypto y la Legión de Superhéroes que le confirman que su batalla final se aproxima.

La visita de la Legión, ¿cortesía o despedida?

[SPOILERS]
La segunda parte de la historia arranca con una coalición de supervillanos, comandados por Brainiac que ha tomado el control del cuerpo de Lex Luthor, asediando la Fortaleza de la Soledad, aislándola con un campo de fuerza para evitar que los otros superhéroes puedan brindar su ayuda a Superman. La situación se torna desesperada, cobrándose las vidas de Krypto, Lana Lang y Jimmy Olsen. Cuando al fin parece que el Hombre de Acero se alzará con una amarga victoria, se revela el verdadero villano que ha orquestado el ataque: un Mr. MXYZPTLK que ha decidido dejar de ser travieso para convertirse en auténticamente malvado. Ante el enorme poder del mago, recordemos que los poderes de Superman son débiles ante la magia, el Hombre de Acero se ve obligado a enviar a Mr. MXYZPTLK a la Zona Fantasma, pero este trata de evitarlo pronunciando su nombre al revés para regresar a su dimensión. Al activarse ambos procesos simultáneamente, el villano muere viéndose partido entre dos dimensiones. Aunque es consciente de que no tenía alternativa, la culpa por la muerte de su viejo enemigo oprime tanto a Superman que decide internarse en la habitación de kryptonita amarilla, lo que le dejará permanentemente sin poderes. Nunca más volverá a saberse de él. Sin embargo, cuando Lois despide a Tim Crane, descubrimos que su marido Jordan Elliot no es otro que el mismísimo Hombre de Acero, adaptado a su nueva vida como hombre común.

Una de las mejores muertes en la historia del tebeo de Superhéroes es de un animal. ¿Es o no es Moore un genio?

No es exagerado decir que ¿Qué le Sucedió al Hombre del Mañana? es una de las cimas del cómic superheroico y, sin duda, una de las más grandes historias de Superman. Es un relato profundamente metatextual, y no sólo por los numerosos guiños a aventuras clásicas del Hombre de Acero. Nos habla de la pérdida de la inocencia en el cómic de superhéroes; de villanos que pasan de ser vulgares criminales a sádicos psicópatas y de héroes que se ven obligados a matar para proteger a sus seres queridos. Es la Silver Age que finaliza para dar paso a la Edad Oscura, la madurez del género superheroico conquistada a costa de la ligereza y la ingenuidad que tanto nos hizo disfrutar de niños. Probablemente la escena que mejor resume este tránsito a la edad adulta es la de la muerte de Krypto, el superperro, un personaje tradicionalmente simpático, comercial y tontorrón que sin embargo se transforma en un fiero mastín y desgarra el cuello del Hombre de Kryptonita, sacrificando su vida en el proceso. Su aullido final es, para mí, uno de los momentos más icónicos en la larga historia del cómic de superhéroes.

¿Qué le Sucedió al Hombre del Mañana? es, por tanto, una historia amarga, que sin embargo termina con un guiño optimista: un Superman convertido en un hombre corriente, feliz en su vida mundana. Tal vez Moore quiso decirnos con ello que nuestro futuro pasa por dejar de mirar tanto a los superhéroes y fijarnos más en nuestra realidad común y corriente. Puede que entendiese que el cómic de superhéroes no daba más de sí y que el medio debía evolucionar a un mayor realismo. O simplemente que no hay mayor maravilla que el ser humano, con su cotidiana normalidad. Conociendo su trayectoria posterior de algo sí podemos estar seguros: lo incómodo que se sentía ante la Edad Oscura que él mismo había contribuido a crear. [FIN DE SPOILERS]

El Superman de Curt Swan, un clásico.

En resumidas cuentas, ¿Qué le Sucedió al Hombre del Mañana? es una auténtica obra maestra que, además, se encuentra primorosamente ilustrada por Curt Swan, el más longevo e importante de los artistas de Superman, a quién dibujó en cientos de cómics entre los 50 y los 70. ¿Quién si no podía ilustrar la última historia del personaje que él más que nadie contribuyó a inmortalizar? Su visión luminosa y clara es sin duda la representación gráfica más influyente del Hombre de Acero, más aún que la de su creador original Joe Shuster. Sin duda inspiró enormemente a otros artistas que dejaron su huella en la leyenda de Superman, como Jose Luis García López o John Byrne. De hecho, estoy por asegurar que hasta la versión de Frank Quitely ya en pleno siglo XXI no hay representación gráfica del Último Hijo de Krypton que no beba más o menos directamente de la de Swan (y aun así, ese mentón prominente, ese gesto con aire distante…).

En ¿Qué le Sucedió al Hombre del Mañana? Swan hace probablemente el mejor trabajo de su carrera, bien apoyado por las tintas de un discípulo aventajado como George Pérez (que sospecho tuvo mucho que ver con el excelente resultado final) y de otro mito del medio, Kurt Schaffenberger, probablemente el dibujante más importante de la Familia Marvel (la de Shazam, no la de Stan Lee). Sea como fuere, Swan está a la altura del reto que supone el guion de Moore. Como la misma historia, el dibujo sabe compaginar el tono añejo (a medio camino entre el fotorealismo y la fantasía, recto, colorista, limpio, imaginativo…) con la oscuridad, seriedad y complejidad contemporáneas, incluyendo algunas composiciones de página que, aunque hoy no nos parezcan nada del otro jueves, suponían una atrevida ruptura con las cuadrículas de viñetas linealmente rectangulares tan típicas del tebeo comercial.

A la vejez viruelas: dos ejemplos del gran Curt Swan tratando de ir más allá de la cuadrícula.

En fin, que salgáis de una vez a leer estos tres cómics si no lo habéis hecho ya. Porque son una de las mayores muestras del inmenso talento de Moore. Y sobre todo, porque son la mejor prueba de la grandeza del que ha sido, y probablemente siempre será, el superhéroe más grande de todos.

Todas estas historias fueron recopiladas el año pasado por ECC Ediciones en el tomo
Grandes Autores de Superman: Alan Moore, fácil de conseguir y a un precio razonable, aunque ya lo habían hecho en otro tomo recomendable, El Universo DC de Alan Moore, con todas las historias breves que realizó el Bardo para la editorial. ¡Así que no tenéis excusa!

¡Nos vemos en la Zona!

Guest Zhéroe

Cuenta para toda persona invitada o que quiera escribir algún artículo para la página. ¡Animaos zhéroes!

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19 Responses

  1. Juanan Brundle dice:

    Jo-der. Articulazo, toda una carta de amor a la visión de Moore de Superman, y en cierto modo, al propio Kal.
    De las historias citadas, tengo una edición antigüilla de Qué fue del Hombre del Mañana, y me parece un tebeo bellísimo. Ahora que estoy enfrascado en la compra del Swampy de Moore (la lectura llegará, espero que más pronto que tarde), me ha pico mucho leer los encontronazos entre Swampy y Kal por cómo los describes.
    Repito: articulazo. Bienvenido a esta santa institución, Pechotes. Con más artículos así, serás muy bien recibido (no como yo, que voy a causar vómitos de bilis con mi entrada de mañana…).

  2. lemmytico dice:

    Muchas gracias Juanan, muy honrado de que me hayáis dejado alojar en Zona Zhero mis desvaríos. Un saludo.

  3. CarlosPlaybook dice:

    Bravo, bravo! Pedazo de artículo que lo tiene todo. Un buen tema, una precisa contextualización de la obra y un excelente repaso a la misma. Como pasa a menudo con las obras de Moore siempre se aprende algo nuevo con cada lectura. Coincido contigo en que la historia con Swampy es la menos buena, pero es que las otras dos son verdaderas obras maestras.
    Del ‘Hombre que lo tenía todo’ hay que destacar el episodio que le dedicaron en la serie de animación JLA Unlimited, adaptado por JMDeMatteis nada menos.
    Cualquier día de estos tengo que releer el AllStar de Morrison y Quitely porque realmente no lo veo tan bueno como todo el mundo afirma, pero ese es otro tema…
    Enhorabuena de nuevo por el artículo y bienvenido a la ‘Zhamilia’

  4. lemmytico dice:

    Gracias Carlos. Estoy al tanto del episodio de JLA Unlimited, aunque no lo he visto.

    Y sí, All Star Superman tienes que releerlo ;-)

  5. thebaldrocker dice:

    Caray! Lemmy, justo lo que yo he pensado siempre de las obrakas de Moore sobre el Supes y que tú has sabido plasmar muchísimo mejor de lo que yo lo hubiera hecho jamás. En mi caso, las tres historias las tengo en la edición Absolute que sacó Planeta hace unos años. Pendiente de compra, eso si, tengo El Universo DC de Alan Moore de ECC. Ya estoy tardando, no? En fin, Pechotes, que felicidades por un gran trabajo que, espero sinceramente, sea el primero de muchos. Y yo estaré aquí para leerlos todos.

    Un abrazo, Master. Nos vemos…allí ;)
    Rockeros Saludos

  6. lemmytico dice:

    Soy demasiado vago para que sea el primero de muchos, pero los elogios los recibo todos, que nunca sobran. Un abrazo baldi.

  7. elrulo dice:

    De quitarse el sombrero, Lemmy. Superman no es un personaje que me atraiga demasiado, pero es que “Qué le sucedio…” es una obra maestra y una canción de amor al género. Y además a Moore no le sobra nada de la historia naif de Superman, al contrario, lo aprovecha todo y le da una despedida por todo lo alto. Viendo lo que luego hizo Byrne con el personaje se me cae el alma a los pies.

  8. lemmytico dice:

    Bueno, gran parte de lo de Byrne mola también. Pero se nota que venía de una escuela más marveliana (ese hacer del Supes “más realista” le delataba). A mi me mola que DC sea más… De otro modo, más locuela y pop. Creo que el que mejor ha recuperado eso ha sido Morrison, que sin dejar de lado la cosa más adulta (que yo creo que a estas alturas no se puede evitar), sí se ha esforzado por recuperar el tono más naif y alocado de DC. Anyway, mil gracias por el comentario.

  9. Ocioso dice:

    Joder, que bien escribido está esto. El Superman de Moore siempre me ha parecido sobrevalorado pero después de leer el artículo del señor de las tetas gordas me está apeteciendo pegar una relectura a estos tebeos. Sí, casi que me la voy a pegar esta misma noche.

  10. khonshu dice:

    Yo tampoco soy fan acérrimo de estos trabajos de Moore. Me gusta mucho la de Mongul, no me parece nada especial la de Swamp Thing y, aunque le doy su valor a la de Que le sucedió…, la considero algo sobrevalorada. De hecho, para mí All Star es como un remake mejorado de dicha historia.
    Genial el artículo, Lemmy, un estreno por todo lo alto. Espero que sea el primero de muchos.

  11. lemmytico dice:

    Como he dicho por ahí, soy demasiado vago para que sea el primero de muchos. En lo demás, si os he dado ganas de volver a leerlo satisfecho me doy.

  12. jeronimoth dice:

    Me sumo a las felicitaciones por tan magnífica reseña, que al mismo tiempo, funciona como perfecta carta de amor a un personaje que pocos autores parecen entender. Eso sí, debo decir que yo tampoco considero el All-Star de Morrison tan genial (a falta de una relectura). Para mí, el segundo mejor cómic de Superman… es el Supreme de Alan Moore (cómic al que poco ha beneficiado que se publicara en este país tarde y regular).

    ¡Enhorabuena! :D

  13. Storm dice:

    Qué barbaridad chiquillo. Ahora tocará releerse los tebeos correspondientes. Coincido con que el de swamp thing es mucho más flojucho pero oye, sigue teniendo su aquel.
    Mis felicitaciones por el articulazo lemmy.

  14. lemmytico dice:

    Gracias una vez más por los elogios. Os alabo el gusto XD

    Curioso: algunos decís que All Star Superman no es para tanto, y otros que en realidad es la versión buena de “¿Qué le sucedió al Hombre del Mañana?” (cosa esta última en la que no estoy muy de acuerdo). Yo me quedo con las dos.

    Y hombre, el Supes tiene unas pocas más buenas: Hijo Rojo, Para todas las Estaciones, La Guerra de los Mundos, Mundo de Krypton, buena parte de lo de Byrne, lo del “cuarteto” que le sustituyó… Aunque yo me quedo después de las de Moore y Morrison con el Identidad Secreta de Busiek (otro que SI entiende a Superman).

  15. Retranqueiro dice:

    ¡Halaaaaa! Tremendo, Lemmy, pedazo artículo.
    En la tribu cimmeria a la que perteneces, debes de ser el bardo, ¿no?
    Alucinante, Pechotes.

  16. joanpin dice:

    Estoy anonadado Sr. Lemmytico. Articulazo de esos de ‘leer luego’. Pues leído y disfrutado, oiga. A sus pies, Kilmister.

  1. 13 Mayo, 2015

    […] Guest Zhéroes #1: “Superman según Alan Moore”, por Lemmytico Guest Zhéroes #2: “Usagi Yojimbo, de Stan Sakai”, por David B. Gil […]

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