GREEN BOOK. En la tecla

Título original:
Green Book

Año: 2018
Director: Peter Farrelly
Guión: Brian Hayes Currie, Peter Farrelly, Nick Vallelonga
Fotografía: Sean Porter

Reparto: Viggo Mortensen, Mahershala Ali, Iqbal Theba, Linda Cardellini, Ricky Muse, David Kallaway, Montrel Miller, Harrison Stone, Mike Young, Jon Michael Davis, Don DiPetta, Mike Hatton, Dimiter D. Marinov, Craig DiFrancia, Gavin Lyle Foley, Randal Gonzalez, Shane Partlow

Valoración: Ni blanco ni negro, verde.

SinopsisAños 60. Cuando Tony Lip, un rudo italoamericano del Bronx, es contratado como chófer del virtuoso pianista negro Don Shirley, durante una gira de conciertos por el Sur de Estados Unidos, deberá confiar en «El libro verde», una guía de los pocos establecimientos seguros para los afroamericanos, para encontrar alojamiento. Son dos personas que tendrán que hacer frente al racismo y los prejuicios, pero a las que la bondad y el sentido del humor unirán, obligándoles a dejar de lado las diferencias para sobrevivir y prosperar en el viaje de su vida.

La presencia de Green Book en todos los premios importantes puede llevar a engaños. Lejos de las visiones realistas, a veces mordaces, otras veces moralizantes y casi siempre pesimistas a las que suelen aspirar las películas académicas, la de Peter Farrelly es una película optimista, agradable, en cierta forma inocente (que no ingenua). Green Book es una road movie con un pianista negro rico y un chófer italoamericano pobre, por los estados más retrógrados del sur de Estados Unidos en el año 1962. Habla de racismo, de clasismo, y de un modo más amplio, de identidad, de cómo los estereotipos moldean, limitan, separan y discriminan.

Pero lo hace a través de una película con una estructura y lenguaje muy clásicos, formas generalmente consideradas como anticuadas y relegadas a un tipo de cine más comercial, bienintencionado y de menor complejidad y prestigio. Los personajes son retratados en su punto de partida recurriendo a unos pocos y reveladores rasgos, casi a partir de clichés no demasiado sutiles: el pianista Don Shirley (Mahershala Ali), solo y triste en su torre de marfil rodeado de joyas; una sola de estas serviría para pagar la hogareña casa de Tony Lip (Viggo Mortensen), un humilde pero astuto trabajador que a duras penas es capaz de aceptar que dos negros vayan a arreglarles las tuberías.

El título de la película hace referencia a una guía de carretera destinada a la comunidad afro-americana, The Negro Motorist Green Book, con indicaciones y recomendaciones para viajar seguro, en una época anterior a que los movimientos sociales y el sentido común se hiciera un hueco en Estados Unidos. A lo largo de su viaje se verán en situaciones desagradables, ilógicas, que van transformando su personalidad a la vez que asientan su amistad. La película no esconde sus intenciones, no juega al subtexto ni emplea alegorías visuales. Va directa al grano, y utiliza un estilo sencillo, claro, en el que prima el contenido, no la forma. Pero esto no es conformismo, es honestidad, es sencillez que juega muy a favor del tipo de historia que es y al amplio espectro de público al que se dirige. Si acaso, se podría achacar que a veces es demasiado suave en momentos que podrían haberse beneficiado de algo más de dramatismo, de firmeza a la hora de representar las realidades más duras. Esto, al final, es una decisión intencionada de director y guionistas, y la película prefiere oscilar la balanza hacia el optimismo ligeramente edulcorado que hacia un tipo de dramatismo que, en más de una ocasión, ha caído en el ridículo por lo forzado que estaba.

Pero ojo, que la sencillez no es sencilla. Por su misma definición: hace falta mucha maestría para que algo artificial, como lo es este o cualquier guión, se perciba como algo natural. Hace falta conocer muy bien a los personajes para que estos se definan a sí mismos en unas pocas líneas de diálogo y unas pocas acciones. Más aún en una película en la que estos evolucionan prácticamente escena tras escena, y en la que apreciamos en todo momento del viaje cómo son y cómo han cambiado con total claridad. Hace falta dominar muy bien la comedia para saber cómo hacer reír sin hacer uso de gags ni recursos histriónicos, cómo hacer sentir empatía y simpatía por estos personajes sin recurrir a los más manidos clichés, cómo encontrar una salida a los momentos más oscuros sin usar trampas de guión. Hace falta mucha, mucha maestría para que el buen sabor de boca dure horas tras terminar la película, y que este haya surgido solo, tomándose su tiempo.

Green Book parece menos valiosa de lo que realmente es porque su estilo es tan llano y su mensaje tan esperanzador y tan accesible que destaca entre otras películas de la misma temática mucho más ásperas y contundentes. Ahí radica su grandeza. Quizás sea, de las películas “premiables” de esta temporada (y de muchas otras) la más puramente disfrutable, la más adecuada para una sobremesa de domingo, de esas que dejan un cosquilleo de felicidad. Pero considerar que esto la hace menos es un error. No es perfecta, y desde luego que no es revolucionaria, pero es increíblemente eficaz en lo que hace. Y lo que hace es algo precioso.

¡Nos vemos en la Zona!

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