Gravedad Zhero #6: “X-FORCE, o El perpetuo estado de guerra como motor del mundo”

El terrorismo ya es cultura popular.

Habrá entre nuestros lectores y lectoras quienes se ofendan ante tal afirmación, pero creo que lo harán únicamente porque nunca se han parado a pensarlo. Los villanos del cine de acción de los 80 pasaron, en su transición a los 90, de ser espías soviéticos y señoritos de la guerra venidos a más a representar a grupos terroristas de diversa índole. Con el cambio de siglo, por razones evidentes, se consolidó este cambio y, a día de hoy, la tecnología y los medios digitales se han convertido en armas adicionales de su arsenal, incluso en la vida real.

Polémico teaser de la mejor serie de la iniciativa DC You, Omega Men.

Sin ir más lejos, y centrándonos en el panorama del cómic USA, la semana pasada se producían dos hechos relevantes en este aspecto: por un lado, el final de la maxiserie de los Omega Men de Tom King, que comenzó hace un año mostrando la retransmisión de la decapitación de un Linterna Verde por parte de uno de los miembros del grupo, a la manera del ISIS; y por otro, la refundación de Hydra por parte de Cráneo Rojo como un híbrido entre ultraderechistas y desahuciados de la sociedad en el nuevo debut del Capitán América, con terrorista suicida en un tren incluido. Como decía: el terrorismo ya es cultura popular. Y aunque corremos el riesgo de caer en la banalización, algunos autores han sabido manejar la cuestión con destreza. Es el caso de Simon Spurrier y su etapa como guionista en X-Force.

LA ESTÉTICA DEL ODIO

BANDA SONORA: “Aesthetics of Hate” (Machine Head)

Desde aquel entonces la guerra había sido literalmente continua, aunque estrictamente hablando no siempre había sido la misma guerra. […] Oceanía estaba en guerra con Eurasia; por lo tanto, Oceanía había estado siempre en guerra con Eurasia. El enemigo actual representaba siempre el mal absoluto y de ello se derivaba que cualquier acuerdo con él, pasado o futuro, era absolutamente imposible.

George Orwell, 1984

La Era de la Información. Así se ha venido a denominar con frecuencia el tiempo que nos ha correspondido a aquellos que vivimos en un mundo en el que ya encontramos perfectamente integrados los medios de comunicación de masas, encabezados por ese monstruo informe e hipertextual al que llamamos Internet. La información es poder, y así ha sido desde el momento en que ésta pudo ser atesorada, ocultada y manipulada para beneficio de su poseedor, llegando a convertirse en natural botín del enemigo, sea espía del bando contrario o bondiano tiburón de los medios. Controlar el flujo, naturaleza y apariencia de la información supone ostentar el poder. Y de nuevo volvemos a las actuales fuentes infinitas de información, facilitadas por la mentada herramienta diabólica, Internet, cuyo objetivo inicial (no es casual) era crear un canal seguro de información durante la Guerra Fría.

Masificado ya, Internet ha servido para encender revoluciones que han cambiado regímenes durante la Primavera Árabe o, con un sabor más local, han abierto ojos y dado voz a movimientos sociales y reivindicaciones legítimas, especialmente desde el 15-M. Todos estamos conectados. Todos estamos informados…

Una red de redes es una herramienta genial… hasta que es a ti a quien lanzan la red.

…y entonces llegaron ellos. Julian Assange primero, Edward Snowden después; ambos aún en (moderada) cautividad por saltarse las normas impuestas por quienes creían controlar el flujo de información. Todos estamos conectados, sí, y la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA) lo sabe, y lo sabe bien. El conspiranoico Gran Hermano y las telepantallas nos los instalamos nosotros en casa, y de repente toda nuestra vida privada estaba al alcance de un clic del operario de turno. Recordemos: la información es poder. No en vano, con el control de la información y su manipulación, estos dos hombres deben permanecer “ocultos” por revelar la mala praxis en torno a la privacidad, pero también en torno al papel de las barras y estrellas en sus numerosas guerras recientes. Estos dos hombres, a día de hoy, son el enemigo.

Son el enemigo por mostrar, entre otras cosas que “Oceanía no siempre estuvo en guerra con Eurasia”, e incluso cuando lo estaba oficialmente, extraoficialmente seguían siendo aliados de forma moderada. Hablamos de las guerras en Oriente Medio. Hablamos de cómo muchos de los problemas que allí se suscitan provienen de gobernantes colocados en su puesto por los países que ahora se les enfrentan. Hablamos de que las milicias y grupos (ahora) terroristas están integradas por hombres y mujeres con formación militar provista por sus adversarios. Es por esto que, con la información fuera de control en mano, los informantes son el enemigo… mientras el espionaje y las malas prácticas siguen su curso, por supuesto.

Internet es también ahora la herramienta del enemigo, como medio de captación de “feligreses” para la causa yihadista, o de difusión de sus actos, decapitaciones y vídeos propagandísticos. Así, la Era de la Información se convierte también, según el punto de vista, en la Era de la Sobreinformación y, faltaría más, la Desinformación, de la información sesgada y manipulada para intereses propios y ajenos, para construir enemigos y, sobre todo, enemigos de mis enemigos. La enemistad y su máxima expresión, la guerra, son el motor del mundo.

“La existencia es un perpetuo estado de guerra”, reza una de las lecciones que deben aprender desde la infancia los agentes de espionaje del cómic Zero, de Ales Kot. “La guerra está en nuestra sangre. La guerra nos mantiene vivos”, exclama el alumno más frío y eficiente. Y no va desencaminado el futuro agente, en tanto en cuanto pertenecemos a una civilización fundamentada en la religión, en buena parte; y todas las religiones mayoritarias se sustentan en la idea de un paraíso, de un más allá que promete felicidad. Frente a tal noble propósito se encuentra el castigo (el infierno) y aquellos que tratarán de impedir que alcances esa espiritual Tierra Prometida, encarnado en el Demonio en las religiones bíblicas. El Enemigo, por excelencia (término que recuperaría el católico Tolkien para evitar dar nombre al Gran Mal de su epopeya).

UN ESPEJO RESQUEBRAJADO

BANDA SONORA: “Darkness Within” (Machine Head)

¿Qué va a encontrar aquí esta pobre perdida? Lo mismo de siempre. El hombre contra el hombre. El grupo contra el grupo. Los mil millones de rostros del estúpido tribalismo arbitrario. Patriotas y acólitos, revolucionarios y terroristas, nosotros y ellos. Hazme caso: si pasas algún tiempo vigilando el rebaño, aprendes rápido que llevamos el odio en el ADN. La humanidad. >ay< Qué desastre. Sólo nos unimos de verdad en oposición a todos los demás. Es como si literalmente no pudiéramos vivir sin buscar pelea.

Simon Spurrier, X-Force #12

Éste es el escenario en el que se mueven los X-Force de Simon Spurrier, un escenario real en el que se tratan estos temas en un drama bélico postmoderno con (inevitables) elementos de ciencia-ficción que es fiel reflejo de la situación sociopolítica mundial ya desde su planteamiento: el Nosotros contra Ellos como raison d’être en un grupo de personas emocional y psicológicamente rotas que alivian su inestabilidad a través de violencia pura, con “El fin justifica los medios” escrito en la frente. Empleando todo su primer arco para mostrarnos un recorrido preliminar por esas mentes resquebrajadas que conforman el elenco, alternando el narrador protagonista en cada uno de los seis números que lo conforman, Spurrier nos deja claro que esto son algo más que personajes.

X-Force: víctimas y verdugos

Como personificación de esa reduccionista Era de la Información, el guionista presenta en el arranque a una nueva mutante, Meme, término popularizado en el último lustro del que recupero la ácida segunda acepción del informal Urban Dictionary: “un pensamiento o patrón de pensamiento generalizado que se replica a sí mismo a través de medios culturales; un código parasitario, un virus de la mente especialmente contagioso para los niños y los impresionables”. Rescatada por el equipo de Cable de las garras de un equipo de operaciones secretas del gobierno indio, su cuerpo permanece en estasis, apagado, pero su consciencia se manifiesta como una IA viviente capaz de conectarse a todo tipo de comunicaciones y aparatos electrónicos. Ella representa a Internet, información pura hecha píxeles flotantes y parlantes.

La segunda miembro del equipo es la vieja conocida Médula, superviviente de la masacre mutante en los túneles Morlock y sin poderes desde el Día M… Hasta que los recuperó, por razones desconocidas, tras el llamado Incidente Alexandria, un evento del que poco conocemos al principio, pero que vio a los disfuncionales miembros del equipo azarosamente reunidos para presenciar lo que a ojos del resto del mundo fue una inmolación mutante que se saldó con tres mil muertes. Médula, mentalmente desequilibrada tras perder a su criatura y desconectada de la realidad para tratar de salir adelante, pasa de madre soltera a fuerza de la naturaleza con unos poderes grotescamente desatados y una diarrea verbal que choca frontalmente con el Doctor Némesis. Mutante fetiche de Spurrier desde que lo convirtió en protagonista de su X-Club, la reinvención del cínico Némesis en un trasunto científico-verborreico pasivo-agresivo del guionista es el cerebro avanzado de este grupo de operaciones especiales, en el que destaca por no tener ningún tipo de instinto asesino (mientras tenga su café a mano). Ambos representan el Caos y el Cosmos dentro del equipo, respectivamente.

Con nosotros o contra nosotros. No son tiempos de medias tintas.

Y de una no-pareja, Spurrier pasa a otra, irremediablemente rota, empezando por Mariposa Mental. La British lady transformada en asesina letal, guardiana fallida del orden emocional del grupo, arrastra una obsesión: la sangre. Años de pertenencia a grupos en los que la violencia era el pan de cada día han hecho de Betsy Braddock la representación del soldado que regresa del frente, para el que, en realidad, nunca le prepararon emocionalmente, y se trae la guerra a casa, dentro de una mente traumatizada. En numerosas ocasiones hemos visto representado este hecho en los últimos años, tras las guerras de Afganistán e Iraq, y aquí la señorita de la katana apacigua su lucha interior entre lluvias de sangre. Aunque se guarda la violencia verbal, corrosiva, para los patéticos intentos de reconquista de un Fantomex incompleto. Tras el final de la etapa de Rick Remender al frente del equipo, el impostado franchute vio dividida su consciencia en tres cuerpos, estando el presente marcado por una programación mental que le hace creer que es perfecto. Esta falacia lo trastorna cada vez que es rechazado, humillado o, simplemente, incapaz de llevar a cabo una tarea. El estrés postraumático convertido en festival homicida en busca del nirvana de la autocomplacencia.

Mate.Feed.Kill.Repeat

Y por último, en el centro de todo, la personificación de todos los ideales y taras de la guerra perpetua, el hombre en conflicto, el guerrero eterno, el bucle de violencia que comenzó a desatarse en la década de los 90 hecho carne: Cable, el soldado del futuro. “La nación mutante necesita un equipo para el juego sucio. Somos nosotros”. Con esta frase define el Hijo de Askani a sus X-Force, los agentes del Mossad para el homo superior, sin que los mutantes hayan tenido voz o voto en la elección de “sus protectores”. De hecho, el ilustradamente despótico Cable se limita a informar a los principales representantes de su “nación”, con la decisión ya tomada. “Esta mujer es una víctima de esa guerra que habéis estado ignorando”, les espeta en alusión al cuerpo inconsciente de Meme.

Sin embargo, tras la máscara del deber y la justicia (por su mano), Cable tiene intereses personales: en el mencionado Incidente Alexandria su hija Hope quedó en coma, y no hay señales de que vaya a despertar a corto plazo. Está claro que es un motivo más noble que expoliar reservas de petróleo, pero cuando se está hablando de quitar vidas ajenas antes de que se las quiten a los tuyos, todas las fichas de tu parte del tablero deberían estar al tanto de por qué están luchando. Aun así, los peones nacieron para caer…

ELLOS NO SON COMO NOSOTROS

BANDA SONORA: “Who We Are” (Machine Head)

Con este poder puedo construir una red con sus almas. Con este poder podría destilar sus esperanzas y sueños en cócteles puros de pensamiento. Pero no son sus esperanzas y sueños lo que quiero. El entumecimiento. La rabia. La inseguridad. La temeridad. La confianza finísima. La envidia. La soledad. El dolor. Estamos rotos. Oh, sí, dios, pero al menos lo sabemos.

Simon Spurrier, X-Force #15

La guerra como motor del mundo. Hablamos del progreso a través de la sangre ajena. Hablamos de la muerte como paso previo a una nueva vida. Hablamos de la potencialidad creativa de la violencia. Hasta una de las representaciones del amor en la mitología griega nace de un acto de pura violencia: Afrodita surgió de la espuma que levantó la caída de los testículos de Urano en el mar después de que Cronos se los arrancara (sí, la escena previa a El nacimiento de Venus no sería tan bonita de representar…).

Violencia generativa

Y en un ambiente más terrenal, para culminar la fecundación y reproducción humana es necesario atravesar el himen: el ser humano nace de la violencia y vive, por tanto, por y para la violencia. En un mundo condicionado por ésta, en su vertiente bélica, resulta imprescindible la perpetuación de la guerra. Más allá de los intereses de las empresas armamentísticas, la mejor herramienta de control mental de la población siempre ha sido la creencia en que existe un enemigo, un “ellos” que se opone al “nosotros”, un infierno que trata de negarnos nuestro cielo. Preocuparse por enemigos externos aleja la atención de los problemas internos y, a día de hoy, la guerra en Siria y el conflicto en Oriente Medio (el cual suele alcanzar picos y valles en función de lo ocupados que estén los países “desarrollados”) es la diana predilecta para países que financian los regímenes a los que se enfrentan. O dicho de otro modo, los países poderosos pueden permitirse fabricar y hacer uso de las violentas distracciones, los “ellos”, según convenga.

Análogamente, los X-Force de Simon Spurrier son, literal y figuradamente, la expresión viva de este hecho: el líder del grupo se inventa una guerra contra “ellos” que ya van ganando, pero para la que, según él, es necesario atacar proactivamente… para evitar hacer frente a los problemas internos, psicológicos, personales de cada uno de los miembros. Y es que, por si fuera poco, los propios mutantes han sido en los últimos años los principales enemigos de sí mismos, entre cismas, asesinatos de líderes icónicos, desconfianzas y creación de bandos enfrentados que en el fondo buscan lo mismo. Y si hablamos genéricamente de los héroes Marvel, este año acabamos de entrar en uno de sus más cacareados y definitorios eventos: otra Guerra Civil.

¿Guerras superheroicas o el mayor espectáculo de fuegos artificiales? Un poco de ambas.

Pero, ¿qué sería de ellos si vivieran en paz y armonía? Ah… ¿Es la guerra también el principal motor de todas las historias? Ni que una de las primeras grandes obras de la literatura universal fuera una epopeya bélica…

Y hasta aquí mi reflexión suscitada a partir de la relectura de los X-Force de Simon Spurrier (recopilados en dos tomos, aquí y aquí). ¿Alguno de vosotros, zhéroes y zheroínas, ha leído esta etapa? ¿Qué os pareció? ¿Y alguno que quiera leerla ahora? En cualquier caso, ¿qué opinión os merece esta reflexión sobre la violencia como arma artística?

Os recuerdo que Gravedad Zhero es la sección de opinión de nuestra web y que, por tanto, los argumentos aquí vertidos son exclusivos del redactor o redactora. Así que, si no estuvierais de acuerdo en algo, hacédselo saber en los comentarios, pero no lo hagáis extensivo al resto de compañeros de Zona Zhero.

¡Nos vemos en la Zona!

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2 Respuestas

  1. Joe Runner dice:

    Siempre he pensado que el odio al prójimo y el constante estado de guerra es el causante de que las masas se unan para ir juntas en una misma dirección, y es algo que me da mucha rabia. Grandísima reflexión Ander, cimentada sobre datos reales y “fantásticos” de la mano del siempre acertado Si Spurrier. No he leído esta etapa de X-Force, pero me la has vendido al 100%. Siempre es un placer leer entradas tuyas, pero cuando éstas van sumadas a reflexiones de tu propia cosecha todavía más. ¡Qué bueno que viniste, Ander!

    • No la leíste porque era carne de podcast, cuando todavía había podcast. No os di la caca ni nada con ella xD

      Y sí, creo sinceramente en que amor y violencia son los motores del mundo, individualmente y socialmente. Aunque sea el amor a uno mismo y su reverso, el odio a “los otros”. Ambos sentimientos, muy primarios, son el yin y el yang de nuestra especie. Y cultural y artísticamente no iba a ser distinto. Estas reflexiones me ayudan tanto a entender la obra como a sacarle jugo, un aprendizaje, algo.

      ¡Gracias por comentar!

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