Gravedad Zhero #13: (DES)ENCANTO NO ES PARA TI

El torrente de películas, series, cómics y libros que tenemos a nuestra disposición hace que a mucha gente se le olvide que los artistas, sean de la disciplina que sean, crean, perfilan, dan forma y presentan sus obras al público, no siempre esperando que sean bien recibidas o entendidas por todos y cada uno de los individuos que lo componen. En sentido inverso la cosa no funciona igual porque hay gente que se sigue empeñando en ver y seguir cosas que no son para ellos.

He elegido la nueva serie de Matt Groening, Disentchantment, para tratar (de usted) al público porque, en menos de un mes, ha conseguido alborotar a varios sectores del distinguido de dos formas que, al menos a mí, me tienen ya un poco cansada. Y es que, amén de los colectivos amantes de un sinfín de cosas que se ofenden con cada línea de diálogo, Desencanto se ha encontrado con dos frentes abiertos sin comerlo ni beberlo que, en mi humilde opinión, ni se merece ni se comprende.

Nunca sobran tontos en los pueblos.

Cualquiera que tenga una cuenta en Netflix sabe que la plataforma te envía un mail avisando de que la serie ya está disponible para su disfrute. Pues bien, antes que ese mail, llegaron los llantos de los iluminaos de turno diciendo que “no vale la pena”, “no son Los Simpson”, “Matt Groening tú antes molabas”. Pues no, no son Los Simpson. Nada es Los Simpson ni nunca lo será. Y si pensáis lo contrario jamás disfrutaréis de ninguna serie de animación. Con los primeros capítulos de Futurama pasó lo mismo, y es evidente que no son Los Simpson, pero es una serie cojonuda y Bender un semidios de metal.

A pesar de que Desencanto está bien planteada, de tener unos personajes bien construidos y más que potentes (una princesa beoda como protagonista y ese Elfo, por favor), de no dar tregua a la broma sin parar de lanzar pullas hacia todo lo pullable de la sociedad, de antes y de ahora, y contener decenas de easter eggs y referencias, los que se han alzado como Señores de la Opinión no dudaron en darle brea desde el primer capítulo. Sin saber, sin conocer, sin apenas mirar, por el simple hecho de ser los primeros en opinar de algo, aunque su opinión no valga más que la de nadie y no aporte nada. El público no es unívoco y todos tenemos derecho a reaccionar y opinar ante lo que se nos expone como individuos, pero las críticas, positivas o negativas, necesariamente deben ser constructivas.

Yo no puedo con toda esta gente y su líder, el borrego.

Hemos llegado a un punto en el que se está confundiendo manejar una cuenta de tuiter o de youtube con tener que opinar de todo, como si fuera una obligación. De todo, hasta de lo que ni nos va ni nos viene, el caso opinar y, si eres de los primeros, mejor. Aunque no tengas ni idea de lo que hablas, aunque te equivoques, aunque no justifiques ni bases tu opinión en nada, mejor. Siempre mejor. Polémica porque sí. ¿No es para ti? Pues a otra cosa, mariposa. Pero no, cuantas más cabezas huecas vertiendo contenido vacío, mejor. Cuantos más llantos por lo que pudo ser y no fue, mejor. Cansinos.

Pero lo peor no es el bocachancla sin filtro de turno, insistiendo en que su opinión es la válida y menospreciando la contraria. A ese se le ignora y punto. Hay algo mucho peor para el arte y que se encuentra detrás de cada campaña “en contra de”: las asociaciones de padres. Hace un par de semanas que vengo leyendo que hay varias intentando que este título sea dado de baja del catálogo de Netflix porque están emitiendo contenido que no es beneficioso para los niños… en una plataforma de pago que filtra y cataloga lo que ofrece, por secciones (en el caso que nos ocupa, animación para adultos) e incluye un usuario restringido que obvia estas secciones para que los infantes no vean nada inapropiado.

¿Quién anda ahí? ¿Un niño?

El resto del planeta no tenemos por qué pagar la falta de comprensión lectora, y del funcionamiento de la vida en general, de cuatro alterados que, de nuevo, ven un altavoz para reclamar sus derechos pero que no cumplen con sus obligaciones. Queridos padres: presten atención a lo que ven sus hijos. Presten atención a sus hijos. Ocúpense de vigilar y controlar a sus retoños y a lo que acceden sin molestar a los que no hemos querido ser bendecidos con ese don.

Matt Groening debe estar ya acostumbrado a estas tonterías paternalistas cada vez que crea un nuevo universo, pero yo no. No lo entiendo. Cuando era pequeña, Los Simpson los emitían en la 2 a las once y pico de la noche y no había ni un atisbo de duda de que algo que ponían en ese horario era para mayores. Tú te ibas a la cama (y te buscabas las vueltas para levantarte y ver lo que fuera) porque no era para ti y punto. Ahora, con las plataformas y la televisión digital, es más complicado controlar a qué hora sale el qué en tu tele, pero no podéis esperar que los contenidos (televisivos, de páginas web…) se ajusten a las edades de vuestros hijos porque es al revés.

… y si lo mezclas con cocacola te sale kalimotxo, hija mía.

Los niños y las redes, como en la pesca, cuanto más lejos estén, mejor, porque al final se enredan y a ver quién deshace luego ese lío. Si se puede deshacer. No sería la primera vez que un menor deja sus datos en un blog, por muy inocente que sea tanto la intención como el blog, o le da su teléfono a su ídolo (en el mejor de los casos) para que le agregue al whatsapp como si eso fuera un logro en la vida. ¡Contengan a sus pequeñas bestias, señores! Ellos son el futuro. Los iluminaos del futuro, los mujereshombresyviceversas del futuro, las manadas del futuro… No sé si me explico.

Nosotros ya estamos perdidos, pero, ya que las tenéis, ocupaos de vuestras criaturas para que próximas generaciones entiendan y comprendan el arte como lo que es, una forma de expresión dirigida al que lo quiera recibir y apreciar. Ojalá suceda. Y lo digo en serio, pero totalmente desencantada.

¡Nos vemos en la Zona!

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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1 respuesta

  1. La serie es cojonuda. Es cierto que tarda en arrancar, pero luego engancha cosa mala.
    ¡Soy Elfo! Brutal.

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