GOTHAM. La ciudad más oscura.

Título Original: Gotham
Fecha 1ª emisión: 22 de septiembre 2014
Cadena: FOX
Creador: Bruno Heller
Temporadas: 4 (en emisión)
Episodios: 77 (y sumando)
Reparto: Ben McKenzie, Donal Logue, David Mazouz, Sean Pertwee, Robin Lord Taylor, Camren Bicondova, Cory Michael Smith, Erin Richards, Drew Powell, BD Wong, Morena Baccarin, Jada Pinkett Smith, Victoria Cartagena, Zabryna Guevara, John Doman, Andrew Stewart Jones, Chris Chalk, James Frain, Jessica Lucas.
Valoración: Freakshow gothamita /10

Quizá me equivoque, pero el lapso de tiempo entre la muerte de los padres de Bruce Wayne en el callejón del Crimen y lo que podríamos considerar el principio de Batman como protector de Gotham, el Batman: Año Uno de Frank Miller, es un vacío casi total. Y digo casi porque no tengo ahora mismo un conocimiento exacto y no quiero quedar como el iluminao de turno. Todo se ha centrado siempre en el personaje, en la figura de Batman teniendo como principio sus primeros pasos como el inexperto encapuchado enmascarado, así que una idea audiovisual de una Gotham primeriza en relación con los elementos tan conocidos del murciélago, era una idea por explotar muy atractiva y con infinidad de posibilidades.

«Te prometo que, sin importar cuan oscuro o tenebroso parece el mundo en este momento, habrá luz.»

La serie creada por el veterano guionista británico Bruno Heller se presentaba como una precuela de los cómics de Batman centrada en la adolescencia de Bruce Wayne y en la llegada de un novato Jim Gordon al departamento de policía de Gotham. Una especie, y esto salió de la boca de varios de sus responsables, de Smallville, donde todo acabaría enlazando con la mitología del origen del murciélago. Pero esa idea inicial fue tragada sin compasión por todo lo que estaba por llegar, así que tened los ojos bien abiertos y cuidado por donde andáis que hablamos de Gotham.

Dejando de lado el propio nombre de la serie, cuando uno lee la sinopsis lo primero que se le viene a la cabeza es que los encargados de elaborar los guiones, pensarían adaptar las historias que Ed Brubaker y Greg Rucka nos contaron en las viñetas de Gotham Central a lo largo de cuarenta números entre 2003 y 2006. Una base muy sólida donde ir cogiendo ideas de aquí y allá para moldearlas a su gusto. Que Bruce Wayne solo sería un mero espectador dado su estatus (pero obligada presencia en la serie) siendo la policía el eje central de la acción. Un trabajo policial sucio, corrupto, muy callejero y con sus propios tejemanejes con la mafia, que tuviera dos líneas bien definidas pero unificadas: la de su estilo en sí, pero siempre manteniendo la conexión con los cómics. Sí, pero no.

Una vez advertimos que el joven Bruce Wayne va acaparando más protagonismo pese a su rol secundario inicial, nos percataremos que da igual que muchas situaciones nos chirríen o nos parezcan forzadas (incluso algunas, ya avanzada la serie, absurdamente descaradas) ya que acabas dándote cuenta que eso cada vez importa menos y que todo lo que acaba rodeando las escenas que tenemos ante nuestros ojos, consiguen que parezcan creíbles (a su manera). Estabais advertidos, pero si habéis entrado en esta ciudad perdida y sin esperanza, sólo queda dejarse llevar y daros cuenta que aquí solo queda aferrarse a lo que sea para sobrevivir. Correr ya no es una opción.

Apatrullando la ciudad.

La serie está cargada de mitología, eso es innegable. La cantidad de referencias, nombres y localizaciones, que podría parecer todo un quebradero de cabeza para los encargados de ello, funciona y, aunque no rompe la verdad canónica de Batman, juega con la cronología (muy descaradamente) y la historia de sus personajes de una forma tan brillante y atrevida que en muchos momentos roza, y hasta lo consigue, lo esperpéntico. Según Heller en una entrevista concedida en la presentación de la serie en 2014: “todo fue pensado para ser lo más real posible, sin disfraces ni superpoderes”, y aunque no mentía en lo primero, lo segundo se le fue un poco de la manos.

Pero en lo referente a las viñetas ningún lector puede quejarse, ya que aunque muchos son de libre adaptación y hacen lo que quieren con ellos, es incontestable que toma ideas interesantes y de diferentes épocas del murciélago y alrededores. Un Alfred (Sean Pertwee) influenciado por el de Geoff Johns en Batman: Tierra Uno, un villano como Jerome Valeska (genial actuación de Cameron Monaghan) que parece sacado de La Muerte de la Familia de Scott Snyder. Incluso referencias misteriosas que irán saliendo a la luz de La Corte de los Búhos, también del guionista neoyorkino en su etapa durante Los Nuevos 52, que combinará los propios cómics con el imaginario original de los guionistas de la FOX. Todo muy loco, sin respiro pero que huye del hastío en pos de personajes entrando y saliendo, algunos sin ton ni son pero que si desentonan, importa bien poco.

Bienvenidos a Arkham, ciudad de vacaciones.

Si hay algo que sus responsables consiguen a muchos niveles es la recreación de la ciudad, logrando hacerla casi atemporal mezclando elementos tan actuales como otros más retro y antiguos. Interiores de casas recargadas y contaminadas mientras que lo opuesto, la opulencia de la clase alta gothamita llega a ser casi asfixiante. Rodada casi en su totalidad en la ciudad de Nueva York, sumado a la magia del CGI, sólo algunos interiores se construyeron expresamente para ello y se rodaron en el Brooklyn Steiner Studios (como los de la mansión Wayne). FOX crea la Gotham que todos hemos leído cientos de veces. La ciudad que siempre vigila, que puede devorarte y escupirte en cualquier callejón donde vagabundos y criminales de poca monta siempre merodean.

Calles sucias repletas de gente, alcantarillas humeantes y una oscuridad amenazante incluso de día que recuerdan a las de la etapa de Norm Breyfogle y que cuentan, como no, con la incorporación del manicomio Arkham y de la prisión de Blackgate, que llegan a forman un interesante triángulo opresivo merecedor de la ciudad y donde Jim Gordon (Ben McKenzie) y Harvey Bullock (Donal Logue) darán más de un paseo desde la comisaría. No hay que olvidar la entrada y salida de villanos y mafiosos (como si de una puerta giratoria a lo Gobierno de España) como mandan los cánones establecidos.

Oswald Cobblepot, camarero, mafioso y pingüino.

Lo que me sorprendió, y es la razón por la que me he animado a hablar de ella, fue que todo lo que inicialmente me atrajo, ese tono de cine negro, serio, de policías con sombrero y placas relucientes, todo ese trazo detectivesco clásico dentro del universo de Batman y los personajes que había leído en viñetas y que, ya fuera de forma descarada, renovada o simplemente tenue, estaban aquí dando forma a una serie, como ya he dicho en principio: procedimental, pero con la influencia de saber en qué se basaba. Todo eso da paso, casi sin darte cuenta, a un batiburrillo de personajes, luchas y enfrentamientos entre malos y buenos o malos y malos, ¡o todos contra todos! que, si bien empezó con cuentagotas y con sutiles referencias, acaba convertido en un pasacalles carnavalesco de disfraces, cuero y antifaces donde la mafia organizada liderada al principio de la primera temporada por Carmine Falcone y Salvatore Maroni (interpretados por John Doman y David Zayas respectivamente) acaban siendo meras comparsas.

Esa dualidad, como si habláramos de Dos Caras, acaba mezclándose de una forma genuina y donde lo que chirriaba al principio, ahora acaba siendo natural e incluso lógico dentro de la orquestada locura que acaba formándose. Veremos situaciones disparatadas, hostilidades a diestro y siniestro (algunas razonadas y otras a lo pollo sin cabeza) mientras que la trama principal sigue avanzando sin frenos. Todo ello con un sentido del ridículo disfrutable y de pura acción en la mayoría de escenas. Robin Lord Taylor como el Pingüino o Erin Richards como Barbara Kean son dos buenos ejemplos de la libertad argumental y el descaro al que están sometidos, donde podremos ver una evolución interesante que sorprenderá a más de uno.

¡Party hard, party hard!

La serie de la FOX tiene un nivel aceptable, muchas virtudes y, sobre todo, un montón de cosas más que no voy a contar para seguir alimentando esa curiosidad (si aún me sigue leyendo alguien). Un descarado sentido del humor sobre sí mismo del que creo no sea ni consciente gracias a esa transformación de cine negro moderno a pasarela de freaks disfrazados de serie B tan deliciosa como para que sea un placer culpable del que disfrutar. Hay gente para todo. Llamadme temerario, pero yo me quedo en Gotham.

¡Nos vemos en la Zona!

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