GOD COUNTRY, de Donny Cates y Geoff Shaw

 


Título original:
God Country TPB

Sello: Image Comics
Guionista: Donny Cates
Artista: Geoff Shaw
Coloristas: Jason Wordie y Dee Cunifee
Contenido: God Country #1-6 (Ene. – Jun. 2017)

Publicación USA: Agosto 2017
Publicación España: Febrero 2019 (Panini)
Valoración: De lo mundano, lo divino y una espada de cuatro metros que habla…

 

Un tornado de proporciones bíblicas irrumpe en una zona del oeste de Texas dejando tras de sí una espada gigantesca. Emmett Quinlan, un anciano con demasiados problemas como para detallarlos aquí, se hace con la espada, que responde al nombre de Valofax y posee un poder imposible. Las cosas cambiarán por completo en la vida del viejo Emmett, pero hay dioses que reclamarán para ellos a Valofax y entonces empezarán los verdaderos problemas para la familia Quinlan. Os estoy hablando de…

GOD COUNTRY
de Donny Cates y Geoff Shaw

Dos nuevos participantes en el concurso «Quien la tiene más larga» (el arma).

Siempre he pensado que la exageración es divertida. Una manera de darle una pizca de interés a una buena historia que estés explicando es ponerle toda la pasión de la que seas capaz. Solo así tu historia destacará por encima de todas las historias que cualquiera podría explicar y la gente se dará cuenta que es algo más que una simple anécdota. Para God Country, el cómic que nos atañe hoy, Donny Cates ha querido explicar una historia intima, mundana, un canto al amor y a la familia, a lo efímera que es la vida y al valor que tienen los recuerdos cuando ya solo te queda eso, recuerdos de una vida que está tocando a su fin. Lo que a priori podría explicarse de una manera sencilla, Cates lo ha envuelto en una grandiosidad épica, empezando con un tornado como no se ha visto otro y acabando con una lucha entre dioses que desafían a la comprensión humana.

Los protagonistas de la obra son dos familias: una humana, compuesta por Emmet Quinlan, su hijo Roy, su nuera Janey y su nieta Deenay por otro lado una formada por dioses con Attum como el Dios de los Reyes y sus dos hijos Aristus y Balegrim. Y da igual que sean humanos o dioses, son familia y en todas las familias hay problemas. La diferencia esgrima en cómo se afrontan esos problemas y, mientras los humanos apuestan por el amor y la esperanza, los dioses basan sus relaciones en el miedo y el poder, lo que les llevará irremediablemente al fracaso. Cuando los intereses de las dos familias entren en conflicto la única posibilidad de sobrevivir para Emmet será su amor incondicional por los suyos y, con esa convicción, afrontará una batalla que de otro modo nunca podría vencer.

Arruina una cita en cuatro palabras: te recordaba más grande.

Si bien es cierto que el amor por su familia, narrado en escenas maravillosamente emotivas , es la mejor arma de Emmet, no es menos cierto que empuñar una espada de casi cuatro metros siempre ayuda. No digamos si esa espada responde al nombre de Valofax y no es solo todopoderosa sino que tiene conciencia propia, lo que le permite mantener grandes diálogos con el viejo que la blande. El origen de la naturaleza misma de la espada, narrado en apenas dos viñetas, es todo un puntazo que aquí no desvelaremos, pero viene a suponer un ejemplo más de como Cates ha otorgado de toda la épica que ha sido capaz a esta obra sin dejarse nada en el tintero.

Valofax hace de puente entre humanos y dioses. A la postre es el desencadenante de todo el conflicto y también el ancla al que se aferra Emmet para no perder de nuevo aquello que nunca pensó que podría recuperar. Como sabéis, el poder corrompe y esta espada es todopoderosa, por lo que también será el foco de la batalla interna en el seno de la familia Quinlan. Si el origen de Valofax es increíble no es menos sorprendente su destino, que obviamente tampoco desvelaremos y que viene a remarcar el verdadero significado de la obra, oculto entre batallas brutales más grandes que la vida. Va a sonar raro lo que voy a decir, pero siendo una espada (bueno, mucho más que una espada, pero ya me entendéis) Valofax me ha parecido uno de los mejores personajes que uno se pueda encontrar en un cómic.

Con la espada Valofax podrá descuartizar y desollar a sus enemigos sin esfuerzo.

Y Valofax es solo un acierto más de Donny Cates, uno de los guionistas de moda y que parece que vuelve oro todo lo que toca. A su divertídismo Thanos hay que sumarle la extraordinaria labor que está haciendo en Veneno y ya en la recamara tenemos la miniserie del Motorista Fantasma Cósmico junto a la nueva serie de Los Guardianes de la Galaxia. Si bien God Country es anterior a toda esta escalada fulgurante que el guionista está viviendo en Marvel, ya se podía entrever un guionista con voz propia y un talento innato para crear nuevos mundos con su mitología propia y habitarlos con personajes grandilocuentes e inestables emocionalmente. Pero donde realmente gana Cates en este cómic es en las distancias cortas, en los diálogos entre la familia Quinlan, en la entereza que demuestran cuando todo está perdido y en el amor que destila nuestro protagonista por su difunta esposa con una escena tan emotiva que es fácil sentir un escalofrío al leerla.

El dibujo de Geoff Shaw, habitual en los cómics de Cates, esta fue su segunda colaboración y luego ha participado en dos más, es sencillamente espectacular. A un trazo muy limpio que siempre deja claro que está sucediendo en la viñeta, Shaw le suma una capa de rayas para oscurecer los rostros logrando más expresividad por contraste. Tiene una visión muy buena para conseguir siempre la mejor perspectiva en cada escena, dominando el espacio y la proporcionalidad para abrumar al lector con imágenes potentes. Un dibujo increíble apoyado en un color que sabe resaltar las virtudes de Shaw y que además consigue una ambientación tenebrosa que le pega como un guante a la historia. El trabajo de Jason Wordie (apoyado por Dee Cunifee) consigue brillar con luz propia en una obra plagada de virtudes donde no es fácil estar a la altura de guión y dibujo.

En mi pueblo nos conocían por Carlos el de Manuel, o Manolo el de la Antonia y ya…

Hay cómics a los que precede una fama que te hacen desconfiar una vez afrontas su lectura y es destacable cuando, pese a todo, consiguen sorprenderte. Cómics que te hacen pasar un muy buen rato y cómics que siguen contigo mucho después de leerlo. Hay cómics que devoras en una primera lectura, cómics que no te cansas de releer y cómics que estas deseando releer. God Country es todos esos cómics. Y mucho más. God Country es un cómic exageradamente bueno.

Ya os he dicho que soy muy fan de la exageración, que encuentro que es divertida si se usa bien en una historia, como cuando explico aquella noche en la que perdí un libro de la biblioteca en una autocaravana. Pero eso, amigos, es otra historia…

¡Nos vemos en la Zona!

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CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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