GIDEON FALLS vol. 1: EL GRANERO NEGRO, de Jeff Lemire y Andrea Sorrentino

 


Título original
:

Gideon Falls: The Black Barn TPB
Sello: Image Comics
Guionista: Jeff Lemire
Artista: Andrea Sorrentino
Colorista: Dave Stewart
Contenido: Gideon Falls #1-6 (Mar. – Ago. 2018)
Publicación USA: Octubre 2018
Publicación España: Abril 2019 (Astiberri)
Valoración: Te beso en la boca si lo mantienes

 

 

La palabra pastiche suele tener un sentido peyorativo. La mezcla de cosas que ya conocemos en un producto con aspecto lustroso suele indicar una carencia de imaginación notoria, como esos remakes que los estudios americanos lanzan al cine de manera constante como signo evidente de sequía de ideas. Sin embargo, un pastiche bien hecho tiene algo de magia, un aroma que evoca los mejores recuerdos de una época en lo que todo lo que leías sabía a nuevo. Es un recurso de potencial ilimitado capaz de tocar las teclas de la nostalgia, que afianza el concepto sobre la que pivota mi ideario creativo: “No es tanto el qué sino el cómo”. No es un secreto que considero a Jeff Lemire el guionista paladín del pastiche, y que mi amor hacia su obra oscila con insultante facilidad hacia el odio en cuanto la colección en la que trabaja se alarga y él se dispersa hasta límites casi ridículos. Lo que comienza muy bien pronto se convierte en un desastre. Esta es la principal razón por la que sus planteamientos me dan más miedo que un mono ciego de speed empuñando una cuchilla. A ver qué es lo que pasa con este…

GIDEON FALLS
d
e Jeff Lemire y Andrea Sorrentino

Un tarado conspiranoico con una malsana afición por revolver en la basura en busca de astillas; un cura aficionado a la bebida que es exiliado a un pueblo perdido en el que pasan cosas extrañas; un granero negro que aparece con una constancia cíclica como heraldo de hechos horribles. Estos son los tres ejes sobre los que Lemire construye el primer acto de esta historia de terror que huele a Stephen King por los cuatro costados. Alternando de lugar en lugar con la única ligazón del ominoso y oscuro edificio, el guionista pone los ladrillos de una trama que te atrapa desde la primera página planteándote un buen montón de incógnitas, mientras construye de forma sólida una panoplia de personajes a los que lanzar al vacío existencial que se abre tras las puertas del granero. Gideon Falls es una aventura de terror típica de extraordinaria solidez, una obra de planteamiento tan inteligente como conocido que dosifica las sorpresas con prudencia milimétrica, dejando al lector con ganas de mucho más.

Pero donde de verdad esta serie estalla con una explosión de maravillosos fuegos artificiales, es en los dibujos de Andrea Sorrentino. Acompañado por el siempre genial Dave Stewart demostrando que es uno de los mejores coloristas del panorama americano, Sorrentino realiza un despliegue apabullante de estilo, narrativa y composición. El arte de Gideon Falls late con el ritmo de la historia. Desde las maravillosas portadas a la última página de cada capítulo, la tinta es un ente orgánico que se enrosca con la trama, fluyendo con ella, aportando la potencia visual necesaria para sumergirnos más si cabe en lo que está pasando. Sorrentino no se limita a ilustrar. No está allí para actuar de mera comparsa del guión. No es un elemento ornamental que transcribe al pie de la letra las palabras de Lemire. El dibujo de cada página de esta maravillosa serie es un animal vivo que se mueve, grita y se enrosca dolido por cada empujón, patada y puñalada. Es una bestia mutante que se activa con el propio horror. Un monstruo que escupe desasosiego y locura con cada composición, con el estilo variable de las viñetas que a veces incluso llegan a recordar al excelso Frank Quitely. Una auténtica obra de arte personal y arriesgada, donde la confusión no es más que un reflejo de la pulsión de sensaciones complejas que transpiran de la locura.

Narración, nivel Dios.

La única duda que me queda es la de si Lemire será capaz de mantener el pulso a esta historia de horror, y rezo para que la colección no se alargue en el tiempo más de la cuenta. A la larga, Lemire suele desinflarse como una rueda pinchada, y en este caso la debacle sería especialmente dolorosa ya que el terror es un género que no admite demasiado bien la dilatación artificial de los tiempos. Perdida la sorpresa, es muy fácil cagarla con apliques, parches y metáforas innecesarias.

Habrá que esperar al segundo tomo para saber lo que ocurre. Por ahora, el inicio es inmejorable. Más allá de algunos personajes peor definidos que parecen estar esperando su oportunidad para darlo todo en el segundo tomo, Gideon Falls es una lectura sobresaliente, placentera y llena de esa energía cuajada de mal rollo que tanto nos pone a los amantes del miedo. Un modélico ejercicio de tensión y pulso narrativo que te lleva de la mano hacia un desenlace que no por esperado se antoja menos sobresaliente. Lo único que me queda por decir es que solo espero que el segundo tomo de esta serie publicada en nuestro país por Astiberri salga cuanto antes, porque lo quiero leer YA. Pero ya de ya. No hay mejor sensación en la vida que la de ver tu ansia alimentada con el queroseno y el uranio enriquecido de un buen final en todo lo alto. Es el secreto del acero de cualquier guionista. No me falles esta vez, Lemire.

¡Nos vemos en la Zona!

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