GHOST IN THE SHELL, el anime de Mamoru Oshii

¡Cibernéticos saludos, zhéroes!

Mañana por fin se estrena la película live-action de Ghost in the Shell y en Zona Zhero lo estamos celebrando de una forma muy especial.

Entre ayer y hoy hemos publicado reseñas del manga y el anime que inspiraron a los guionistas del film que protagonizará Scarlett Johansson, y mañana culminaremos con la reseña de la película. Esperamos que estos artículos os sirvan de guía de cara al estreno o que, al menos, os haga acercaros a uno de los grandes títulos del cyberpunk.

Hoy le toca al formato que lo cambió todo. El anime que se convirtió en uno de los referentes del género cyberpunk y llevó esta historia más allá de las fronteras niponas.

Bienvenidos al Japón del año 2029. Bienvenidos a…

GHOST IN THE SHELL
de Mamoru Oshii



Título original:

Kōkaku Kidōtai (攻殻機動隊)
Año: 1995
Director: Mamoru Oshii
Guión: Kazunori Itô
Fotografía: Hisao Shirai
Música: Kenji Kawai

Reparto: Animación
Valoración:  Existencialismo cyberpunk 3 /10

 

 

Concretemos, porque hablar del “anime” de Ghost in the Shell es un concepto un poco amplio. Aquí hemos venido a hablar de la primera película de animación que surgió a raíz del manga de Masamune Shirow, pero que poco tienen que ver, y que tuvo una secuela nueve años después llamada Innocence. Más acorde con el manga, pero que tampoco sigue la misma línea argumental, se creó la serie Ghost in the Shell: Stand Alone Complex, que consta de dos temporadas, resumidas en un OVA cada una, The Laughing Man e Individual Eleven, respectivamente. Debido al éxito rotundo de la saga se produjo una serie de 5 OVAS a modo de reimaginación de la historia original que dio lugar a una nueva temporada de 10 episodios, titulados Arise: Alternative Architecture y de los que salió una tercera película, The Rising. Existe otra película más, derivada de la primera serie animada, Stand Alone Complex Solid State Society y cuatro videojuegos (creo que son cuatro) que siguen otras cuatro líneas argumentales distintas.

Tanta información solo cabe aquí.

Está claro que el imaginario que creó Shirow con su manga sentó una base muy sólida sobre la que construir un universo infinito, del que mañana nos llega su última versión en acción real. Pero esas son otras historias y, como he dicho, aquí hemos venido a hablar del origen del mito: Ghost in the Shell, el anime de Mamoru Oshii.

La historia del anime se desarrolla en el mismo contexto que el manga: año 2029, el mundo se recupera de la Tercera Guerra Mundial y la integración de la tecnología en el cuerpo humano ha sobrepasado lo imaginable. Además del uso de todo tipo de prótesis para potenciar el cuerpo, lo que queda de humanidad ahora se interrelaciona a través de una red telepática de la que se puede descargar información por medio de unos conectores implantados en la nuca (¿Te suena?). La guerra fría es lo que se lleva y los delitos tecnológicos son de lo que nos tenemos que defender. Más allá de piratear la web del gobierno o hacer saltar el sistema de seguridad de una empresa, el  nuevo terrorismo cibernético se centra en manipular cerebros. Y, para luchar contra ello, existe la Sección 9, donde trabaja la Mayor Motoko Kusanagi, en quien se centra Mamoru Oshii para contarnos su paranoia filosófica.

Encantada de conocerte, arriba las manos.

Que ella es la absoluta protagonista queda claro desde el grandioso y memorable opening, en el que vemos la construcción pormenorizada y montaje (o shelling) de Kusanagi intercalada con una lluvia de unos y ceros verdes sobre fondo negro (¿También te suena?) y acompañada de un coro que interpreta una esa inolvidable canción tradicional japonesa.  A golpe de percusión vemos cómo fabrican el cuerpo, el cerebro y el “alma” o ghost.

Aclaremos. Ghost in the Shell llegó a rebufo de esas películas de animación japonesa que aterrizaron en nuestro país cuando los “dibujos animados” eran para niños. Me extendería mucho más aquí para que comprendierais el impacto que estas historias ejercieron sobre toda una generación pero ya lo hice en este programa de El Descampao, con varios compañeros de la Zona, y más claro que ahí no os va a quedar (qué spam, ni qué spam), así que sigamos con el referente, junto a Akira, del género cyberpunk.

Queremos ver el salto en acción real… ¿Queremos?

La trama de esta versión es más seria, filosófica y trascendental que la del manga, dejando a un lado la comedia (¡Atención spoiler! No hay Tachikomas) y la acción de un grupo policial del futuro para centrarse en el contenido cultural y ético de las IA a través de uno de los hilos principales del manga: el Titiritero, el Marionetista, el Puppet Master… todo depende de la adaptación, el resultado fallido del proyecto 2501 que, lejos de ser una interferencia en el sistema como se cree al principio, se revela como una entidad que vive y piensa por sí misma y que ha tomado conciencia de su propia existencia. Un programa que gestiona su autopreservación conectado a una red más allá del entendimiento desde donde puede manipular absolutamente todos los sistemas y los ghosts de las personas.

Desde el momento que Kusanagi conoce el caso del Titiritero un montón de dudas existenciales acosan su cabeza (y la nuestra) haciendo que se obsesione: cada individuo es único, ya sea humano o cyborg, tenga componentes orgánicos o no, cada uno poseemos un espíritu que nos diferencia de los demás. Toda la información está ahí y el uso que hace cada uno de ella para sus propios fines es lo que forma cada una de nuestras conciencias. Pero si estas conciencias se pueden crear ¿qué es lo que nos hace humanos? ¿Nuestros recuerdos o pensamientos? ¿Quién nos asegura que los hemos creado nosotros y no es una experiencia inducida en nuestro cerebro pirateado? Pirateado por una máquina…

Una marioneta del titiritero.

Todas las inseguridades de Kusanagi sobre si su existencia es “real” (¿Qué es real?) se van trasladando a nosotros a lo largo de la historia gracias al particular estilo narrativo de Oshii. Es cierto que hay que verla un par de veces para entender una cuarta parte del conflicto moral sobre la creación que plantea, pero no hay que tenerle miedo al puñetazo cultural, pues precisamente transmite el impacto que la cultura occidental ha infligido sobre Oshii a lo largo de su vida.

Si las referencias a Ghost in the Shell, tanto teóricas como estéticas, que podemos encontrar en The Matrix (¿Ves cómo te sonaba?) son realmente innumerables, no son menos las que podemos encontrar en Ghost in the Shell sobre Blade Runner, o mejor dicho sobre ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick, y Neuromante, de William Gibson. Pero también contiene referencias a pinturas clásicas europeas, mitología griega y/o romana, a filósofos como Hegel, Kant o Schopenhauer  y a los principios básicos del determinismo biológico. Si alguna vez os invitan a un cinefórum  de Ghost in the Shell recordad llevar provisiones y una chaqueta, por si refresca.

Toda la información que acumula una persona en su vida no es más que una gota en el océano.

La guinda del pastel de este referente mundial la pone Kenji Kawai con la banda sonora. Como dije al principio, tirando de adaptaciones de música tradicional japonesa y valiéndose de un coro que hipnotiza, aúna el pasado, el presente y el futuro de Kusanagi. Kawai consigue emocionar al espectador, acompañando cada secuencia futurista con las raíces que las hicieron posibles, y que tiene los santos cojones de amenizar con una canción de boda (muy bonita y muy japonesa, claro, no lo que se estila por aquí) la escena del clímax. No tengo nada más que añadir señoría.

Que no lo digo yo, que lo dicen los premios al mejor guión, película y dirección de animación (tanto por ésta como por su secuela) y el reconocimiento a lo largo y ancho del globo ante una obra que tuvo su inspiración en el manga pero que, por sí misma, se convirtió en uno de los referentes cinematográficos del cyberpunk. Realmente imprescindible. 

Si quieres saber más sobre el manga o la peli, haz click en #Ghostzz y…

¡Nos vemos en la Zona!

Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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