GAIJIN SALAMANDER de Massimo Rosi y Ludovica Ceregatti

 

Título original:
Cold Blood Samurai TPB

Sello: Action Lab
Guionista: Massimo Rosi
Artista: Ludovica Ceregatti
Colorista: Renato Stevanato
Contenido:
Cold Blood Samurai #1-6 (Mar. 2019 – Ago. 2019)

Publicación USA: Septiembre 2019
Publicación España: Diciembre 2019 (Karras Comics)
Valoración: Bushidō anfibio

 

 

Puedo decir sin temor a equivocarme –ya que fue el propio Massimo Rosi quien me lo contó– que la semilla de Gaijin Salamander surgió gracias a su mujer, Lucrezia Benvenuti, y a un libro llamado Batracomiomaquia o la Batalla de los Ratones y las Ranas. Una parodia épica de La Ilíada que el propio autor sumó a su gusto por lo oriental y, ¡oh sorpresa! –o no– a unas tortugas antropomorfas que, según él, viven en Nueva York y luchan siguiendo las enseñanzas de su sensei en las artes marciales. La verdad que suena interesante. Tanto que indagaré a ver si es verdad. Je.

Un gaijin sin nombre recorre las tierras de Japón en busca de un propósito que cierre su ciclo en pleno apogeo de una guerra donde las tradiciones luchan contra la arremetida forzosa del progreso en el país nipón. Su destino le llevará a tomar decisiones que nunca pensó tomar y, sobre todo, a plantearse su lugar en una tierra a la que ama pero que le desprecia por su condición y que ve brillar las espadas de los últimos samuráis. Afilad vuestra katana que hoy veremos luchar a…

GAIJIN SALAMANDER
de Massimo Rosi y Ludovica Ceregatti

“La espada es el alma del samurái.
Es un símbolo alquímico y filosófico,
un arma sagrada o maldita.
Es su dueño quien decide su propósito”

Partiendo de la idea de que todo está inventado, las influencias a la hora de crear una historia dependen de cómo las utilices. Los tópicos bien utilizados funcionan, los tics habituales de cada género pueden sobreexplotarse y aun así gustar. Pueden esquivar el aburrimiento e incluso plantear al espectador puntos de visto que se le han escapado en otros formatos anteriores o con fórmulas diferentes. Resumiendo: puedes ser un ferviente seguidor de Akira Kurosawa o un amante de Usagi Yojimbo de Stan Sakai y volver a disfrutar de esta salamandra errante. El persistente conteo de influencias que nos empapan a lo largo de nuestra vida acaba siendo representado desde nuestra perspectiva más personal y esta es la experiencia de Massimo Rosi.

La historia camina en línea recta, firme, con un claro propósito que se nos plantea sin tapujos ni misterios mientras el guionista italiano se encarga de dar solidez a la historia mediante flashbacks perfectamente introducidos y, sobre todo, con la mezcla de ambos, pasado y presente, en momentos trascendentales e introspectivos de nuestro protagonista. Es como empezar un puzle por ambos lados para que, justo en el centro, todo encaje a la perfección. Rememoraremos su pasado como aprendiz, caminaremos en su presente y acompañaremos a su espada al ineludible desenlace tanto de él como de un país en guerra.

No sé nada acerca de cómo superar a otros…

Atravesaremos Japón y su guerra a través de la pérdida, del duelo y de la necesidad de venganza. Aprenderemos lecciones de vida gracias a una cultura, tan diferente y atrayente para el mundo occidental, plagada de tradiciones y enseñanzas milenarias puestas en peligro por el inevitable progreso y bajo el egoísta prisma del mercantilismo. Del dinero antes que todo. Nuestro particular protagonista sin nombre, un Clint Eastwood sin poncho pero con kasa, se verá envuelto en los sucesos que sufre el país del sol naciente siendo partícipe de la historia pero sin perder la importancia de su propio camino personal.

Pero Rosi decide no adentrarse en protocolos tediosos ni apabulla al lector con demasiado folclore social, estatus ni terminología. No pretende ser tan exhaustivo como la obra de Kazuo Koike ni es su intención rememorar la historia del Japón feudal de forma milimétrica como el conejo de Stan Sakai. Deja que los retales estén expuestos, que cierta libertad camuflada de acción sea la protagonista y que el lector se sienta cómodo, atento a cada personaje pero siempre centrado en la acción pura y dura. Es como si en lugar de leer Hip Hop Family Tree, de Ed Piskor, aprendiéramos la historia del hip-hop simplemente escuchando rap.

…sólo conozco el modo de superarme a mí mismo.

La honorabilidad como forma de vida, las ancestrales tradiciones de un pueblo milenario y el recorrido del guerrero. La errante desgracia del ronin. Bebe de tantas influencias cinematográficas que os recordarán a infinidad de películas del género presentando a un ser atormentado, con un carácter esculpido a través de la instrucción que busca una salida desesperada, anhelando un honor que muchos le niegan. Un Rurōni Kenshin sin ese apego a la no violencia, a la necesidad de derramar sangre. A usar el filo mortal de su espada si tiene que hacerlo.

Totalmente fascinado. Así me he quedado con un dibujo que vive en luces tenues y abusa de los negros pero que no deja de brillar en ningún momento gracias a los colores de Renato Stevanato, con cierto parecido a las tonalidades de Jordie Bellaire. Al dibujo, lo que consigue Ludovica Ceregatti con los lápices es un ejercicio limpio, intenso que aúna simpleza y preciosismo con unos detalles muy armónicos y expresivos. Tanto diseño de personajes como localizaciones se adaptan muy bien a lo antropomorfo, a lo oriental. Una coherencia constante que logran ambos autores y ayuda a la agilidad de la lectura.

La victoria de hoy es sobre tu yo de ayer.

Gaijin Salamander va de un asedio, del ataque al último shogun del país, de la guerra. Del dolor y la venganza y del despreciable aprecio por el vil metal por encima de toda moralidad. Y pese a eso destila elegancia, honor y folclore. Una historia tradicional como muchas y disfrutable como pocas donde los amantes del género se sentirán cómodos ya que huele a Usagi Yojimbo, a Ogami Ittō e incluso a Hattori Hanzō.

¡Nos vemos en la Zona!

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