FLCL: Furi Kuri. Más capas que una cebolla

Título original: FLCL. Furi Kuri (フリクリ)
Fecha 1ª emisión: 26 de Abril, 2000
Estudio: Gainax
Director: Kazuya Tsurumaki
Temporadas: 1
Episodios: 6
Género:
Shonen/ Comedia/ Drama/ Mecha/ Psicológico/ Parodia
Valoración: Pero qué co…? /10

Antes de empezar a desgranar esta aparentemente indesgranable locura, tengo que avisar que no es una serie para todos los públicos, y no hablo precisamente del contenido, sino del continente. Totalmente descartada  de la lista de alguien que no haya visto anime en su vida, incluso difícil de encontrar el punto para los que ya cuentan con unos cuantos títulos de peso a sus espaldas, ya que esta corta pero plagada de detalles serie de animación, contiene capas narrativas e interpretaciones para dar y tomar.

Un anime de guitarras, o algo.

Comenzaremos por la más obvia que es la cómica. Si simplemente nos basamos en esta capa nos encontramos ante una historia sin pies ni cabeza en la que dos adolescentes, Naota y Mamimi, que se enrollan a escondidas debajo de un puente, topan  accidentalmente con Haruko, una lunática que va a toda velocidad en una vespa amarilla que le propina un fuerte golpe en la cabeza a Naota con un bajo. Sí de los de música. Del chichón de su cabeza salen robots y guitarras (con diseños y nombres de modelos reales) que, de alguna manera, servirán a Haruko para encontrar a su adorado Atomsk, el Pirata Intergaláctico, y sobre ellos, una gran amenaza llamada Medical Mechanicals que quiere acabar con la humanidad. Una locura de personajes excéntricos y chillones que corren de aquí para allá, con diferentes estilos narrativos que, a veces, no concuerdan entre sí, un montón de juegos de palabras imposibles (en su versión original, claro) FLCL, Fooly Cooly, Furi Kuri, Furi Kura… y referencias a una cantidad ingente de series de animación. Desde John Woo a South Park, pasando por Lupin III y su cambio de color de chaqueta según el dibujante, Daicon, Initial D, que el padre del prota es super fan, o Evangelion, entre otras. Y son sólo seis capítulos de 25 minutos. De locos. Tan surrealista, con la cota de acción tan alta y un ritmo narrativo tan vertiginoso que hace difícil pillarle el punto.

Pero como digo, esta no es la razón por la que este anime se ha hecho un hueco en las recomendaciones de los más asiduos. Si miras más allá de todo ese estruendo visual, FLCL encierra un mensaje que se construye a base de metáforas escondidas entre los juegos de palabras y las absurdeces que tienen que vivir los protagonistas. Los robots que salen de la cabeza de Naota pretenden activar la fábrica que corona el pueblo y hacerse con el control de la población. Si esto no es un paralelismo con el poder que obtienen los políticos manipulando nuestras cabezas… y no, no me ha poseído mi vena conspiranoide, que la fábrica tiene forma de plancha, para dejarnos a todos igual de lisos. Y que viva la globalización.

Me ha salido un grano de los buenos…

Pero ahí no acaba la cosa. Si escudriñas un poco más, tanto en la parte cómica como la denuncia social, lo que ambas encierran son diferentes dramas psicológicos por edades, tan tristes que los gritos de Haruko apenas se oyen entre tanto trauma.

Por un lado tenemos a los dos tortolitos: un niño que ya quiere ser mayor y se abandona en un mundo irreal en el que puede encargarse de cosas que aún no le tocan y una chica que no quiere crecer y juega como una niña con muñecos en el río o a un videojuego llamado City of Demons, o algo así, mientras hace cosas de adulta, porque se ha quedado traumada con la marcha de su novio a otro país y al que ha sustituido por su propio hermano. Ni un culebrón venezolano, oiga. Sin duda Mamimi es la que más jodida está de la cabeza, la adolescencia es una etapa muy turbia que hasta te hace ver en el primero que pasa un ángel salvador que te ayudará a vencer a los demonios que arden en tu mundo interior, aunque sea un robot llamado Kanchi.

Por otro lado tenemos a Haruko, que representa a la típica persona majísima, con una personalidad arrolladora que saluda a todo el mundo, a la que los más jóvenes de la pandi admiran y que no tiene ningún inconveniente en putear, manipular y utilizar a quien haga falta con tal de conseguir lo que quiere. Una egoísta aprovechada de manual, vaya, pero sobre la que recae la misión de dejar el verdadero y grandioso mensaje de la historia: “de vez en cuando es divertido comerse un ramen horrendo”, porque lo bueno de esta vida es probar las cosas por ti mismo, y si te equivocas aprender de ello y seguir. Hay que vivir todo ese caos mental que es la adolescencia, esa violencia que te nace de las entrañas forjando tus ideales, ese vértigo e incertidumbre que provoca enfrentarse a que te salgan pelos (que luego serán canas y luego se caerán) y curvas… Y lo mejor de todo es que la lección nos la da una alienígena. La humanidad está perdida.

Pero. ¿de qué coño va?

He visto esta serie dos veces, y estoy segura que con una tercera sería capaz de ver aún más allá. Eso es lo que realmente hace grande a esta producción, que no te da nada hecho, y si dejas a un lado toda la estridencia todo ese surrealismo sin sentido va tomando forma y se le pueden dar lecturas a varios niveles.

Esto nos lleva al apartado técnico. Lo que en principio puede parecer una sacada de chorra por parte de los estudios Gainax y Kazuya Tsurumaki (director también de Evangelion) resulta ser una sacada de chorra por parte de Gainax y Tsurumaki. Un perfecto trabajo de simbiosis que no se ve reflejado en la versión manga, que se publicó porque en Japón todo tiene su manga, pero no deja ver todos estos matices.

Experimentos, ¿eh?

Por su parte, el director, discípulo de Hideaki Anno (diseños y animación de Nausicaä y La tumba de las luciérnagas, por ejemplo) recurre a toda esa energía y dinamismo narrativo que se tambalea entre la innovación y la enfermedad mental, heredados de su sensei, y se dedica a satirizar y experimentar con varios géneros a la vez, mostrando que puede dirigir y encauzar cada uno de forma diferente dentro de una misma trama. Por la suya, los estudios Gainax aprovecharon lo que ofrecían las locas ideas de Tsurumaki para probar nuevas técnicas de animación en las que invirtieron, en seis capítulos, el presupuesto de veinticuatro. Entre estas técnicas se incluye el “manga animado”, una locura de simulación de lectura de parte de la trama como si estuvieran grabando el tomo en blanco y negro… por lo que las viñetas van en sentido de lectura oriental (de derecha a izquierda) mientras tú lees los subtítulos de juegos de palabras a un ritmo frenético en sentido occidental (de izquierda a derecha). Y todo eso sin acabar bizco.

Para finalizar hay que mentar la banda sonora, escrita y producida por The Pillows, que han visto su popularidad catapultada más allá de las fronteras niponas tras la emisión del anime en otros países ya que, además de ser temas que incorporar a nuestro día a día musical, consiguen dar el empaque necesario a cada situación.

¿Que qué hago hablando con tanto ahínco de un anime del año 2000 a estas alturas? Pues que el pasado mes de Julio se anunció que tendrá una segunda temporada. Así que no veo mejor ocasión para ponerse al día y recordar esta sana locura animada que invita una y otra vez a caer en sus redes. Mientras llega su secuela…

¡Nos vemos en la Zona!

Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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