#EspeZZialHomecoming: EL BUITRE. Alas de muerte

¡Hemos vuelto, zhéroes!

¡Y el Hombre Araña también! Y qué mejor que volver al trabajo juntos con este #EspeZZialHomecoming, en el que, además de la súper-crítica sin spoilers de nuestro Alberto Fassbender sobre la peli, os estamos ofreciendo reseñas y artículos sobre cómics relacionados con este nuevo-pero-no Spider-Man. Pero no nos enredemos más en las telarañas y vamos allá.

¡Saludos de vuestros amigos y vecinos de la Zona!

En muchas ocasiones, tenemos una triste tendencia por reducir a algunos personajes a dos rasgos característicos. A veces, Batman sólo es un millonario vestido de murciélago. Otras veces, Thor no es más que un heavy de pueblo con un martillo.Y para mucha gente, Adrian Toomes no es más que un viejo que vuela. Y a ver, no soy quién para decir que estéis equivocados afirmando estas cosas. Pero hay matices.

Adrian Toomes, el Buitre, fue introducido en las aventuras de Spider-Man y en el universo Marvel en general en el Amazing Spider-Man #2, allá por 1963. La galería de villanos de Spidey por aquellos momentos solo contaba con el Camaleón y en cierto modo J. Jonah Jameson, y recurrir a personajes con temática animal se antojaba tan apropiado como cualquier otra opción. En aquella primera aparición, Adrian Toomes era lo dicho, un hombre ya viejo con un par de alas electromagnéticas.  Y siguió siéndolo, de la misma forma que Otto Octavius siempre ha sido un tipo repelente con brazos mecánicos o Norman Osborn un psicópata burgués. Pero hay una diferencia: la mayoría de villanos de Spider-Man gozan de cierta excusa que coloca su moral bajo un prisma algo gris, dadas sus tragedias personales. Adrian Toomes es algo distinto.

Ya en su primera aparición, el Buitre cometía el robo de una maleta con un contenido de muy alto valor. Dicha maleta iba encadenada a la mano de su portador, y Toomes no dudó en estampar repetidas veces al pobre tipo contra varias cornisas y fachadas, hasta deshacerse de él. No es como si los supervillanos de tebeo no sean habitualmente completos sociópatas, pero un acto así en un cómic para críos de 1963 es destacablemente cruel. Y es dicha crueldad la que en años posteriores definiría el carácter del personaje: un tipo implacable para quien el fin justifica los medios. Ya en plena década de los ’80 y con Roger Stern al mando de Amazing Spider-Man, se pudo saber algo más sobre las motivaciones del personaje, y sobre sus por qués. Estafado por Gregory Bestman, uno de sus compañeros en una empresa de investigación y desarrollo tecnológico, y tras ser despojado del derecho a lucrarse de sus ideas y trabajo duro, algo hizo click en la cabeza de Adrian Toomes. Los demás se habían aprovechado de él como carroñeros, y él no sería menos. Pero algo que solemos olvidar sobre los carroñeros es lo implacables que pueden llegar a ser.

Ahora, tampoco es que Toomes haya sido una persona que buscara problemas más allá de su carrera delictiva: se ha ganado más de un enemigo entre los miembros del hampa… o más bien ellos se buscaron problemas con él, ya que lo peor que puedes hacerle a un villano resentido de que le robaran su tecnología es, precisamente, volver a robársela. El principal ejemplo es Blackie Drago, delincuente de poca monta con ínfulas de grandeza que ya probó en tiempos de Stan Lee y John Romita a robarle las alas e identidad a Toomes, con erótico patético resultado.

Y es que aunque Toomes no sea el mejor en lo referente a trabajo en equipo, siempre ha contado con sus amigotes, los Seis Siniestros, para intentar poner fin a esa molestia que es Spider-Man. Junto al antes mencionado Kraven, el Doctor Octopus, Electro, Misterio y el Hombre de Arena, intentó varias veces derrotar al Trepamuros, siendo la primera aquel glorioso primer Annual de Amazing Spider-Man en el que Steve Ditko dibujó una splash page para cada villano en su correspondiente pelea con el Trepamuros. Y la segunda vez que esto sucedió, se puede decir que él fue el único capaz de asestarle un golpe de algún tipo, aunque con matices. En medio de una trifulca durante El Regreso de los Seis Siniestros, de cuando David Michelinie y Erik Larsen llevaban el volante arácnido, Toomes cogió como rehén sin darse cuenta a Nathan Lubenski, el único tipo que lo trató como alguien con derecho a redención durante la etapa antes mencionada de Roger Stern, y le provocó un infarto sin querer. Y como el mundo es un pañuelo, el pobre hombre resulta que era la pareja por aquel entonces de May Parker, con lo que la pérdida se sintió notable, tanto para Peter y sus allegados como para el propio Toomes. Se puede hablar en este caso tanto de una victoria como de una derrota pírrica… ¿no?

En tiempos más recientes, Adrian Toomes ha cambiado su estética y su modus operandi por algo más circense de la mano de Dan Slott. Primero, acercó junto a Giuseppe Camuncoli su estética a la de la versión del personaje mostrada en la miniserie Spider-Man Noir, en la que lucía de forma muy similar a Nosferatu, cambiando el uniforme verde y las alas por una levita negra con los artefactos magnéticos que usa para volar ocultos bajo su ropa. Luego, cambió las tácticas del personaje radicalmente: si bien siempre había sido un villano directo que cogía lo que quería yendo de frente (o más bien desde arriba) por sí mismo, Toomes en este punto de su vida comenzó primero a aprovecharse para sus actividades criminales de los servicios de adolescentes con ínfulas de poder, y luego de nada menos que niños, cosa que le costó una buena paliza por parte del Spider-Man Superior, que no era ni más ni menos que su viejo compañero de fechorías Otto Octavius haciéndose pasar por Peter Parker y su alter ego arácnido. En estos momentos, el personaje lleva desde entonces en barbecho, y sin planes de cara a recuperarlo en los próximos meses.

Sin contar con sus apariciones en líneas de cómics alternativas y demás parafernalia, el Buitre ha sido uno de los villanos habituales de Spider-Man desde hace cincuenta años, un dolor de cabeza habitual para el lanzarredes que parece que nunca se irá del todo, pero que tampoco parece que vaya a darle nunca mazazos similares a los que le han llegado a dar Norman Osborn, Miles Warren u Otto Octavius. Un enemigo con todas las de la ley que nunca llega a ser una de las némesis principales del personaje por X o por Y. Por supuesto, como tal, ha aparecido en prácticamente todas las encarnaciones animadas de las aventuras de Spider-Man, siendo la más recordada para muchos la de la serie de los ’90, en la cual el villano usaba unos aparatos con los que robaba la juventud ajena a otras personas para transferírsela a sí mismo y mantenerse hecho un zagal. No es que fuera algo ajeno a los cómics, pero es cuanto menos curioso que recurrieran a algo tan puntual de los cómics como la opción ideal a la hora de mostrar una versión icónica del personaje. Aunque los tumbos que ha dado este villano hasta lograr aparecer en una película de Spider-Man también son algo rocambolescos para con su contrapartida de las viñetas.

Ya durante los primeros pasos de Spider-Man 3, los villanos iban a ser Harry Osborn, Flint Marko/Hombre de Arena… y Adrian Toomes, para quien se concibieron desde una secuencia junto a Marko fugándose juntos de una prisión, hasta diseños preliminares del traje e incluso la posiblidad de que lo interpretara Ben Kingsley. Sin embargo, el estudio presionó al director Sam Raimi para que optara por Veneno como tercer villano en discordia y bueno, todos sabemos cuál fue el resultado. Tras el taquillazo que supuso Spider-Man 3, aún pese a la recepción entre tibia y decepcionada por parte de público y crítica, Sony trató de sacar adelante una cuarta entrega con Sam Raimi al frente de nuevo, para la que nada menos que John Malkovich firmó de cara a interpretar al alado villano. Sin embargo, esta es otra historia que ya sabemos cómo acabó. Sony puso demasiadas pegas a Raimi tanto a nivel creativo como de calendario, y el director de Posesión Infernal decidió abandonar el proyecto por las buenas en lugar de volver a hacer una película en la que no creyera de corazón. La productora siguió adelante, optó por producir un reinicio de las aventuras arácnidas (que igualmente era el plan a seguir tras Spider-Man 4), y tras dos películas muy polarizantes y un trato con Marvel Studios, nos plantamos, o más bien aterrizamos, en el presente.

Ahora, tras más de cinco décadas, el segundo villano al que se enfrentó Spider-Man da al fin el salto a la gran pantalla, y con nada menos que Michael Keaton dándole vida, demostrando que quizá su fijación por intepretar a personajes alados viene más del interés personal que de la simple casualidad. La primera versión cinematográfica del personaje ha recibido una acogida positiva que no se había visto desde el Doctor Octopus de Spider-Man, opinión con la que quien escribe estas líneas está de acuerdo. Una versión del personaje fiel a las raíces del mismo pero con gran cantidad de lore propio (que no nuevo) que supone una amenaza muy seria para el relativamente inocentón Spider-Man al que interpreta Tom Holland.

¿Qué opina la gente que nos lee de Adrian Toomes? ¿Os ha gustado la interpretación de Michael Keaton? ¿Qué villano os gustaría que diera guerra al Trepamuros en futuras películas de Spider-Man?

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¡Nos vemos en la Zona!

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