#EspeZZialHaHaHalloween: LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS. Nada bueno

¡Sangrientos saludos, zhéroes!

La fiesta más terrorífica del año ya está aquí. Durante unos días las redes se colapsan de calabazas, esqueletos, brujas, zombis, vampiros… ¡sangre! Todo aquello que desata nuestras más terribles pesadillas. Pero, ¿qué pasa con todas esas obras que, dentro del género de terror, nos hacen reír?

En la Zona queremos rendirle homenaje a la comedia de terror y durante esta semana os estamos ofreciendo reseñas de cómics y películas para morirse de risa. 

No corráis porque no hay escapatoria.

¡Esto es nuestro EspeZZial HaHaHalloween!

Título original:
What we do in the shadows
Año: 2017
Director: Taika Waititi
Guión: Taika Waititi, Jemaine Clement
Fotografía Richard Bluck, DJ Stipsen

Reparto: Jemaine Clement, Taika Waititi, Jonathan Brugh, Cori Gonzales-Macuer, Stu Rutherford, Ben Fransham, Rhy Darby, Jackie van Beek, Elena Stejko, Jason Hoyte, Chelsie Preston Crayford, Karen O´Leary, Mike Minogue.

Valoración: Divertidísima. ¿O es que no habéis leído la carátula? /10

Sinopsis: Viago, Deacon y Vladislav son tres vampiros que comparten piso en Nueva Zelanda. Hacen lo posible por adaptarse a la sociedad moderna: pagan el alquiler, se reparten las tareas domésticas e intentan que les inviten a entrar en los clubs. Una vida normal, salvo por una pequeña diferencia: son inmortales y tienen que alimentarse de sangre humana. Cuando su compañero del sótano, Petyr, convierte en vampiro a Nick, nuestros protagonistas deberán enseñarle como funciona todo en su recién estrenada vida eterna.

Con esta película, la cosa va de peligro escatológico. Reconozco que es poco probable que te cagues de miedo, pero sí creo que corres el riesgo inminente de mearte de risa al verla. Y eso que no soy yo mucho de lo de la carcajada fácil. O de lágrima viva. O de expresividad emocional desatada. Lo mío tira más hacia lo estoico. Lo imperturbable. El inmutable rictus de un rostro esculpido en mármol. Siento, sí, pero despacito; en el interior, en un hueco profundo que apenas se ve desde la superficie.

Escándalo , dicen…

Es quizá por eso que aprecio tanto las películas que me hacen reír o, si son muy buenas, las que consiguen sacarme alguna carcajada, expresión evidente y física de que me lo estoy pasando bien. Este aprecio se convierte en admiración cuando llegas a ellas de manera totalmente casual, con un desconocimiento completo del argumento y sin haber leído absolutamente nada acerca de su contenido en los medios. Ya sabéis, la ignorancia es una jodida bendición. El desconocimiento ayuda a que el hallazgo sea doblemente feliz, como el del que se encuentra con un billete de cinco euros olvidado en un pantalón que hace mucho que no se ponía; pequeños tesoros que no buscan cambiarte la vida, sino tan solo alegrártela durante un ratito. En definitiva, y para acabar de consolidarlas en mi reducto sentimental dedicado a las obras de culto, son películas redondas que consagran sus virtudes al conseguir mi diversión partiendo de los cimientos de un terror clásico; tan clásico que se vuelve viejo, acartonado y con un olor a moho te produce espasmos de risa incontrolables.

Lo que hacemos en las sombras es, sobre todo, una conquista. Un descubrimiento. De los gordos. De los que te hacen tropezar y te atrapan como en una pegajosa trampa para moscas. Camuflada tras la estética rústica y casual del found footage o falso documental, esta producción neozelandesa esconde una de esas obras maestras que puedes compartir con cualquiera sin riesgo al rechazo, ya que todos lo que han tenido la fortuna de experimentarla comparten la misma opinión. Es la leche. La bomba. La polla. La puta caña. Te meas de risa. Vaya flipada más genial. Cualquier comentario coloquial de exaltación sirve para describirla, porque lo que tenemos entre manos es una vuelta de tuerca perfecta a un subgénero del terror tan agotado, explotado y maltratado como el vampirismo.

¡Nosferatuuuu!

Más allá de colmillos, erotismo de ganchillo y kétchup en las comisuras, el guión logra un planteamiento inteligente que toma todos los tics y excesos de uno de los arquetipos monstruosos y culturales más célebres de todos los tiempos y los convierte en una mofa hilarante basada en el conocimiento y el respeto. Taika WaititiJemaine Clement se ríen porque saben de lo que hablan, y homenajean a Murnau y a Coppola con desparpajo, despojando del romanticismo a los clásicos e inmortales habitantes de la noche. Aquello que nos debería producir pavor, colocado en situaciones típicas de la vida mundana se vuelve ridículo, y ver a estos compañeros de piso enfrentarse a los problemas del día a día como un grupo de universitarios en su primer año fuera de casa tiene varios momentos impagables.

Nada de purpurinas, brillos mágicos o adolescencias torturadas por un amor marmóreo entre efebos con lentillas rojas. Nada de cuero brillante, armas automáticas y guerras milenarias y épicas contra la licantropía. Aquí los vampiros obedecen a un esquema victoriano de exquisita educación, pero tan anacrónico que resulta cursi y rancio; o a una imagen mítica digna de esos Cárpatos llenos de temerosos romaníes que mastican ajo y conducen lúgubres calesas y que en la era de lo digital acaba por ser ridícula; o simplemente al ideal de aquel que se declara en rebeldía al considerarse superior, un acto de pretendida anarquía que lo único que busca es reconocimiento a través de la trasgresión. Aquí los hombres lobo son paletos, machitos y sufren de un ligero complejo de inferioridad gregaria que los conducen a reuniones grupales para quitarse la ropa y aullarle a la Luna. El nuevo pupilo es un idiota que lo pone todo en jaque, y las reuniones del clan son tristes aglomeraciones en una discoteca cutre que solo sirven para echarse en cara rupturas sentimentales y agravios del pasado como adolescentes ciegos de hormonas y reguetón.

Tocan como los ángeles… del infierno.

Lo que hacemos en las sombras tiene magia. Ese algo que te deja con un sensacional sabor de boca y te alegra el día después de verla. No en vano fue premiada en el Festival de Cine de Sitges y uno de sus directores y guionistas, Taika Waititi, es el encargado de dirigir la recién estrenada Thor: Ragnarok, manejando un presupuesto que multiplicará varios cientos de veces el de esta pequeña gran joya del género. ¿Bien? ¿Mal? Tendré que verlo. No es la primera vez que un talento prometedor acaba corrompido por el humor lerdo y la podredumbre soporífera del imperio Marvel/Disney. Yo, como soy un imbécil nostálgico y crédulo, mantengo la esperanza.

No lo dudéis. Si este Halloween necesitáis ver una película divertida, original y diferente, esto es jugar sobre seguro. Calidad contra cantidad. Saber hacer contra medios apabullantes. En pocas palabras (o quizá no tan pocas), cine del bueno, del que no defrauda, del que te demuestra que lo de siempre puede ser algo totalmente diferente si sabes cómo contarlo bien.

Si quieres saber más sobre nuestro #EspeZZialHaHaHalloween pincha sobre el hashtag y…

¡Nos vemos en la Zona!

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