EL VISITANTE: CÓMO Y POR QUÉ SE QUEDÓ, de Mike Mignola, Chris Roberson y Paul Grist

 


Título original
:

The Visitor: How and Why He Stayed TPB
Sello: Dark Horse
Guionistas: Mike Mignola y Chris Roberson
Artista: Paul Grist
Colorista: Bill Crabtree
Contenido: The Visitor: How and Why He Stayed #1-5 (Feb. – Jul. 2018)
Publicación USA: Octubre 2017
Publicación España: Mayo 2018 (Norma)
Valoración: When you wish upon a star /10 

 

 Hay dos cosas que la Naturaleza odia: el vacío y la asimetría. Tiene una tendencia enfermiza a rellenar huecos y a que las cosas que crea sean, de alguna manera, dos mitades más o menos iguales divididas por un eje. Quizá por eso, nosotros, hijos de muestra madre, nos sentimos tan satisfechos cuando leemos obras que se dedican a resolver incógnitas, a tapar pequeños saltos narrativos de sagas más grandes y a cerrar un círculo enorme que encierra y contiene a una de las sagas más famosas y mejores del Noveno Arte. Bienvenidos a…

EL VISITANTE:
CÓMO Y POR QUÉ SE QUEDÓ

de Chris Roberson y Paul Grist

Qué grandes pueden ser las cosas pequeñas. Qué bonitas y brillantes. Qué cercanas y maravillosas. Y qué difícil es conseguir que lo sean. Que nos toquen. Que abran esa puertecita secreta y oculta directa a nuestra alma y nos rocen con las yemas de los dedos de forma delicada.

El Visitante es un personaje secundario, casi marginal de los cómics de Hellboy. Hay que hacer un verdadero ejercicio de memoria para recordar los momentos y los episodios en los que aparece de manera anecdótica en esa gigantesca saga épica y demoníaca, cumbre absoluta del tebeo, que es la obra de Mike Mignola. Un extraterrestre que queda atrapada en nuestro planeta tras una misión de contención, perteneciente a una especie de policía dimensional cuya tarea es contener a los monstruosos Ogdru Jahad, los siete Dioses del Caos salidos directamente de los sueños más húmedos de H.P. Lovecraft y que esperan su momento encerrados en cristales místicos para desencadenar el apocalipsis.

Todo el mundo tiene su ángel de la guarda, hasta Hellboy.

Con esta sencilla premisa, casi fotocopiada en sus cimientos de la trágica epopeya del pirofóbico J’onn J’onzz (el Detective Marciano de la DC), Chris Roberson construye una joyita brillante y entrañable, un pequeño cofre del tesoro lleno de sorpresas. Como si de la Tardis se tratara, este tebeo contiene mucho más de lo que podría deducir de su formato. Demostrando un conocimiento profundo de la historia de Anung Un Rama, Roberson aprovecha momentos clave para colocar al héroe alienígena en el momento justo y el sitio adecuado. Una especie de ángel de la guarda que conduce con mano firme el destino del demonio rojo. Cada anécdota es una explicación a algunos de los Deus Ex Machina de Mignola, una sucesión de detalles que hace que brote una sonrisa de aprobación (y revelación) para los que somos fans declarados del maestro.

Pero El Visitante es mucho más. Una excusa de la excusa. Algo que sirve para tocar temas espinosos y hablarnos de la bondad y de la ira. Para construir un personaje más humano que los propios humanos, que contempla perplejo y apenado como nos dedicamos a destruir todo lo que huele diferente con un ansia suicida. Observador privilegiado del siglo XX, el guión de Roberson es una oda al amor verdadero, al cariño que perdura y se refuerza año a año, que pervive a pesar de la circunstancias y del tiempo. Un amor que no se ve destruido nunca. Que sobrevive. Que crece incluso cuando la enfermedad llega y la persona a la que amas olvida cómo comer con cubiertos y te sonríe casi por reflejo aunque no sabe cómo te llamas.

El amor, el sentimiento más “humano”.

Para completar esta diminuta maravilla, el arte Paul Grist cohesiona el conjunto hasta el techo de un orgasmo del que aún no he bajado. Vale. Reconozco que soy fanático de su obra. De su Kane. De su Jack Staff. De Mudman. De aquel arco de Grendel tales que hizo con el irregular Steven T. Seagle. No me importa. Podría hacer una historieta dibujando etiquetas de acondicionador de pelo para caniches y me encantaría lo mismo. La pasión no entiende de criterios. Porque Grist es un dibujante que sabe captar lo icónico, lo fundamental. Que construye con líneas gruesas un universo personal y diferente en el que todo funciona con su propia arquitectura. Un dibujo de claridad narrativa fulminante que te despelleja con la sencillez de su propia complejidad. Un equivalente a “este tío es la hostia” que te viene a la cabeza cuando disfrutas de autores que simplifican los imposibles con esa soltura que genera envidias asesinas.

En cuanto a Bill Crabtree, todo correcto; todo en su sitio. ¿Habéis leído algún cómic en el que este señor ponga mal el color? Si la respuesta es sí, por favor, dejadme un comentario. Ni siquiera en Youngblood creo que hiciera un mal trabajo. Siempre ajustado. Siempre profesional. Con la paleta más eficiente para cada momento. Consolidando el dibujo del ilustrador en esa tarea tan poco reconocida y mayormente ingrata que fundamenta el primer impacto visual al que se enfrenta el lector. En el caso de El Visitante, el dibujo de Grist requería colores planos, sin efectos especiales, tan contundentes y bellos en su sencillez como el propio trazo, y esto es justo lo que proporciona Crabtree. Solidez sin florituras, sin mierdas rococó salidas de programas de ordenador muy dados a las pajas mentales.

“Hábleme usted en castellano, señoro”.

Es cierto que este tebeo no producirá las mismas sensaciones en todos los públicos. Si no eres fan de Hellboy vas a perderte algunos de los elementos claves y, por supuesto, no vas a gozar con los guiños y los huevos de pascua que yacen enterrados para nosotros, las locas de Mignola. Sin embargo, a pesar de este hermetismo argumental que puede echar a algunos lectores para atrás, El Visitante: Cómo y por qué se quedó, es un cómic que ofrece mucho más que el cierre de círculos y el relleno de pequeñas grietas en un guión más amplio, gigantesco. El Visitante también es una reflexión sobre la condición humana, sobre nuestra peor cara, sobre el mal inherente que nos condena a la destrucción y sobre el amor redentor y salvador que quizá, si sabemos donde buscarlo, nos convertirá en verdaderos superhombres.

¡Nos vemos en la Zona!

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