EL VIOLETA, de Juan Sepúlveda, Antonio Santos Mercero y Marina Cochet

 

 

Título original:
El Violeta HC

Sello: Editorial Drakul
Guionistas: Juan Sepúlveda, Antonio Santos Mercero
Artista: Marina Cochet
Publicación España: Septiembre 2018
Valoración:
Rojo, naranja, amarillo, verde, azul y VIOLETA

 


Ayer, 28 de junio y Día del Orgullo, la casualidad que siempre ronda por aquí quiso que acabara leyendo este cómic. No lo había pensado hasta que he entrado en mis redes sociales y me he percatado de ello. Sí, soy así de despistado. Entonces he sumado dos más dos y he considerado que este era el momento perfecto para, no sólo aplaudir a tantos y tantos que siguen ahí luchando por unos derechos que aún siguen diluidos entre tanta palabrería y promesas políticas o en tanto odio camuflado (o no) por la derecha del postureo público y la bofetada en el papel, sino para dar luz a algo que históricamente está siendo borrado y existió.

La vida de Bruno fue la de muchos, la de lo políticamente correcto, de lo socialmente aceptado. Del hedor a puritanismo de misa y buenos modales. De esconderse en el bar con una cerveza y golpear la mesa al grito de “¡Soy un machote!”. La vida de Bruno sigue siendo, por desgracia, la de demasiados en pleno año 2020 y en donde aún existen cromañones que se vanaglorian mientras gritan “¡maricón!” y enarbolan ese saludo al cielo sin que nadie les ampute las manos. Una pena. Esta es la historia de una generación, de una época y la de muchas personas. Esta es la historia de Bruno y de todos ellos en…

EL VIOLETA
de Juan Sepúlveda, Antonio Santos Mercero y Marina Cochet

Hijos de puta con placa…

“En la vida hay una cosa que se llama dignidad.
Cuando la pierdes no tienes nada”

Cómics así me son difíciles de reseñar, de usar el manual de escritor amateur y dejar constancia de si la narración es o no correcta y si los personajes funcionan, se complementan o abusan del dramatismo. Igual que decidimos un día no poner notas porque es imposible encasillar numéricamente absolutamente nada, ese manual de escritor amateur del que os hablo no tiene valor alguno. Si un cómic mainstream de nuestro querido vecino y amigo Spider-Man, por ejemplo, puede despertar diferentes sensaciones dependiendo del momento emocional en el que estemos o, más fácil aún, en diferentes lectores. Este trozo de historia que tanto me ha dolido leer, va a ser un experimento improvisado de escritura para mí.

Lo que sí está claro es que Juan Sepúlveda contiene muy bien la narración y en menos de cien páginas nos narra toda una vida. Toda una guerra con uno mismo y con el mundo mientras nos expone lo más deleznable del ser humano. De ese pensamiento “puro” que vejaba y convertía en basura a alguien por ser como es. Al maltrato real, a esa porra que iba a la cabeza y a la sangre que dejó en tantas calles marcadas de odio y llanto. A un trozo de nuestra historia que muchos creen que no existió y que sólo vemos capaces de hacer a los nazis y sus campos de concentración de trabajos forzados y duchas no precisamente con agua.

Hijos de puta con porras…

“¡Aquí eres lo que te digamos que eres!
¡Y cuanto antes lo aprendas, mejor!”

De una represión franquista más dura de lo que nos cuentan o queremos creer. De tanta sangre derramada por ese retraso absoluto que sufrimos y que aún nos pesa. De la excelente forma de narrar dos historias diferentes bajo la misma bota opresora en ambos cuellos. De la violenta simbiosis de lo psicológico y lo físico en forma de maltrato. De usar el cuerpo de policía de aquella época, no sólo cómo la porra que golpeaba en la cabeza que menciono antes, sino como la propia salvaguarda de la misma. Una ironía dolorosa que se ve y se sufre y que nutre el cómic, dándole al dolor diferentes caminos con un mismo final quizá maquillado de matices pero igualmente inhumano.

Marina Cochet pelea con los lápices y ese trazo apresurado y de líneas, en ciertos momentos, inconexas pero sólidas, redondean la historia. Que con pocos detalles mantiene una expresividad incuestionable. Es como respirar esa furia reprimida mientras huye de coloridos aspavientos que aquí no tienen cabida, y le da a la oscuridad una importancia sublime, necesaria y terrorífica. Se respira esa opresión en cada tono, en cada trazo y son las propias tintas las que explotan en cada viñeta. Un dibujo requerido por el guión y que se encuentran, de principio a fin, creando esa vital atmósfera.

Y que todavía esto suene a utopía…

Este horror histórico que forma parte de nuestro pasado más negro, de un país que actualmente tiene una ultraderecha tan fuerte que da asco, es un recordatorio duro y esclarecedor de miles y miles de personas que sufrieron la represión más voraz por parte del régimen franquista, de la “casta” y “pura” iglesia y de unos valores rancios metidos con fórceps “porque así lo quiere Dios” y de los que me avergüenzo. Un cómic necesario para saber, pensar y aprender que, aunque el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra (y aún así sigue tropezando) podemos evitar más de una caída y cambiar.

¡Nos vemos en la Zona!

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