EL MUERTO ENFERMO DE AMOR, de Junji Ito

 

 

Título Original:
 Itō Junji kessaku-shū 4 Shibito no Koiwazurai 
(伊藤潤二傑作集 4 死びとの恋わずらい)
Sello
: Asahi Shinbunsha
Género
: Seinen/ Terror/ Sobrenatural
Mangaka
: Junji Ito
Publicación Japón
: Nov. 1997
Public. España
: Ago. 2016 (ECC Comics)
Valoración
: No me predigas que no te veo/ 10

 

 

Ahora que se acaba de confirmar la asistencia del Maestro del Terror al próximo Salón del Manga de Barcelona, no veo mejor ocasión para hablar del mangaka de moda en nuestras librerías. ECC ha visto que no somos pocos los lectores que encontramos más que atractiva la obra de este ilustre señor y se ha liado la manta a la cabeza publicando, casi de golpe, un montón de títulos que faltaban en nuestras bibliotecas. Ya que es el último que me he leído, y porque realmente cualquier título de Ito merece la pena ser engullido con cuidado de no atragantarse, hoy vamos a hablar de…

EL MUERTO ENFERMO DE AMOR
de Junji Ito

Shibito sin koiwazurai (que así se titula este manga originalmente, aunque también es conocido como Lovesick Dead o Love Ghost) es uno de los volúmenes que conforman la serie The Horror World of Junji Ito y fue publicado en 1997. Quedaos bien con el nombre porque, como decía al principio, en ECC se han vuelto locos y, además de este volumen, han incluido en su catálogo los tomos 5 y 6 de la misma colección y, de este modo, Sôichi no Tanoshi Nikki (Souichi’s Diary Of Delights) y Sôichi no Noroi Nikki (Souichi’s Diary of Curses) han llegado este verano a nuestras estanterías con el nombre de Las caprichosas maldiciones de Sôichi vol.1 y 2.

Pero no estamos aquí para hablar de Sôichi, tranquilos, que ya llegará el día. La obra que nos ocupa, a pesar de los años que tiene, sigue resultando igual de perturbadora tanto en su fondo como en su forma, como casi todo lo de sale de la cabeza de Junji Ito.

En esta ocasión todo gira en torno a Ryûsuke Fukada. Un  chaval que vuelve a su pueblo natal, del que marchó siendo un niño tras una experiencia traumática. Ahora que ha vuelto se da cuenta de que nada ha cambiado. Los jóvenes de este lugar se apostan en las esquinas de los callejones esperando que pase un desconocido para solicitar una predicción, casi siempre relacionada con el amor. Una de las chicas por las que más predicciones se piden es Midori, quien recuerda al recién llegado del parvulario y enseguida se hace su amiga. Entre ella y su amiga Suzue, acabarán por enredarle en una trama de obsesiones, que comienza como una historia de misterio ligero, de colegialas y supersticiones tontas pero que, poco a poco, se va convirtiendo en un terror agobiante no apto para todos los públicos.

A las predicciones hay que venir duchado de casa.

Con la llegada de Ryûsuke también hace aparición un misterioso y apuesto joven, que pasea por las calles envuelto en una niebla espesa, dispuesto a atender las peticiones de las jóvenes deseosas de una predicción de amor. Pero todo aquel que recibe una predicción suya muere de una forma horrible. La curiosidad que suscita el chico guapo del cruce provoca que las adolescentes busquen desesperadamente hacerse con una predicción suya, pero, las que lo consiguen, resultan mucho más influidas por ellas de lo que creen y se termina por desatar una oleada de suicidios y muertes demenciales.

No desvelo nada nuevo si digo que soy de esas personas a las que le alucinan las extrañas costumbres niponas. Esas supersticiones y esos espíritus ancestrales a los que rezar hasta cuando pones una lavadora. No son pocos los que tienen creencias extremas en este tipo de predicciones, llegando incluso, a regir sus vidas a través de ellas sin darse cuenta de que, la mayoría a veces, son ellos mismos los que van provocando que se cumplan los augurios. Ahora mismo me estoy refiriendo a la clara tendencia japonesa, pero por este lado del mundo no nos quedamos cortos, sólo tenéis que poner la tele a partir de las dos de la madrugada y disfrutar del festival de magufos. Lo malo es cuando el deseo de que ese futuro se cumpla se convierte en una obsesión. Y lo peor, cuando esa obsesión deja vía libre a la locura.

“¡No vuelvo a ponerme esta colonia!”

Puede que la premisa no sea lo más novedoso del mundo, al fin y al cabo El muerto enfermo de amor no es más que una historia de corte romántico clásico, vestida de terror, en el que la locura obsesiva por el ser amado no correspondido lleva al suicidio, única redención al ahogo que supone la culpa de no ser o no encontrar lo que se esperaba. En esta historia nos vamos a encontrar a un montón de Ofelias enloquecidas, cada una a su manera, por culpa del amor de algún Hamlet, pero el don narrativo que posee Junji Ito convierte las obsesiones amorosas de los personajes de los escritores románticos en un juego de niños, comparadas con las de los suyos.

En el género de terror suele ser habitual dar un respiro al lector con algún momento de reflexión o un gag, más o menos, cómico. Junji Ito no. En sus historias no hay lugar para respirar ni liberar tensiones. ¿Para qué dosificar nada si tienes el talento de hacer que todo vaya a más? En este manga cada vez hay más intriga y los sucesos son más inquietantes. El ambiente es cada vez es más oscuro y la niebla más espesa, hay más conflictos, más suicidios… y el punto fuerte de Ito: lo que ocurre es cada vez es más degenerado. La obsesión de los personajes también va in crescendo, y seremos testigos de su transformación por tanto dentro, como por fuera, hasta llegar a convertirse en auténticos monstruos andantes.

Una vez empiezas a tatuarte no ves el fin.

El don narrativo de Ito no se limita al desarrollo de unos guiones cojonudos, uno no llega a ser el Maestro del Terror así como así, sino que se apoya directamente en su dibujo. Reconocible para cualquiera que se haya acercado a alguna obra de este prolífico mangaka, el dominio de las líneas, muy evidente en otros trabajos, aquí se convierte casi en algo imprescindible para lograr el efecto de la niebla y el difuminado de los contornos, que comienza con una leve distorsión de las formas y acaba con unos dibujos tan locos como su ejecutor, logrando transmitir la atmósfera agobiante y claustrofóbica que el relato precisa. De nuevo, de menos a más. Y es que, a pesar de ser un autor que realiza pocos experimentos con las composiciones de página y utiliza una estructura de viñetas clásica, logra un desarrollo de historias totalmente simbiótico entre lo que se cuenta y cómo se cuenta.

Para finalizar, algo que no se puede pasar por alto en un manga de Ito y que siempre que se habla de él es obligatorio mencionar, son los ojos de sus dibujos. Gran parte de la inquietud que nos revuelve cuando leemos a este mangaka es inducida a través de ellos, porque dotan de una expresividad extraordinaria a los rostros y confieren a cada personaje un alma individual. De este modo, el autor logra que ellos mismos nos transmitan sus sentimientos y estados mentales, metiéndonos de lleno en la trama. Para esta ocasión, además de todo su repertorio de miradas, el sensei da un paso más allá y nos deja para la posteridad los ojos del chico guapo del cruce, que carecen de cualquier atisbo de expresividad de la que hablo, pero que, aun así, marcan la personalidad y actitud del personaje. Sólo el hecho de ver esos ojos vacíos resulta más inquietante que el catálogo al que estamos acostumbrados.

Con esos ojitos.

Es cierto que, y cualquiera que ya esté un poco curtido en la obra de Ito lo sabrá, donde lo clava es en los relatos cortos. ECC, en su locura de amor por Junji Ito, también está publicando sus Relatos Terroríficos y ahí podréis ver el verdadero don, pero en esta extensión se sabe manejar también muy bien y dejarnos, relato tras relato, con el culo torcido. El enfermo muerto de amor es un manga tremendamente disfrutable, violento, inquietante y con un derroche de talento del que pocos pueden hacer gala.

¡Nos vemos en la Zona!

Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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