EL INMORTAL HULK, de Al Ewing y Joe Bennett

 


Título original
:

The Immortal Hulk: Or Is He Both? TPB
Sello: Marvel Comics
Guionista: Al Ewing
Artista: Joe Bennett
Entintador: Ruy Jose

Colorista: Paul Mounts
Contenido: The Immortal Hulk #1-5 (Ago. – Nov. 2018)
Publicación USA: Noviembre 2018
Publicación España: Nov. 2018 – Mar. 2019 (Panini)
Valoración: Venga. Vale. Teníais razón. Compro.

 

No os fiéis de la gente.

Siempre mienten. No son de fiar. Y menos cuando esa misma gente lee cómics de superhéores. Alejaos de ellos. Su cerebro es pulpa grasienta. Están cegados. Pervertidos. Obsesionados por un género en decadencia desde hace años. Un género que no aporta nada nuevo. Que da vueltas sobre sí mismo en una orgía de autocomplacencia y mediocridad. Un género muerto que camina por la inercia efímera del éxito cinematográfico. No os fiéis de esa gente. Os dirán que una colección es lo máximo, la hostia en verso, la puta repera y, al leerla, veréis que es un más de lo mismo de manual, pero mucho peor. Huid. Bastante triste es que contenido tan vacío y soso genere tal cantidad de público fanático como para que vosotros, gente inteligente que visita esta página, le deis un par de visitas más al video baboso del youtuber lamentable de turno. Ese mismo youtuber que vende como obra maestra un detrito infumable, aprovechando el hilo de los tres segundos insustanciales del último tráiler de la enésima película de esa casa de engaños y filfa llamada Marvel (o DC, a elegir).

Un momento… Entonces… ¿qué hago yo reseñando…

EL INMORTAL HULK
de Al Ewing y Joe Bennett?

Vale. Está bien. Lo reconozco. Yo también miento. Ni siquiera yo soy capaz de hacerme caso. De hecho, soy el ejemplo perfecto del “haz lo que digo y no lo que hago”. Soy un hipócrita consciente. Soy consecuente en mi jodida inconsecuencia.

Y no, no debería estar escribiendo esto, pero era tal la avalancha de comentarios positivos acerca de esta colección que me he visto obligado a leerla y a violar una de esas normas que considero sagradas. No es que haya sido algo traumático. Reventar dichas normas es algo que siempre se me ha dado bastante bien. Sobre todo las mías. Soy el mejor cagándome en mis reglas e ideales. Quizá porque la curiosidad puede más que yo, y hay un pequeño pijamero dando saltos en mi interior que desea con toda su alma recuperar ese espíritu lleno de maravilla y encanto con el que creció y se hizo hombre en los ochenta.

Si es que da más mal rollo cuando sonríe, el jodío.

Tengo que decir que me acercaba al Inmortal Hulk con enorme escepticismo. Experiencias pasadas con recomendaciones similares habían terminado en fracasos absolutos. Series que parecían la nueva venida del espíritu de John Byrne habían acabado siendo ladrillos infumables llenos de dibujos pochos que ni siquiera llegaban a la categoría de majadería pretenciosa. Los nuevos gurús del cómic americano de superhéroes me han supuesto experiencias efímeras que se desinflan rápido, víctimas de un sistema de series carente de sentido en el que la producción devora sin compasión cualquier atisbo de talento. Después de sufrir el soporífero, vacío e inane Rayo Negro del sobrevaloradísmo Saladin Ahmed y del cegador pero artificioso Christian Ward, me había jurado ir con cuidado. Me han roto el corazón demasiadas veces. Soy una flor delicada que necesita cariño. A mi ano comiquero ya no le caben más puntos de sutura. Por eso visito las nuevas colecciones con miedo, con desencanto y, a veces, con furia. Estoy agotado de decepciones, de gastar el dinero en mierda y de comprar bazofia recomendada por el pagafantas oficial de las grandes editoriales. Nunca mais, que dirían los gallegos.

Es quizá esta férrea barrera que blinda mi corazón la que, una vez vencida la reticencia inicial, ha convertido al Inmortal Hulk en una experiencia muy satisfactoria. En algo casi revelador. No creáis que aquí alguien inventa la pólvora. Qué va. Ni siquiera es el mejor cómic del mes.

Lo raro es que puedas ver algo con esa pedazo de conjuntivitis, majo.

No. No se trata de eso. Se trata de solidez, de oficio y de un buen hacer bien pensado que parece llevarnos a algún sitio con coherencia. Ewing escribe un solvente cómic de terror homenaje a aquellos cómics de la EC que marcaron una época, trazando una hoja de ruta encubierta con capsulas mensuales y en forma de historias autoconclusivas. Se vuelve a los orígenes del monstruo, al espíritu del Doctor Jeckill y Mr Hyde y a esa dualidad en el que la noche cobra protagonismo y la esencia del hombre lobo consigue impregnarlo todo. El de Ewing es un Hulk inteligente, cruel, malvado a fuerza de ser sincero, y las historias episódicas recuperan la sensación añeja de ese Bruce Banner que recorría los Estados Unidos deambulando como el Michael Landon de Autopista hacia el cielo. Ewing va recopilando personajes y lugares hasta crear un concepto nuevo, misterioso y atrayente llamado “La Puerta Verde”, generando a la vez contenido de fondo y un leitmotiv intrigante, que resulta justificación y razón última para el conjunto argumental.

Los guiones se ven reforzados por el arte de un Joe Bennett en estado de gracia, poderoso, desatado, dando por fin un do de pecho que yo llevaba años esperando. Bennett siempre me ha parecido un dibujante de enorme talento que acababa por plegarse a la mojigatería clónica de una industria cada vez más ciega al talento, pero en esta colección parece haberse quitado correas, complejos y miedos de encima. Es clásico, personal y espectacular a la vez. Además, hay en el dibujo de Bennett un homenaje evidente y cargado de líneas a Bernie Wrightson, uno de los dioses del cómic de terror, lo que consigue dotar de una dimensión más personal y terrorífica a una colección que destaca tanto por su arte como por su planteamiento. Unido al pulcro entintado de Ruy José y a los colores de un Paul Mounts que lo baña todo de icónicos verdes y morados, Bennett nos regala páginas de calidad innegable facturando uno de los mejores cómics de la Marvel de los últimos años.

Porque, al fin y al cabo, todos tenemos nuestro propio monstruo interior.

Como decía al principio, no es cuestión de inventar conceptos con el ansia imposible de ser siempre original. No hace falta revolucionar el medio con cada cosa que se hace. Tampoco existe una necesidad real de conseguirlo. En un universo en el que la media de calidad es pestilente, destacar es una cuestión de honestidad y sensatez. Todo consiste en mirar al pasado y coger las muchas cosas buenas dejadas por los que hicieron el camino antes que tú. Ewing parece haber entendido a la perfección los mecanismos que reviven al clásico, y los cinco primeros números de esta colección son un punto de partida perfecto para una serie que promete mucho, y gracias a la cual he recordado el porqué me gustan los superhéroes. No es el mejor tebeo de la historia. Creo que ni siquiera es tan bueno como parece. Eso sí, su solidez es más que suficiente para hacerla brillar como una supernova en plena explosión dentro de un pantano de brea negra. Larga vida al Hulk inmortal.

¡Nos vemos en la Zona!

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2 Respuestas

  1. Joe Runner dice:

    ¿Pues qué te voy a decir si no puedo estar más de acuerdo? Eso sí, aporto una curiosidad. Me he encontrado ya a más de una persona lectora asidua de cómics pijameros que no le está gustando nada esta etapa de Al Ewing. Con decir que incluso he oído críticas a la forma de dibujar a Hulk el señor Bennett. Pero en el fondo creo que eso es bueno, denota que no están siguiendo la típica fórmula de las historietas de superhéroes, que tanto me aburren y son tan repetitivas.

    Sobre lo de Saladin Ahmed solo hay que recordar que cada cierto tiempo las luces se inventan un nuevo mesías al que seguir y predicar su evangelio. Y, como suele ser habitual, no son más que guionistas mediocres. Pero es lo que hay. Tampoco me sorprende. ¡Gran artículo, fiera!

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