EL FOTÓGRAFO, de Emmanuel Guibert y Frédéric Lemercier


Título original:

Le Photographe: Édition Intégrale HC
Sello:
Editions Dupuis
Guionista: Emmanuel Guibert
Artista:
Frédéric Lemercier

Colorista: Didier Lefèvre
Contenido: Le Photographe #1-3 (Oct. 2003 – Feb. 2006)
Publicación Francia:
Agosto 2008
Publicación España:
Agosto 2015 (Astiberri)
Valoración:
Flechazo en la patata

 

Las columnas de la civilización

 no son siempre las más adecuadas,

 como seres humanos con conciencia

 nunca debemos olvidarlo.

EL FOTÓGRAFO
de Emmanuel Guibert y Frédéric Lemercier

La guerra, pilar universal de la civilización humana, pues crear conflictos para demostrar la supremacía frente al otro es nuestra especialidad. ¿Tenemos razón de llevarlas a cabo? La respuesta varía en función de a quién nos dirigimos. ¿Las masacres están justificadas? La respuesta sigue siendo la misma. ¿Dejar los países y sus habitantes en la ruina demuestra algo? Seguramente no pero, como el resto, depende de a quién le preguntemos. ¿El ser humano busca ser mejor que el resto y demostrarlo por la fuerza? En eso estamos todos de acuerdo. ¿Todos los miembros de un Estado están de acuerdo con las guerras entre naciones? No, en eso también estamos todos de acuerdo. ¿El tener diferentes opiniones sobre la guerra y las acciones en las mismas crea conflicto? En eso estamos todavía más de acuerdo. ¿La gente que pone en peligro su vida para brindar ayuda a los demás y salvar vidas son buenas personas? No, son HÉROES en mayúsculas y el trabajo desinteresado que hacen merece todo el reconocimiento del mundo, antes, ahora y en un futuro próximo o lejano.

En estos tiempos que corren todos hemos empezado a tomar conciencia del gran trabajo que hacen los profesionales de la salud (o eso quiero creer), de lo desinteresado que es su trabajo y de lo complicado que es. Sí, salvar vidas es complicado, y más cuando se hace todo lo posible y no siempre funciona. A veces es más duro acompañar a un paciente en sus últimos instantes que hacer una operación a corazón abierto. Pero ¿qué haríamos sin estos héroes en las sombras?, y, ¿les damos la visibilidad y la importancia que merecen? No seré la única que piense que los remedios de jengibre de la abuela no curan un hueso roto y, sobre todo, que los profesionales de la salud no tienen el reconocimiento que merecen. En esto pensé cuando empecé mi inmersión en la bande dessinée de Didier Lefèvre y Emmanuel Gibert Le photographe, obra que se sale del molde en todos los aspectos.

Un buen comienzo lo es todo.

En primer lugar, nos encontramos frente al relato de un fotógrafo, Didier Lefèvre, que tiene como objetivo acompañar a un convoy de la ONG Médicos Sin Fronteras, para ser testigo del viaje desde su organización hasta la disposición de un hospital provisional en una zona en conflicto bélico sin asistencia médica formal. Algo que, evidentemente en términos de guion no es lo más habitual. Por otro lado, el relato es una mezcla de recopilación fotográfica de la expedición y de la tradicional composición por viñetas del tebeo.

Así pues, una vez sumergidos en la historia, seguimos a Lefèvre, quien es contactado por la ONG para fotografiar todo el periplo desde la ciudad de Peshawar hasta Zaragandara, pequeño pueblo situado en el flanco de una colina donde los habitantes, afectados por la cercana guerra están desprovistos de una asistencia médica regular y normativa. Es por ello que MSF decide implantar una estructura médica provisional que tiene como objetivo asistir a los heridos, un médico residirá durante el periodo invernal, y enseñar a puñado de habitantes la medicina más rudimentaria y urgente en el terreno. Con resumen sucinto podríamos decir que se trata de un viaje formando parte de una caravana, pero eso no lo es todo.

Para comprender la aventura de nuestro fotógrafo nos hace falta una inmersión en el contexto, tanto histórico como civil. Nos encontramos en el año 1986, ocho años después del inicio de una guerra entre Rusia y Afganistán, la cual durará hasta 1992. Es por ello que, a través del objetivo veremos un país devastado, afligido, doliente de una situación cotidiana de sufrimiento, pero en el que seremos testigo de una hospitalidad y un reconocimiento que calienta el corazón. Conoceremos una cultura que, pese a que no es tan alejada de la nuestra, tiene sus propias particularidades y conceptos que nos son completamente extraños. También seremos testigo de ciertos choques culturales y de comportamientos que pueden parecernos raros y, sobre todo, veremos la realidad de un país en guerra, seremos testigos del cierre de las escuelas, de los niños que saben diferenciar antes los tipos de fusiles que el nombre de los ríos de su país; tendremos como testimonio la explicación del cambio de roles en el seno de familia como consecuencia de la guerra, de las dificultades para cruzar las fronteras para estar bajo techo amigo y en seguridad. Y, ante todo, seremos guiados a través de todo lo que la caravana de MSF tiene que pasar para poder ayudar a la pobre gente que sufre el conflicto y que no tiene nada que ver con él; las condiciones en las que tienen que ser llevadas a cabo las consultas médicas e incluso las operaciones, la reactividad de estos profesionales y su dedicación.

Porque, en ocasiones, una imagen vale más que mil palabras.

No quisiera dejar de lado la historia de la ONG, pues merece su mérito, no solo por lo que representa en esta obra, sino por ella misma, ya que, desde 1971 ha ayudo a un número incalculable de personas a lo largo y ancho del mundo entero. Médicos Sin Fronteras es una organización de origen francés que tiene como objetivo prestar ayuda humanitaria a las poblaciones que lo necesiten y denunciar las violaciones de los derechos humanos sin tener en cuenta parámetros como la etnia o la religión y dando ejemplo de profesionalidad e imparcialidad para llevar a cabo una asistencia próxima y sin ánimo de lucro. Esta política ha llevado a la organización a ganar el Premio Nobel de la Paz en 1999.

Por último, y a título personal, he de decir que esta reseña no hace justicia a la obra, pues el trabajo de estos médicos y la propia representación en las páginas de esta BD es algo que no se puede describir, la emoción que transmite la historia, el relato del viaje, las conversaciones entre los diferentes integrantes de la caravana y las propias imágenes. Porque las fotografías de Didier Lefèvre captan y transmiten todas las emociones de cada uno de los viajeros, de los lugares, de las personas que se cruzan en el trayecto, de los habitantes de las ciudades y, ante todo y sobre todo, de la gran labor de esos médico altruistas.

La magia de dos artes como la fotografía y el cómic juntos.

¿Mi recomendación personal? Leedlo una vez en vuestra vida, porque esos héroes merecen que se sepa el trabajo que hacen, dónde, en qué condiciones y cómo lo hacen. Porque merecen nuestro reconocimiento más allá de saber de su existencia, pues son un ejemplo de altruismo y dedicación y no hay mejor persona que lo haya plasmado que este increíble fotógrafo, no solo a través del objetivo, sino también a través de su testimonio.

A todos aquellos profesionales que,

en la sombra del egoísmo social,

hacen de este mundo un lugar mejor.

Gracias.

¡Nos vemos en la Zona!

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

También te podría gustar...

Deja un comentario, zhéroe

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.