EL EXTERMINADOR DE TONTOS, de Steve Gerber y Joe Brozowsky

 


Título original
:

Foolkiller, vol.1 #1-10

Sello: Marvel Comics
Guionista: Steve Gerber
Artista: Joe Brozowski (J.J.Birch)
Entintadores: Tony de Zúñiga y Vince Giarrano
Colorista: Gregory Wright
Publicación USA: Oct. 1990 – Oct. 1991
Publicación España:
Valoración: E Pluribus Unum /10

 

 

La renovada fama de Howard el Pato en los últimos años a raíz de cierto cameo, con breve serie regular incluida, ha renovado el interés en su nunca lo suficientemente reivindicado creador: Steve Gerber. Pero en este caso no vamos a hablar de las aventuras de su personaje más popular durante la época de las hombreras y los dientes apretados, sino de una creación algo menos conocida con la que el pato fumador de puros comparte, en cierto sentido, origen: nada menos que El Exterminador de Tontos. Quien contó con una improbable serie limitada a principios de los noventa la cual, el propio Gerber confesaba en una entrevista de 1997, era su obra favorita.

EL EXTERMINADOR DE TONTOS, Vol.1
de Steve Gerber y Joe Brozoswki

¿Dónde está el tonto a exterminar?

EXTERMINANDO TONTOS DESDE 1974

La figura del Exterminador de Tontos es introducida el 1974 en Man-Thing #3, la serie “protagonizada” por el Hombre Cosa, criatura monstruosa, muda, desprovista de inteligencia y que habita en el pantano, solía servir de testigo silencioso en su propia cabecera de las visicitudes de otros personajes. Tal y cómo había sucedido en la serie que protagonizaba con anterioridad a esta, Adventures into Fear (1970-1975) cuando Gerber se hizo cargo de esta, que sirvió para presentar, entre otros, a Howard el Pato.

Ayudado por el dibujante Val Mayerik, durante dos números, Gerber nos presenta a un reaccionario fanático religioso obsesionado con eliminar a disidentes anti-vietnam, pecadores y demás criminales de esa índole, ya que considera Dios le ha otorgado la labor de librarse de los “tontos” que están llevando a la sociedad a su colapso. Y para hacerlo nada mejor que vestirse como el zorro pero con sombrero de ala larga, además de armarse con una misteriosa pistola láser purificadora. Tendremos que esperar a 1982 para que Roger Stern, en la serie Amazing Spider-Man, nos revele la identidad primer Foolkiller jugando con el nombre y apellidos de su creador: Ross G. Everbest.

Pim pam pum, tengo una pistola…

Pero si Everbest fue el primer Exterminador de Tontos eso significa que tuvo un sucesor. Gregory P. Sallinger fue presentado en las páginas de Omega the Unknown (1976-1977) otra de las curiosas e innovadoras propuestas de Gerber para la Marvel de la época, que en este caso no pasó del número #10. El guionista, ayudado por Mary Skrenes y con dibujos de Jim Mooney nos narraba como Sallinger, inspirado por un Everbest al que no llega a conocer, se ve movido a recuperar su atuendo y pistola purificadora. Pero en este caso, el nuevo Foolkiller optará por alejarse conscientemente del fanatismo religioso de su predecesor y opta por ajusticiar aquellos que considera culpables de caer en el materialismo, la mediocridad o la carencia de “naturaleza poética”.

El comienzo de las desavenencias de Gerber con Marvel (que marcarían su relación con la editorial) hicieron que la próxima vez que nos encontráramos con Greg Sallinger, no fuera de la mano de su creador sino de Ed Hannigan (dibujante reciclado a guionista, además de co-creador de Capa y Puñal) durante su etapa como escritor de Los Defensores, y así el Exterminador de Tontos, plasmado por Herb Trimpe, se paseaba por las páginas de Defenders #74-75 (1979). Más adelante nos encontraríamos a Greg Sallinger como compañero de universidad de Peter Parker en Amazing Spider-Man #225-226 (1982) donde el clásico dúo Stern/Romita JR nos narraban un encuentro del trepamuros con el enloquecido Foolkiller que terminaba con este último internado en una institución psiquiátrica. Poco más volveríamos a saber del personaje, más allá de alguna mención esporádica, hasta la llegada de la década exxxtrema.

The Amazing Foolkiller.

Pero debemos remontarnos a 1988 para encontrar el origen de nuestra serie. Steve Gerber, tras varios tiras y aflojas, había vuelto a trabajar para Marvel realizando trabajos de diversa índole tales como seriales en el Marvel Comics Presents. Hacia 1990 el escritor estaba realizando guiones para series como Avengers Spotlight (1989-1991) o She Hulk (1989-1994).

La situación de Marvel en 1990 era…singular, durante aquel año todavía se publicaron obras de los grandes autores de los ’80, tales como el Elektra Lives Again de Miller, al mismo tiempo que personajes como Cable se presentaban en la serie de Los Nuevos Mutantes y una nueva ola de dibujantes comenzaba a hacer ruido en las series de Spiderman (McFarlene y Larsen) y de los populares mutantes (Liefeld, Lee, Silvestri…), la línea Epic continuaba funcionando con experimentos como la Shadowline o la publicación del Akira de Otomo. Podemos decir que el negocio iba bien, y en Marvel incluso se permitían lanzar series con nuevos “Héroes para los ’90” con series dedicadas a un nuevo Motorista Fantasma o los Nuevos Guerreros. Es en este clima efervescente donde uno puede imaginarse a Gerber colando su idea para la serie a una Marvel todavía hambrienta a la hora de lanzar nuevas series de tipos duros y oscuros a los que explotar al margen de sus superventas. Y así, con fecha de portada de octubre de 1990 se lanza al mercado Foolkiller, una nueva serie más dentro de las nuevas cabeceras de la Casa de las Ideas, o no.

LOCO DE RABIA

Kurt Gerghardt: a new look.

La serie de Foolkiller arranca con Gerber reintroduciendo a un viejo conocido, Greg Sallinger, que lleva varios años encerrado en una institución mental  en indiana y que, al parecer, ha dado grandes pasos en su recuperación, y busca llevar su mensaje al mundo. Por otra parte se nos presenta a Kurt Gerghardt, un hombre de mediana edad cuyo padre ha sido recientemente asesinado de una brutal paliza, no sólo eso, la crisis económica (¿os suena?) de principios de los ’90 ha culminado con la pérdida de su trabajo en el sector bancario y su incapacidad para encontrar trabajo, unida a la muerte de su padre lo hundirá en una depresión que acabará por costarle su matrimonio. Y así, divorciado, sin dinero, viviendo en un apartamento infecto y trabajando en una hamburgueseria, con un superior al que dobla la edad, Kurt tendrá que enfrentarse a un violento intento de robo, esto será el detonante que le lleve a plantearse las bases de la civilización. Es en este estado en el que nuestro protagonista entrará en contacto, gracias a la televisión, con el todavía internado Greg Sallinger y su visión de la humanidad como un hatajo de egoístas movidos por el dinero, la fama y las posesiones.

La visión del mundo que nos muestra Gerber, pese a poder enmarcarse dentro de su habitual vena satírica, es ciertamente más oscura de lo habitual, la tierra ha sido tomada por los “tontos” y todos los esfuerzos, sueños y aspiraciones de sus personajes carecen de sentido al depender, en última instancia, de la panda de inútiles egoístas que conforman la sociedad y sus líderes. Y sin embargo, el guionista nunca deja del todo de lado el humor socarrón que le caracteriza, el lector será testigo de un origen “a lo Batman” llevado al extremo y que roza lo ridículo al mismo tiempo que, durante sus misiones de exterminio de tontos, a nuestro protagonista le caen más palos que a una estera al tratarse, al fin de al cabo, de una persona corriente sin demasiado entrenamiento específico más allá de sus armas heredadas.

Malas madres.

A través del desarrollo de la serie seremos partícipes de las reflexiones y justificaciones filosóficas que Kurt da a sus acciones, al mismo tiempo que vemos evolucionar tanto su modus operandi como su estética, en un curioso movimiento que toda al personaje de un aspecto alejado de su concepción original y mucho más alineado con las preferencias estéticas del grim & gritty tardo-ochentero. El autor se esfuerza por mostrar Exterminador de Tontos como un vigilante con motivaciones y objetivos diferentes a los de, por ejemplo, Punisher, añadiendo a los objetivos obvios otros menos convencionales, aunque no por ello menos “tontos”. Gerghardt se las verá con bandas de adolescentes (madres negligentes incluidas) prostitutas contagiosas, maltratadores de animales, niños adicto al crack y demás elementos típicos de “La Nueva Era de la Barbarie” que le toca vivir al “pobre” Foolkiller.

NO LES INTERESA LA HISTORIA Y NO CREEN EN EL FUTURO

Por supuesto, siendo Foolkiller una serie de corte “realista”, las acciones de nuestro protagonista comenzarán a pasarle factura. Como ya les sucedió a sus predecesores Gerghardt comienza a sentirse cada vez más rodeado de tontos, planteándose cuál es la acción que les hace susceptibles de ser exterminados. Además, la naturaleza sucia y extremadamente violenta de sus escapadas justicieras acabará pasándole factura a los inocentes, cosa que se traducirá en la segunda crisis de nuestro protagonista en el ecuador de la serie.

Gerber aprovecha la crisis de su creación para dar su propia versión de uno de los –ahora ya- clichés más recurrentes surgidos de las grandes obras de los ochenta, en este caso, el héroe que se enfrenta a una terrible crisis de la que se alza reforzado, incluso renacido. Pero siendo nuestro autor quien es no se trata de una aproximación convencional a este tipo de historia. Desde el distanciamiento irónico, el guionista nos muestra el calvario y posterior reafirmación del héroe, el cual llega a la verdad última, alcanzando a ver el verdadero problema de la sociedad moderna y, ya de paso, expandiendo su definición de tonto, mirando hacia arriba en el escalafón social.

Tantos tontos para tan pocas balas.

Y a partir de ahí los primeros tontos en padecer la “justicia” del Foolkiller serán nada menos que los simpatizantes de las dos facciones políticas enfrentadas por la entrada del gobierno estadounidense en la guerra Guerra del Golfo (la primera) nadie escapará a la mirada acusadora de Gerber (y su Exterminador) desde los miserables vende-banderas hasta los pacifistas con agenda propia. Como es de esperar, la cosa irá en aumento y los siguientes objetivos en la escalada del Exterminador de Tontos serán esos empresarios de trajes elegantes, propietarios de medios de comunicación y con conexiones políticas. Esto no hará sino agravar la situación de nuestro protagonista, que ya tiene claro su destino, de paso también se le revelará al lector el verdadero papel del Exterminador de Tontos dentro de la sociedad en un gran final a la altura de la serie.

LAS ACCIONES TIENEN CONSECUENCIAS

Ese parece ser el mensaje que el autor transmitir a través de la serie, como parte que somos de una sociedad, nuestras acciones tienen su reflejo en esta. Foolkiller no es la obra más conocida o reivindicada de Steve Gerber, de hecho a día de hoy todavía no parece haber alcanzado esa imagen de “obra de culto”. Quizá, como a tantas otras, le perjudicara su período de publicación con el grueso de los lectores embelesados por las portadas con brillitos, los mutantes de pistolones imposibles y la explosión especulativa. Sin embargo, es innegable que el equipo creativo realizó un trabajo remarcable en estos 10 números, adelantándose con algunos conceptos a obras que serían publicadas 20 años después. Además de la sátira social y política esperable del guionista, Gerber se las apaña para realizar un extraordinario retrato y desarrollo del protagonista, logrando que el lector empatice con quien es, básicamente, un lunático y esto es así porque sus frustraciones, sinsabores y dudas son resultado de la peor cara de la sociedad moderna.

Foolkiller contra el maltrato animal.

No sería justo finalizar este artículo sin mentar el estupendo trabajo de Joe Brozowski, que firmará como J.J.Birch a partir del número #2, un dibujante cuya carrera se concentra en el período de finales de los ochenta y principios de los noventa con obras como Fury of Firestorm, Xombi o 2099 Unlimited. Su trabajo en el apartado de la acción y la anatomía es correcto, con una ligera tendencia a la exageración en las expresiones faciales y en algunas posturas, pero es en su tratamiento de los fondos donde el autor más contribuye a la hora de darle a la obra el aspecto sucio y recargado que precisa el estilo realista y a la vez exagerado de la serie. En el número 7 incluso se permite jugar con los claroscuros en un par de splash pages que recuerdan al Miller de la época. 

Poca suerte ha corrido el personaje tras la finalización de la serie que nos ocupa, no volveríamos a verlo hasta ya entrado el S.XXI de la mano de lumbreras tales como Bendis o Daniel Way que lo usaron como poco más que carne de cañón. Tampoco es especialmente recordable Mike Trace, Foolkiller creado por Gregg Hurwitz  para dos miniseries de la línea MAX y que poco tiene que ver con la creación de Gerber más allá del nombre entre 2007 y 2008. Duggan recuperará al Exterminador de Tontos del Universo Marvel como parte del equipo de mercenarios de Masacre y de ahí a una breve serie de 5 números entre 2016 y 2017. Desgraciadamente, como tantas otras creaciones de Steve Gerber, ningún autor parece acabar de saber cómo manejar al personaje.

Aún nos quedan 10 números de una pequeña joya a reivindicar, un thriller psicológico.

¡Nos vemos en la Zona!

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David Mas

Lector compulsivo, le gusta referirse a sí mismo en tercera persona en las bios, escribe artículos a ratos, y también acumula papel y trastos. ¡Ah! Y una vez vio un dirigible... Bueno, la verdad es que no.

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