EL ESPÍRITU DEL ESCORPIÓN, de Fernando Llor y Pablo Caballo

 

 

Título original:
El Espíritu del Escorpión: La máscara del genocida de Srebrenica HC
Sello: Evolution Comics (Panini)
Guionista: Fernando Llor
Artista: Pablo Caballo
Colorista: B/N
Publicación USA:

Publicación España: Junio 2018
Valoración: Hacedle caso a él, que sabe /10 

 

Os voy a contar una anécdota real. Hace ya un tiempo una profesora que impartía la asignatura de Empresa lanzó una pregunta a todo el aula: “¿Sabríais decir algún líder reconocible?”. Tonto de mí se me ocurrió dar un par de nombres, siendo estos Lenin y Fidel Castro. No por idealismos políticos, sino porque creo que todos los conocemos. Se rió de mí y dijo delante de todo el mundo: “No. Me refiero a líderes de verdad, como Amancio Ortega. Pues bien, de eso va la reseña de hoy, de gurús, líderes y demases que se venden al pueblo estúpido de una manera genuinamente espectacular. Hoy toca hablaros de…

EL ESPÍRITU DEL ESCORPIÓN
de Fernando Llor y Pablo Caballo

Antes que nada, primero hemos de situarnos en el tiempo con una pequeña lección de historia yugoslava. Os prometo que seré indoloro y rápido. Tras la muerte de Tito, la cohesión de la República Yugoslava se vio fuertemente perjudicada, debido a que la cantidad de nacionalidades que convivían entre sus fronteras eran demasiado fuertes y arraigadas. Por ello fue que Eslovenia y Croacia no tardaron en proclamarse independientes y la llegada de Slobodan Milošević al poder de una Serbia mermada hizo que el resto de bandos nacionalistas no perdieran el tiempo en hacer sus jugadas estratégicas. Alegando que temían una fuerte dictadura en la que aquellos que no fuesen serbios serían ciudadanos de segunda, se comenzó una serie de guerras en las que Serbia se enfrentó a Bosnia y Macedonia. Fue durante la Guerra de Bosnia cuando tuvo lugar uno de los eventos más sangrientos de los Balcanes: el genocidio de Srebrenica. Con la excusa de liquidar a miembros de Al-Qaeda enfrentados, el serbo-bosnio Radovan Karadžic realizó un movimiento militar en el que sitió a los ciudadanos musulmanes y los terminó liquidando, buscando así realizar su ansiada limpieza étnica. Durante casi veinte años se culpó al gobierno socialista de Milošević de aquella matanza, pero lo cierto es que fue el bando nacionalista de Karadžić y el carnicero de Srebenica, Ratko Mladić, los artífices de tal inhumana acción.

Sin embargo, el 11 de julio de 1996, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia dictaminó una orden de búsqueda y captura sobre la cabeza de Radovan Karadžic y éste desapareció durante casi diez años haciéndose pasar por Dragan Dabić, haciéndose pasar un afamado terapeuta energético que usaba su poder para ayudar en los casos de infertilidad. Una de aquellas pacientes es nuestra protagonista Jasmina, que buscando poder quedarse encinta, no duda en hacer todo lo que le dice el gran gurú de Belgrado. Usando unas técnicas poco menos que extrañas, nos adentraremos en una historia en la que la imagen del ídolo está muy por encima de la racionalidad. Una interesante idea por parte de Fernando Llor que no sólo nos muestra cómo uno de los mayores genocidas de la Europa moderna fue capaz de engañar a todo el planeta y llegó a meterse en su papel de auténtico mesías de la medicina, sino el tremendo poder que es capaz de dar la gente a ciertos personajes con su total y absoluta admiración. Una crítica que nos lleva a un tema más actual de lo que pensamos: el gurú.

La gentileza de la extrema derecha.

Esos ídolos perfectos que parecen haber sido bendecidos por los hados con el don de la dialéctica y el conocimiento universal. Seres de luz que se desviven por sus seguidores para iluminarles el camino, la doctrina a seguir, aconsejándoles para cualquier tipo de situación o problema, ya sea banal o complejo, debido a su cualidad inherente de poseer la auténtica verdad. Semidioses que saben qué decir y cuándo decirlo, y si fuese necesario, ellos crean el momento idóneo para hablar sobre lo que ellos piensan y como ellos lo piensan. Íncubos o súcubos que saben adaptar la forma ideal para ganarse al buen público, engatusar al rebaño para hacerles creer que están siendo dirigidos por auténticos mártires incomprendidos por el resto de la sociedad. Titiriteros de cuerda floja y piel fina que son incapaces de demostrar su auténtico conocimiento alejados de sus estratagemas y artilugios, que son profesionales en vender humo, pero que viven en grandes mentiras con pilares de papel. Esa lacra social que se aprovecha de la estupidez de la masa y que denigra todo aquello que tocan.

Lo más patético de todo es que aunque sus seguidores averiguasen de qué pasta están hechos sus gurús, pasaría lo de siempre: que la masa seguiría adorándoles. Es un hecho que la gente necesita pertenecer a grupos, busca sentirse identificada y segura en una manada que emita la misma sintonía que ellos. Así es que luego se muevan en oleadas y funcionen como un banco de pirañas cuando alguien intenta pensar libremente. Evitan enfrentarse a la realidad de que están solos y que su becerro dorado no era más que aquello que querían creer. Un espejismo onanista. Una imagen con efecto retardado de ellos mismos…

Tomad asiento, borregos míos.

Para acompañar toda esta atmósfera turbia y oscura, la obra cuenta con el apartado artístico de un Pablo Caballo excepcional, del cual desconocía su existencia, pero que ha ganado un ferviente admirador. Jugando con el monocromatismo y la suciedad de la tinta, Caballo narra la historia de una manera igual o más particular que su compañero, que juega con los saltos temporales para mostrarnos las dos caras de un mismo personaje. Con un estilo a caballo entre simbolista y realista, el toque abstracto le provee a la obra de esa fuerza necesaria para convertirse en algo más que un cómic, haciendo que la mente del lector termine el dibujo en su cabeza y metiendo a este todavía más en la historia. En ocasiones me ha recordado fuertemente a Dave McKean, con ese estilo ambiguo que destroza tu cerebro y te deja como nuevo. Además, para ser la primera obra larga del dibujante es un trabajazo increíble el que realiza y sólo me anima a esperar qué será lo siguiente que dibujará. 

El mercado nacional comiquero no deja de sorprenderme con grandes obras realizadas por personas con un potencial enorme o una visibilidad más baja que otros autores. Os insto a que compréis El Espíritu del Escorpión porque es de lo mejor que vais a leer durante todo este año y, además, tiene el aliciente de tratarse de “hechos reales”. Sea como fuere muestran una realidad que seguimos padeciendo actualmente, como los gurús, y utilizando un ejemplo tan claro como histórico. No os decepcionará.

¡Nos vemos en la Zona!

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Joe Runner

Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Zona. Vivo mejor que quiero.

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1 respuesta

  1. 24 julio, 2018

    […] del Escorpión y está recibiendo un montón de reseñas y valoraciones positivas (como esta y esta). También me contó que tiene una web llamada Escribiendo Cómics que abrió con toda la ilusión […]

Deja un comentario, zhéroe

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