EL CLUB DEL DIVORCIO, de Kazuo Kamimura

 

 

Título original:
Rikon Kurabu (離婚倶楽部)
Sello:
 Futabasha

Mangaka:  Kazuo Kamimura
Publicación original: Oct. 1974 – Ago. 1975
Publicación España: Nov. 2017 – Ene. 2018
Valoración: Feminismo Ilustrado /10

 

 


Hace poco leía en tuiter a una de estas iluminadas por la virgen que pululan por las redes decir que, durante este mes, sólo iba a leer cómics realizados por mujeres, algo que me parece una elección tan respetable como totalmente absurda. Amiga, te vas a perder la mitad de las publicaciones del mes y un montón de historias y personajes según la existencia o no de un cimbel. Vale que nos hayan ninguneado durante siglos, pero justo ahora que empezamos a ser visibles y reconocidas de verdad, llegan estos alegatos sin sentido que nos recomiendan instan a hacer lo mismo por lo que llevamos luchando cientos de años. Siento mucho la confusión que hay en torno a estos temas porque, de hacerles caso, nos acabaremos perdiendo obras como…

EL CLUB DEL DIVORCIO
de Kazuo Kamimura

No voy a ser yo, precisamente, la que diga que no nos queda camino por recorrer. Pero tampoco voy a quitar el mérito a todas aquellas personas que han hecho posible que yo hoy pueda expresar libremente mi opinión en un medio público. No hace tanto esto era algo impensable, y tan sólo hay que echar la vista unos cuantos años atrás, o hacia otras culturas, para darnos cuenta de que estamos más cerca que nunca de acabar con las diferencias salariales y que resulta evidente e inocultable nuestra presencia y valoración en el mercado laboral.

La historia que nos cuenta Kazuo Kamimura se sitúa en Japón a principios de los años 70, una época y lugar muy alejados del movimiento hippie y de liberación sexual que estaba bullendo en occidente. Unos años jodidos para las mujeres japonesas que aún no tenían hueco, y mucho menos relevancia, en el ámbito laboral. Las aspiraciones de cualquier muchacha joven se limitaban a encontrar un marido que la mantuviese a ella y a su prole, y, una vez encontrado ser siempre serviciales, atentas y con la cabeza gacha. Y pobre de la que se divorciaba,  en Japón no hay ayuda que valga para madres sin ingresos, además la mala fama la estigmatizaba de por vida y para mantener a sus hijos se veía obligada a trabajar de lo poco que se le permitía: o ganar una miseria limpiando o ganar una miseria con propina en los clubs de alterne, ya fuera como camarera, acompañante o prostituta.

Lo de la opresión.

En esta sociedad con arraigos de tradición machista mucho más fuertes que los de la nuestra, vive Yûko, una joven de 25 años que regenta un club nocturno llamado El Club del Divorcio, un pequeño local de Tokio donde ella y otras mujeres divorciadas se ganan la vida lo más dignamente que pueden. A través de ellas vivimos el duro drama que supone para una mujer salir adelante, día a día, en estas condiciones.

A pesar de haber pasado varias décadas, el relato no ha perdido ni un ápice del mensaje reivindicativo original y, aunque al sector más crudo del nuevo feminismo le chirríe, El Club del Divorcio supone uno de los mayores cantos al feminismo real que he leído, a pesar de estar escrito por un hombre y, encima, japonés. El alegato que presenta Kamimura a favor de las mujeres y de la fuerza, no la que tenemos, sino la que tenemos que demostrar para ser valoradas, supuso y supone un empujón mucho más fuerte en nuestra lucha que cualquiera de los eslóganes que se han aprendido las que se han erigido como portavoces de todas.

Pregúntale del divorcio a tu abuela, a ver qué tal por aquellas.

No es casualidad que Kazuo Kamimura sea capaz de retratar la delicadeza de la situación con tanta veracidad y mimo, ni que su imaginario se centre en geishas (acompañantes de lujo), jokyus (camareras que salen a consumir y amenizar con los clientes sin intimar) y shafukus (camareras de sake), ya que su padre falleció cuando él tenía 12 años y su madre y su hermana fueron sus referentes. Gracias a ellas, los personajes de Kamimura sensei son mujeres fuertes y luchadoras. Porque, aunque ahora lo denuncien como un acto de intrusismo, no hace falta ser una mujer para llegar a comprender lo que reclamamos ni unirse a nuestra causa. Solo ver, oír y denunciar.

Y la denuncia de Kamimura, además es una obra magistral con un ritmo casi cinematográfico que logra usando las técnicas narrativas de Kurosawa (captar una misma escena desde distintos ángulos) o de Yasujiro Ozu (rodar con planos tomados con la cámara a unos 90cm. del suelo simulando a una persona sentada en un tatami), combinadas con series de viñetas horizontales con movimiento interno y splash pages que sirven como planos de situación. Un maestro en el uso del espacio y la orientación de las imágenes, capaz de aportar una enorme variedad de planos y plasmarlos en unos dibujos impecables. No en vano, su trazo elegante y detallista le valió el título de pintor ukiyo-e de la Era Showa (1926-1989).

Plano de situación del local y de las relaciones entre personas.

No hace falta que jure que es el maestro con el que aprendió nuestro adorado Jiro Taniguchi, que adoptó su mismo estilo costumbrista de líneas finas y detalles delicados. Tampoco extraña que su Lady Snowblood fuera el punto de partida del proceso de creación de Kill Bill. 

Un retrato de la realidad del divorcio en el Japón de los años ´70, que lanza un mensaje reivindicativo sobre la situación laboral de la mujer de ayer y hoy, envuelto en un dibujo de técnica exquisita y ritmo cinematográfico. Un imprescindible del arte gráfico que ha llegado a nosotros por alzarse con el Premio del Patrimonio de la última edición del Festival de BD de Angoulême. Una historia de mujeres contada por un hombre al que las circunstancias le llevaron a alzar su propia voz por la causa y que aportó su grano de arena para que hoy yo pueda valorar, elogiar y recomendar su obra con todo el derecho y libertad del mundo.

¡Nos vemos en la Zona!

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Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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