EL CASO DE CHARLES DEXTER WARD, de I.N.J. Culbard

 

 

Título original:
The Case of Charles Dexter Ward GN
Sello: SelfMadeHero Books
Guionistas: I.N.J. Culbard
Artista: I.N.J. Culbard
Publicación USA: Abril 2013
Public. España: Octubre 2016 (Norma)
Valoración: Maravilla primigenia cósmica/10

 


La magia existe. Tiene que existir. No sé la manera ni la forma. No se cómo o por qué, pero de su existencia no tengo duda alguna. Y no me refiero a las prestidigitación hecha carne en forma de Juan Tamariz. Nada de trucos cutres del algún mago de saldo que corta en dos a la típica buenorra embutida en medias de rejilla. Nada de humo, espejo y fondos dobles. Yo hablo de magia. De magia de verdad. De ese algo secreto que nos rodea, carga de electricidad estática el ambiente y se manifiesta como una energía incomprensible. De ese algo que cambia el rumbo de lo lógico y nos deja sin palabra alguna. Sí. Así es. No tengáis ninguna duda.

La magia existe y…

EL CASO DE CHARLES DEXTER WARD
de I.N.J. Culbard

es una excepcional muestra de ello.

Creo que hablar de Lovecraft sería redundante, sobre todo por las toneladas de tinta que se han gastado en glosar la vida, obra y milagros del escritor más importante para la literatura de terror del siglo XX. Más allá de la calidad artística de su obra, la creación de un nuevo estilo de horror acompañado de todo un panteón original de seres, dioses y monstruos, le han convertido por méritos propios en la fuente de inspiración directa o indirecta del miedo que nos acongoja desde que tenemos conciencia. Sin él, la obra de gente como Stephen King, John Carpenter, Ramsey Campbell o Mike Mignola sería algo totalmente diferente. Cthulhu sabe que tengo razón.

El Caso de Charles Dexter Ward es una de sus trabajos más conocidos, una novela corta en la que se reflejan todas sus obsesiones: lo que se esconde detrás de la puerta, la pervivencia de un mal eterno que acecha en libros ocultos, la corrupción a la que se puede llegar a través del conocimiento de lo prohibido y los seres difícilmente descriptibles que habitaron la tierra milenios antes de la creación del hombre. Los monstruos de Lovecraft trascienden la realidad para agazaparse en las esquina de lo cósmico. Son creaciones inimaginables que enloquecen con su mera sombra. Ocultos tras el velo de nuestro día a día, esperando pacientes a la grietas creadas por nuestra inconsciencia y nuestra arrogancia, a menudo son entidades sin forma que no necesitamos ver para sentir su hedor palpitante tras las paredes de nuestro cuarto. Sus héroes son humanos mundanos que se enfrentan a lo imposible sin esperanza, porque como lector sabes que el mal que tienen ante sí es invencible y la única solución que les queda es huir o acabar convertidos en gasolina para el frenopático. En las historias de Lovecraft no hay esperanza. Nunca se gana. Como máximo, se retrasa lo inevitable.

Y se marchó. Y a su barco le llamó: Cthulhu…

I.N.J. Culbard se ha convertido en un experto en lo que a adaptaciones literarias se refiere. Recomiendo su versión de “En las Montañas de la Locura”, otra de las obras fundamentales del apocado y enfermizo escritor de Providence, en la que Culbard muestra de manera todavía más depurada todas las virtudes que ya expone con maestría en este tebeo en el que se cuenta la trágica historia de la familia Ward. Con escrupulosa fidelidad recorre cada capítulo de la novela, hilando con naturalidad un cómic apasionante que te atrapa y que no puedes soltar hasta el final. Lo intuido es mucho más importante que lo visto, y cuando uno se adentra por fin en el epicentro del horror, lo que se ve no resuelve ninguna pregunta sino que, muy al contrario, genera todavía más dudas, de esas que te rondan por la cabeza con desesperante desazón. Lejos de resultar decepcionantes, los finales de Lovecraft son fruto de lo inevitable, lógicos en sus misterios e interrogantes. Es preferible no saber a conocer la verdad primigenia.

Académico en su desarrollo, prosa, dibujo, composición y narrativa, Culbard recupera el espíritu de aquellos míticos “Clásicos Ilustrados” que muchos hemos usado como excusa para pasar del libro y, al final, han servido de acicate para leerlo con entusiasmo. Narra con pulso firme y sin exceso de fuegos artificiales, usando una puesta en escena casi teatral en la que se intercalan algunas escenas espectaculares. Los colores son planos, sin estridencias, y solo se vuelven brillantes y de un verdoso radioactivo cuando nos enfrentamos con la maldad que recorre las venas de la tierra. Cómic y literatura hermanados en una simbiosis casi perfecta, que refleja con precisión el espíritu que subyace bajo esa sociedad rancia de exquisitos modales que acaba desbaratada por la lógica implacable de un horror capaz de acabar con la existencia.

Hay personas que no saben calmar las situaciones.

Quizá el Necronomicón nunca fue escrito, pero enfrentados a la enormidad insondable del universo es difícil asegurar que no existe algo cuyo poder somos incapaces de trascender. El Caso de Charles Dexter Ward es una ventana hacia los misterios que deben permanecer ocultos, hacia los rituales secretos que los hombres realizan buscando una longevidad artificial incapaz de crear nada más que muerte. Enlazando el tiempo con letras y dibujos, Lovecraft y Culbard crean un portal hacia esa magia que negamos porque nos aterra y, sobre todo, porque cuesta reconocer lo mucho que eso nos divierte.

¡Nos vemos en la Zona!

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