EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO, de Eduardo Mendoza

Las personas pasamos por muchas etapas en nuestra vida. Cambiamos de físico, de manera de pensar, de residencia, de pareja… pero hay cosas que siempre permanecen y una de ellas son los libros. Y, de entre todos esos tomos que conforman nuestras estanterías, cada lector tiene un autor de cabecera. Una lectura recurrente a la que acudir, sin complejos y las veces que haga falta, para desconectar de todo y de todos y refugiarse de la realidad. El mío es Eduardo Mendoza.

Este confinamiento eterno nos tiene a todos con los pelos de punta. Al principio, parecían unas vacaciones raras, que nos iban a venir de lujo para descansar, ponernos al día y, por fin, ver, leer y jugar a todo aquello que teníamos pendiente. En nuestro afán por consumir el tiempo que nos quedaba por delante nos pusimos a devorar sin control series enteras, cuatro y cinco películas al día y, por supuesto, toda la pila de cómics pendientes.

Información por los ojos.

Plataformas digitales , editoriales, escritores, músicos, dibujantes, directores, bailarines, deportistas… coincidieron A LA VEZ en que nada de lo que teníamos pendiente iba a ser suficiente y decidieron regalarnos su arte. Así que casi tiran internet abajo con propuestas, proyecciones, museos, teatros, retos, recetas y, por supuesto, lectura. Cómics y libros gratis. Todo a un click. De una cosa a otra. Ves esto, te recuerda a aquello, pero se te cruza esto otro por delante… Imagino que, a estas alturas, más de uno sabe de lo que estoy hablando: la sobresaturación y, con ella, la confusión de capítulos, la mezcla de autores y el despiste general. Y después, sólo apatía.

El elegido.

Por suerte, yo tengo un truco. Un salvavidas al que agarrarse cuando te ahogas en tus propios pensamientos. Algo que me saca de todo, me relaja, me vacía y me devuelve al mundo como nueva. Se llama Eduardo Mendoza y con él me he perdido más de una vez en El Laberinto de las Aceitunas, he viajado en autobús Sin Noticias de Gurb, he asistido a Riñas de Gatos en el Madrid del ’36 y he dejado pasar las páginas de mi propio diario, enfrascada en el que narra El último trayecto de Horacio Dos.

Evidentemente, la elección del “mendoza de turno” no ha sido fortuita. Entre los despojos de recuerdos mezclados, la nueva temporada de Justo Antes de Cristo, la enésima reposición de La Vida de Brian durante la semana santa y el desafortunado fallecimiento de Albert Uderzo pujaron fuerte en mi subconsciente para que mi mano se lanzase a por El asombroso viaje de Pomponio Flato. Y es que hay algo en la parodia romana que siempre ha llamado poderosamente mi atención.

No voy a extenderme mucho en el argumento, porque el libro es ligerito y merece la pena descubrirlo por uno mismo. Basta con saber que justo después de Cristo, Pomponio Flato, en su búsqueda de las aguas mágicas que otorgan sabiduría al que las bebe, acaba atrapado en el pueblo de Nazaret, donde quieren crucificar a José, el carpintero, acusado de asesinar a un terrateniente. Y que el niño Jesús contrata a Pomponio para que investigue y salve a su padre del ajusticiamiento.

Los protas volviendo de merendar.

El asombroso viaje de Pomponio Flato es una suerte de novela policíaca, con detectives, ladrones y tramas urdidas en la sombra, que se entremezcla con algo de novela histórica y mucho de comedia bíblica. El estilo desenfadado de Mendoza, aunque solemne en la pluma de Pomponio, pues es él mismo quien cuenta sus desventuras en una carta su amigo Fabio, resulta perfecto para realizar este retrato esperpéntico de una etapa “histórica” tan presente en misa de doce. Y bien es cierto que trata de tú a la escatología y plantea situaciones que rozan el absurdo pero, a la vez, el contenido está tan bien documentado que bien podría pasar por un pasaje de La Biblia, descartado y recogido en los evangelios apócrifos.

En situaciones de alta presión, si sois de los que se atiborran sin control y sufrís un empacho cerebral, buscad vuestra propia lavativa, que en vuestra estantería está. Mis musas también se habían ido de viaje y Pomponio me las ha traído de vuelta.

¡Nos vemos en la Isla!

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Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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