DIARIO DE UN INGENUO, de Émile Bravo

 

 

Título Original:
Spirou. Le Journal d’un ingénu
Sello: Éditions Dupuis
Artista: Émile Bravo
Colorista: Delphine Chedru
Publicación Francia: Octubre 2008
Publicación España: Enero 2019  (Dibbuks)
ValoraciónNo es ligero equipaje para tan largo viaje

 

 

Después de un incidente en el Orfanato de San Pancracio donde se criaba entre curas de dudosa reputación, el  joven Jean-Baptiste  se ve obligado a abandonar el que ha sido su hogar. Acompañado de una pequeña ardilla heredada de su amigo, también implicado en el incidente y con un destino más negro, Jean-Baptiste empezará a trabajar como botones en un buen hotel de la ciudad. Su vida va a cambiar tanto que hasta adopta el nombre de la ardilla para él mismo, respondiendo ahora al nombre de Spirou. Y es con ese nombre con el que firma este…

DIARIO DE UN INGENUO
de Émile Bravo

Se hizo botones porque como Embajador de la Paz, mal.

No os voy a engañar, nunca he sido fan de Spirou. De hecho conozco más al personaje por las historias de Marsupilami, ese bicho con una cola que parece salido de un cómic de McFarlane, y por las apariciones de Fantasio en esa maravilla de cómic que es Gastón, el Gafe. Después de todo el cómic europeo nunca estuvo entre mis favoritos, menos aún en mi tierna infancia y no tan tierna juventud donde predominaba el pijameo. Además, recuerdo que cuando veía a Spirou pensaba que era una copia barata del Botones Sacarino. Errores de juventud, que queréis que os diga.

En el caso que nos ocupa estamos ante una reinterpretación más moderna del personaje, pese a que el cómic tiene más de 10 años (yo siempre a la última), que pone el foco en sus primeros días como botones, como Spirou y como chico que descubre la vida que hay más allá de todo lo que ha conocido hasta el momento. Una historia que es un canto a la inocencia perdida en forma de viaje plagado de humor, ternura, crítica social y política, algo de intriga y amor. Todo ello ambientado en una época muy convulsa de la historia, con las tropas alemanas a un paso de invadir Polonia y desencadenar la Segunda Guerra Mundial, consiguiendo un plus de interés para un cómic que ya en sus primeras páginas me había atrapado por completo.

Spirou aprenderá que la vida te da tortas sin que las veas venir.

Ya en el prólogo en el que transcurre el incidente que llevará a Jean-Baptiste a convertirse en Spirou, inédito hasta esta última edición, el cómic presenta todas sus virtudes, destacando a primera vista la composición de página. La cantidad de viñetas es algo fuera de lo común, no digamos en los tiempos que corren, y la cantidad de texto por viñeta también podrá sorprender a más de uno. Pese a que hay mucha información en cada plancha algo que, repito, no estamos acostumbrados y puede tirar para atrás a alguno, el dibujo es tan claro y los diálogos son tan frescos que, al poco, uno se acostumbra a este estilo de narrar y al final hasta sabe a poco.

Tampoco quiero desvelar mucho del argumento, después de todo a mí me llegó por recomendación directa de amigos del medio, que casi siempre aciertan, y cuando afronté su lectura apenas sabía nada. Entiendo que a priori las aventuras de un pequeño botones en la Bélgica de finales de los ’30 no parezca apasionante, pero, si bien hay una trama de fondo, son precisamente las vivencias diarias del jovencísimo Spirou la clave del éxito. De nuevo gracias al excelente trabajo del autor, tanto en guión como en dibujo, el cómic consigue transmitir mucho con (aparentemente) muy poco, siendo imposible no empatizar al máximo con la ternura que desprende el joven botones.

Spirou, este puede ser el inicio de una gran amistad.

El proceso de madurez repentina al que se verá sometido Spirou acabará por afectarle en todos los sentidos pues no es fácil pasar de la vida en un orfanato a pasar el día cargando maletas, persiguiendo roedores y esquivando los golpes del malhumorado Entresol, su jefe directo. Como no es fácil entender las motivaciones de los adultos, las mentiras y los engaños que a menudo nosotros mismos nos imponemos y que acaban dirigiendo nuestra vida en contra de nuestra voluntad.

Tampoco estará preparado para conocer los secretos de la guerra, precisamente cuando se está gestando un conflicto internacional justo en sus narices todas las reacciones del joven son una maravilla, respondiendo con la franqueza y la simplicidad de la que sólo es capaz un niño. Y el cum laude de la ingenuidad lo conseguirá Spirou cuando conozca el amor en una historia tan emotiva, tan real, tan bien llevada hasta el final que acaban tocándote la fibra mientras te arranca una sonrisa. De verdad que hacía tiempo que no leía una historia romántica de este nivel.

Monaguillos y vino, ¿qué puede salir mal?

Al frente de esta joya de la BD y del cómic en general tenemos a Émile Bravo quien firma guión y dibujo, destacando de forma notable en ambos aspectos. Por un lado el guión es un ejemplo de ritmo, con diálogos muy vivos y llenos de energía que sirven de motor para que avance la historia. Plagado de toques de humor (las citas a Tintín son desternillantes) a menudo en forma de slapstick gracias al dinamismo del dibujo, también nos regala varias reflexiones sobre el comportamiento humano y es a su vez un veraz relato de una época convulsa.

El apartado gráfico es magnífico en todos los sentidos, destacando por encima de todo una narrativa brillante donde la acción fluye por sí sola. Pese a la enorme cantidad de viñetas en ningún momento se entorpece el ritmo, teniendo un mérito enorme, viendo el tamaño diminuto de muchas de estas viñetas. Con todo, Bravo se las apaña para encuadrarlas perfectamente mostrando muchas figuras de cuerpo entero y con todo tipo de detalles. El otro gran acierto, indispensable para una obra de este tono tan intimista, es la expresividad de sus personajes consiguiendo transmitir todo tipo de emociones con una claridad pasmosa.

Y así, chicos, fue cómo Spirou conoció el amor.

Del mismo modo que le sucede al protagonista en muchos aspectos de la vida, la aparición de este cómic me sobrevino por sorpresa, irrumpiendo con fuerza en mi día a día. Pese a las grandes recomendaciones que traía nada hacía imaginar que me fuera a gustar tanto y ahora estoy deseando leer la continuación, que acaba de publicar Dibbuks y de la que habló ayer mi compañera Cristina. Serán nada más y nada menos que 4 tomos, por lo que no sé si alegrarme o desesperarme.

Y también como le sucede a nuestro querido Spirou yo mismo me considero un ingenuo en muchas cosas. Tanto es así que una vez me apodaron El Primaveras. Pero eso amigos, es otra historia…

¡Nos vemos en la Zona!

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CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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