DIARIO DE ESTAR POR CASA, de Laurielle

 

Título original:
Diario de estar por casa
Sello: Autoedición (enlace aquí)
Artista: Laurielle
Publicación España: Julio 2020

Valoración: Hizo llevadera una cuarentena, así que 10 de 10

 

Creo que hablo por todos si digo que el 2020 entra con mucha fuerza en nuestro top 5 personal de años raros. Poco contábamos cuando se nos atragantaban las uvas en los primeros coletazos del año que, unos meses después, acabaríamos confinados en nuestras casas por culpa de un virus del que al principio todo eran risas. Y por eso hoy os hablo de…

DIARIO DE ESTAR POR CASA
de Laurielle

Esos meses dieron lugar a toda una mitología que, aunque parezca mentira, se desvanece en la niebla de los recuerdos a pesar del poco tiempo que ha pasado, porque lo que ha venido después ha sido tan desconchante que la actualidad engulle aquella surrealista situación. Sin embargo, nos marcó a fuego. Nos obligó, por lo menos durante ese periodo, a repensar el mundo que nos rodea y a nosotros mismos, arrastrados por narices a la introspección entre cuatro paredes.

En mi caso, pasé el encierro solo en casa. No fue ni más ni menos duro que el que pasasteis vosotros, en solitario o en compañía, y, por supuesto, hubo días buenos, malos, horribles y extrañamente geniales. El caso es que salimos todos medio cuerdos de la experiencia, y nos aferramos en la particular versión del día de la marmota que vivimos a todas esas pequeñas cosas cotidianas que, de repente, se convertían en extraordinarias. Libros, toneladas de cómics, billones de películas, conversaciones virtuales con gente que estaba tan cerca y tan lejos… decenas de situaciones pequeñas que contenían universos que nos recordaban quienes éramos entre tanta confusión. 

El sueño húmedo de todo ser humano.

Por supuesto, las redes sociales también han jugado un papel importante en todo este sarao. Eran una ventana al mundo, y una forma de formar parte de algo, saber que no estabas solo en medio del ruido. En Twitter, alguien dio me gusta a unas simpáticas viñetas que, bendita casualidad, acabé viendo. Aquel no era uno de los días medio buenos del confinamiento y, mira tú por donde, vi que aquel sencillo gag dibujaba una sonrisa en mi cara. La artista que firmaba aquel eficaz ejercicio de humor cotidiano se llamaba Laurielle. Me hice seguidor acto seguido, y leer su viñeta diaria se convirtió en todo un ritual, que hizo de el momento más extraño de nuestras vidas como sociedad algo mucho más llevadero. 

Laurielle expresaba en aquellas viñetas una vitalidad contagiosa, la envidiable capacidad creativa de sacar el lado entrañable a la situación que ponía a prueba nuestra forma de relacionarnos con el entorno. Sin grandes artificios, armada de un estilo que convierte lo simple en un universo de detalles, que acaba formando parte de tu propio hábitat de supervivencia mental. Consiguió, en 90 días, su propio refugio, y fue tan amable de compartirlo, de hacernos partícipe de las rutinas que de repente eran una forma de aferrarse a la realidad. Era fácil verse reflejado en las viñetas, en la que lo ordinario mutaba en extraordinario de manera demencial. En lo que podía haber sido un océano gris de repetición y hastío, Laurielle giró la tuerca para contar con mucho humor cosas pequeñas, desesperantes, cercanas y asumibles por el común de los mortales, con un punto mágico, sentido del humor a prueba de bombas atómicas y un punto macarra pero entrañable (y té, mucho té).

El ingenio fue una de nuestras salvaciones en la reclusión.

Las aficiones ya no eran simples vías de escape a la rutina, ahora eran anclas para la cordura. Los días pasaban y, de repente, el salón de nuestra casa era un cosmos por sí mismo, que dependía de nuestra propia fuerza de voluntad e imaginación el hacer que fuese tan grande como pudiésemos. Decenas de artistas se esforzaron para que esa labor nos resultase un poco menos agobiante. Laurielle nos abrió con ese estilo tan naif pero tan potente y encantador las puertas de su universo personal, la parte que necesitábamos ver. Cándida en cierto modo, amable, cercana, planteada con inteligencia, sostenida por unos pilares gráficos y narrativos de primer orden, a pesar de la premura y las circunstancias de la propuesta. Primitivismo en viñetas que bebe directamente de la mejor tradición de las tiras cómicas, llevadas a las necesidades del siglo XXI con la pericia de una artista que conoce el medio con el que trabaja

Cuando terminó aquella prueba de fuego y nos pudimos quitar los pijamas, Laurielle anunciaba que comenzaba la pre-venta del recopilatorio de las viñetas que publicó vía redes sociales, animada por la buena acogida que la iniciativa había tenido (y muchos estábamos deseando que reuniese en formato físico su aventura). No me lo pensé y compré mi ejemplar. Quizá suene un poco a espíritu masoquista, pero para mí era un recuerdo de aquel periodo, que, para bien o para mal, nos ha marcado de una forma u otra. Hace unos días llegó por fin el pequeño volumen a mi casa, y la edición no puede ser más acorde al contenido. Pequeña, eficaz, entrañable, manejable y llena de buen gusto y simpatía.

‘nuff said.

Por suerte para vosotros, escoria rebelde, si no conocíais a Laurielle y os apetece tener este diario, en la propia tienda on line de la artista se puede encontrar el cuadernillo recopilatorio a la venta para el público en general. Y al loro con todo lo que tiene que ofrecer, porque yo la descubrí gracias a su peripecia pandémica, pero comprobaréis que tiene una identidad única como autora, ya que toda su producción está marcada por su personal forma de entender los personajes. Especialmente si sois roleros, vais a alucinar. 

El arte nos salvó. Eso es así. Vivimos 90 días de incertidumbre, de falta de perspectiva, de carpe diem forzoso, cuyos efectos más nocivos se vieron mitigados gracias a las películas, a lo videojuegos, a todas esas cosas que nos convierten en procastinadores en situaciones normales pero que, en plena anormalidad como rutina, evitaron que nos sumiésemos en pozos muy oscuros. En mi caso, Laurielle y su diario fueron importantes, casi necesarios, en aquella situación que ya forma parte de los libros de historia. Así que gracias. Por las risas, el desahogo y la naturalidad con la que nos alegró la cuarentena.

Era eso o hacer pan como todo el mundo.

Espero que vosotros, nuevos lectores, aunque la situación ahora sea distinta (siempre con precaución, queridos y queridas), también disfrutéis de esta odisea en pijama. Qué leches, si casi me aficiono al té.

¡Nos vemos en la Zona!

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

Santi Negro

Lector. Cinéfago. Sueño en viñetas

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