DEVILMAN CRYBABY, de Masaaki Yuasa

Título originalDevilman Crybaby
Fecha 1ª emisión: 5 de enero de 2018
Estudio: Science SARU
Director: Masaaki Yuasa
Temporadas: 1
Episodios: 10
Géneros: Seinen/ Acción/ Sobrenatural
Valoración: A veces, y sólo a veces, aquello que está de moda no es malo /10

El anime siempre ha sido un género con una audiencia muy limitada y específica, al menos en España. Es cierto que la aparición de series de animación japonesa en las televisiones es bastante común, sobre todo aquellas dirigidas a un público infantil o juvenil, pero más allá de ciertos animes enfocados a este público y de mucho renombre, éste no ha sido un género de masivo seguimiento. Por cuestiones de diferencias culturales, de estereotipos o de desconocimiento, el anime siempre se ha visto como un género de entretenimiento de peleas y héroes dirigido a aquellas personas que se encuentran entre la infancia y la adolescencia. Pero con la entrada de muchas series y de muy distintos géneros en los medios generales, como Netflix, esta tendencia se está invirtiendo, y hay cada vez más personas que se atreven a adentrarse en el mundo de la animación japonesa, disfrutando de obras contemplativas, románticas, de acción o thrillers psicológicos. Una de las últimas grandes sensaciones para este nuevo público ha sido una serie que adapta un manga de los ’70, Devilman Crybaby.

Amigo, bienvenido al jolgorio.

Akira Fudou es un joven estudiante, mediocre en deportes y mediocre en las notas. Sus padres trabajan en el extranjero y él vive con la familia de su amiga de la infancia, Miki Makimura. Es un chico tímido y sensible, sin carisma, por lo que su situación social en el instituto es adversa. Todo esto cambia cuando Akira se reencuentra con otro amigo de su infancia, Ryou. Este le salva de unos matones en un pequeño muelle y se lo lleva al Sabbath, una misteriosa fiesta que sucede en los alrededores de la ciudad.  En un lugar oscuro y aparentemente abandonado, los dos amigos entran a una especie de rave psicodélica con música electrónica saturada, drogas y sustancias desconocidas por doquier y sexo libre y desenfrenado en cualquier esquina. En este lúgubre (o incitante) ambiente, comienza un suceso que marcará toda la historia. Uno de los asistentes comienza a transformarse en un ser maléfico y arrasa con todas las personas que se encuentran en el local. Ante tal escabechina, Akira pierde el sentido y se transforma también en un demonio, pero que mantiene su corazón y mente de humano. Acabando con el atacante, se dará cuenta que este problema no ha hecho más que empezar.

La historia podría ser una trama al uso de shonen de acción, con un adolescente en el que se despierta un extraño poder y tiene que ser el nuevo salvador del mundo. Y, realmente y simplificando, hasta cierto punto es así. Pero lo que hace especial a este anime, y para nada un shonen de toda la vida, es la crudeza de los hechos sucedidos y lo explícitos que son narrados visualmente. Un detalle de los primeros episodios que realmente me ha sorprendido y encantado es la narración tan especial de la historia. No sólo por sus imágenes, que luego hablaremos de ello, sino por como se utilizan distintos recursos para transmitir algo importante. Ambientado en una ciudad con pandas callejeras, muchas de las introducciones o secuencias explicativas de los capítulos son los miembros de estas mismas bandas, rapeando e improvisando sobre los cambios de los últimos momentos mientras se observan secuencias del día a día de la población de la ciudad. Narraciones como esta dotan a la obra de un carácter muy especial y cercano, ya que no sólo introduce los hechos principales de la trama, sino que estos hechos son realmente contados a través de cómo afectan a cada una de las personas y al vecindario en su conjunto, dando una sensación de localización real, no de un grupo de héroes que viven en una burbuja ajena a la sociedad.

Me pregunto quién será el demonio…

Aunque si hay que hablar de algo distintivo y especial de la serie es del arte, tanto la animación como la música que la acompaña. Más que de la serie, la animación es característica de Masaaki Yuasa, que ya nos sorprendió con Ping Pong The Animation y aquí repite su estilo propio. El dibujo es plástico, deformable, sin contornos estáticos, sino que más bien se amoldan al movimiento o la acción de la escena. En los planos alejados, las figuras de los personajes se ven simplificadas hasta el extremo, lo que le dota de una sensación de profundidad en la que no necesitan cambiar tonos de colores o desenfocar el entorno para conseguirla. Este estilo tan peculiar crea una maravillosa sinergia con la paleta de colores y contrastes que se utilizan a lo largo de la serie. Las escenas cálidas, las escenas frías y los momentos de lujuria están claramente diferenciados y cada uno de ellos presenta unos contrastes claros dentro de su gama cromática, marcando así un entorno y ambiente moldeable al momento y la sensación que quiera transmitir el autor. La música es de lo más variopinta, mezclando rap, sinfonías tranquilas de piano o música electrónica al más puro estilo Masía/Pont Aeri, causando así una correlación entre la animación y la banda sonora que se mantiene en todos los momentos pero que cada uno de ellos tiene su marca especial.

Dentro de las tendencias de Netflix, Devilman Crybaby es una de las series más vistas del momento, y eso es una gran noticia. Es cierto que no es un anime que marcará un antes y un después, o que redefinirá el género, pero es un buen anime con connotaciones filosóficas y psicológicas más allá de la acción. Un anime corto que nadie debería perderse y que seguro que propiciará el aumento de la emisión de más series de animación japonesas de cualquier género en los medios más comunes.

¡Nos vemos en la Zona!

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