DEMON, de Jack Kirby

 


Título original:

The Demon by Jack Kirby TPB
Sello:
DC Comics
Artista: Jack Kirby
Colorista: Brad Anderson
Contenido: The Demon #1-16 (Sep. 1972 – Ene. 1974)
Publicación USA: Octubre 2017
Publicación España: Octubre 2020 (ECC)
Valoración: Infernalmente bueno

 

 


Jack Kirby
deja Marvel y se marcha a DC
. Vale, dicho ahora, tantos años después, parece que se pierde cierta perspectiva. Pero imaginad lo que tuvo que ser el momento. Un mundo sin redes sociales, en el que el impacto de las cosas no era tan ruidoso como en este siglo XXI en el que vivimos, pero el terremoto que provocó aquello debió ser de escándalo. El Rey, el tipo que cambió la historia de los cómics, que ayudó a levantar un concepto tan enorme como el universo Marvel, uno de los artistas más influyentes de la historia del noveno arte se pasaba a la competencia. Es que la única comparativa que se me ocurre (y quizá algo evidente) a esos niveles es que Messi fiche por el Madrid, amigos. Pues algo así fue el germen de…

DEMON
de Jack Kirby

Las razones de esa marcha ya forman parte de la leyenda y los chascarrillos entre las líneas de la historia. El caso es que ahí estaba, el mito comenzando una nueva andadura en la que buscaba despegarse de sus logros hasta el momento a la búsqueda de la libertad artística definitiva. Porque, claro está, si Kirby dio ese salto fue porque en DC le dieron carta blanca, encantados con el golpe de efecto que habían provocado.

Decir que este paso de El Rey por la editorial de Superman, Wonder Woman y compañía deja lo mejor de su producción es, quizá, demasiado aventurado. Lo que no se puede negar es que hablamos de su etapa más personal, dueño de todos los aspectos creativos del cómic, espoleado además por las enormes expectativas que generaba el atrevido movimiento del legendario dibujante.

Un Black Friday cualquiera en la ciudad de Camelot…

Todo comenzaba con el Cuarto Mundo. Aquel torrente de ideas y conceptos definía el futuro de DC. Kirby era imaginación pura, sin límites, arriesgando en la experimentación sobre su propio estilo, más alucinado y psicodélico que nunca. La visión a largo plazo esgrimida por este incontestable genio planteaba una mitología cuyos ecos llegan a día de hoy, pilar fundamental de DC tanto en la viñeta como en su versión cinematográfica.

Por supuesto, no todo quedó en la aparición de los Nuevos Dioses y las implicaciones de su existencia. Desde las oficinas de DC eran conscientes de la capacidad todo terreno de Kirby, cómodo en cualquier tipo de historia con independencia del género, así que no dudaron en plantear la posibilidad de un título de corte esotérico con reminiscencias de terror, puesto que las colecciones de este corte funcionaban muy bien en ventas (por encima de los, hasta el momento, todopoderosos superhéroes).

Hasta que la muerte los separe (o algo peor).

Cómo no, Kirby aceptó el reto. Y así nació Demon, colección donde la magia, lo exótico y oscuro se daban la mano con la concepción de Kirby del cómic, lleno de movimiento y delirio visual. Las páginas de Demon nos presentaban a Etrigan, demonio invocado por Merlin durante la caída de Camelot para que protegiese los secretos de su magia. Como recipiente de este ser sobrenatural, Jason Blood, encadenado desde entonces a la presencia demoníaca de Etrigan, obligado a deambular por los siglos.

Pero eso es el pasado. En el siglo XX, Blood no recuerda quién es en realidad, y el demonio permanece dormido. Ni que decir tiene que la llegada de antiguos enemigos sirve de catalizador para que Blood recuerde y sea consciente de su poder, y de la maldición que conlleva.

Kirby jugaba con las influencias del horror, género que había trabajado con anterioridad a su etapa Marvel, pero dejando atrás el tenebrismo macabro, y apostando por el colorido y la trepidante puesta en escena. Por supuesto, también tenemos una buena ración de castillos mohosos y catacumbas abandonadas, pero prima cierto contexto urbano que dota de realismo (y entiéndase esta palabra en el contexto mágico de la obra) y cercanía a la colección de extravagancias creadas por el autro.

Porque ahí está el disfrute real de las páginas de Demon, el despliegue artístico de Kirby en plena madurez como artista. Una época en la que no daba explicaciones a nadie, convertido en la estrella más brillante del universo cómic, sinónimo de éxito incontestable. En lugar de dormirse en los laureles de la fama, Kirby siempre da pasos adelante, investiga sobra los límites de su obra, y dinamita cualquier concepción previa. En Demon renueva su estatus de genio gracias a la colección de criaturas imposibles que pueblan las páginas de la serie. Páginas de viñetas estiradas, rotas y mutables, en los que Demon combate contra enemigos de fisonomías monstruosas, imágenes pesadillescas con las que el demonio protagonista ha de emplearse a fondo en ejemplos de puro dinamismo.

La verdad es que tiene pinta de que el aliento no le huele precisamente a rosas.

Como ocurre con toda la producción DC de Kirby, en mi opinión, Demon muestra las mismas debilidades que podía mostrar, por ejemplo, el Cuarto Mundo. El autor es una auténtica catarata de ideas, y, en ocasiones, parece que quiere contar más de lo que da de sí el formato de cómic mensual. Como guionista, Kirby parece un caballo desbocado. También deja patente que no es el mejor dialoguista del planeta, y su escritura en ocasiones es excesivamente pomposa. Pero esto son pequeños detalles que no privan de las excelencias de este puñado de números que, sin duda, se encuentran entre lo mejor de la producción de El Rey. Además, incluso con el derroche excesivo, la historia de Demon gana enteros cuando se desarrolla la complicada relación entre Etrigan y Jason Blood. A pesar de su interés por lo esotérico, Blood es un humano con un sistema moral de creencias que Etrigan ignora. El demonio es un ser de pasión pura, ambiguo, con unas ataduras mágicas que le obligan a tomar partido. Ataduras que, si pudiera, no dudaría en romper para ser completamente libre y doblegar a su contrapartida mundana, Jason Bllod. De cierta manera, la relación entre ambos podría recordar a la de Hulk con el doctor Banner.

Demon es de obligada lectura para los fans de Kirby, pero toda una delicia para aquellos que disfruten de un cómic rompedor en lo visual y lo conceptual, que demuestra a cada viñeta que ese apelativo de El Rey, se lo había ganado a pulso. Quizá algo inocente en los estándares de hoy en día, pero imaginativo hasta el asombro número a número.

Lo curioso es que Etrigan resultó igual de maldito para Jason Blood que para su propio creador. El éxito de Demon aceleró el cierre de algunos títulos de Cuarto Mundo, que no estaban funcionando muy bien, para que Kirby dedicase más tiempo al demonio de Merlín, lo que dejó la mitología de los Nuevos Dioses incompleta. Pero eso es otra historia. Os la contamos otro día.

¡Nos vemos en la Zona!

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Santi Negro

Lector. Cinéfago. Sueño en viñetas

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