DEATHBED: LECHO DE MUERTE, de Joshua Williamson y Riley Rossmo

 


Título original
:

Deathbed TPB
Sello: Vertigo Comics
Guionista: Joshua Williamson
Artista: Riley Rossmo
Colorista: Ivan Plascencia
Contenido: Deathbed #1-6 (Abr. – Jul. 2018)
Publicación USAOctubre 2018
Publicación España: Mayo 2019 (ECC)
Valoración: Vive la vida como si no hubiera un mañana

 

Antonio Luna es un aventurero cuya vida plagada de logros y acontecimientos inverosímiles está llegando a su fin. Consciente de ello Luna contrata los servicios de Valentine Richards, escritora venida a menos, para que escriba su biografía y así dejar constancia de sus increíbles vivencias. Pero como pronto va a descubrir Valentine si la vida de Luna fue una montaña rusa su muerte no va a quedarse atrás en cuanto a misterio y espectacularidad en una historia que empieza, literalmente, en su…

DEATHBED: LECHO DE MUERTE
de Joshua Williamson y Riley Rossmo

Este cómic es la p… ¡Carlos! ¡No vamos a caer en algo tan simple!

Detrás de este punto de partida que ya hemos visto con anterioridad en otras obras se esconde un cómic muy divertido, plagado de conceptos bastante locos e ingeniosos y, por encima de todo, un canto a la vida y a la libertad que se nos presupone para vivirla como queramos. Pero también estamos ante una historia con otro lado menos alegre y, pese a que no quisiera destripar más de lo necesario, veremos como en la odisea de Luna no es oro todo lo que reluce, no todo es tan alucinante como cabría esperar y se atisba la soledad que hay detrás de todos los triunfos de alguien que estaba destinado a hacer historia. La combinación de elementos tan dispares acaba resultando una mezcla muy interesante pese a que en ocasiones descoloca un poco el drama que se deja entrever mientras, por ejemplo, el protagonista despacha a enemigos en pelotas.

Porque si hay algo que destacaría por encima de todo de Deathbed es que va un paso más allá en esto de exagerarlo todo, desde las vivencias de Luna hasta el entorno donde se mueven los personajes, al desfile de secundarios de todo tipo (sectas caníbales y Hombres Lobo astronautas incluidos), desde la verborrea del protagonista hasta los entornos salvajes por donde transcurrirá la acción, de la violencia desatada mostrada como algo divertido hasta la desnudez casi ridícula de algunos personajes. Esta exageración forma parte del cómic y de la historia que narra y, por suerte, también se deja ver en el apartado artístico del mismo.

¿Somos lo que comemos? Hostia tú, que son caníbales…

Narrado en seis episodios, algo que repercute negativamente a la historia por intentar siempre buscar un cliffhanger cuando verdaderamente no hace falta, el cómic se va reinventando a cada poco y lo que en un primer momento podía imaginarse como una aventura ligera donde el espectáculo iba a estar por encima de todo va volviéndose una historia más íntima y mucho más reflexiva. Esta evolución es la misma que experimentará Antonio Luna una vez haya echado la vista atrás y haga un repaso a todo lo que ha vivido, lo que le acabará llevando a la fatal pregunta de si valió la pena. Todo lo que al principio de la obra eran risas y cachondeo va volviéndose más triste y decadente contra más conozcamos de Luna y de su pasado. Aunque nunca sin perder ese tono alocado y exagerado que comentaba anteriormente.

Es tiempo de hablar de Valentine Richards, escritora fracasada que se ve obligada a aceptar encargos que van en contra de su libertad creativa para pagar facturas, quien no tiene más remedio que acompañar a Luna en su viaje mientras no para de preguntarse que ha hecho mal en su vida para acabar así. Obviamente Valentine servirá de guía para el lector para conocer de primera mano los entresijos del personaje de Antonio pero lejos de quedarse en mera comparsa la evolución de Valentine como personaje la hace muy interesante. Después de todo está a punto de vivir una aventura inimaginable cuando la llamó su editor con el encargo de escribir una biografía de un desconocido, un encargo que a la postre la llevará a un viaje interior que le hará replantearse muchas cosas y le hará ver que después de todo no es tan diferente que su compañero de aventuras.

Esto me recuerda algo que quería explicaros… pero ahora no caigo.

A estas alturas creo que ha quedado claro el notable trabajo de Joshua Williamson al frente del guión, donde consigue despertar el interés del lector desde el nacimiento de la obra que coincide con el nacimiento del mismo Antonio. A partir de aquí Williamson se las apaña bastante bien para presentar al protagonista y su entorno y empezar, ya al final del primer número, a dar vueltas de tuerca a un guión para nada convencional. No puedo dejar pasar el último giro de la historia que no sólo arranca una sonrisa sino que le da al lector una nueva visión del cómic. Hasta ese punto la obra ya me estaba gustando pero es gracias a ese último giro que me acabó de atrapar, haciendo mías muchas de las reflexiones que deja tras de sí.

Otro de los puntales del cómic es el espectacular dibujo de Riley Rossmo, quien ya me cautivó en Batman/La Sombra, uno de esos cómics que no sé porque no reseñé en su momento. Con un trazo muy potente consigue transmitir espectacularidad en todas las escenas, ya sea gracias a sus figuras bien caracterizadas y muy expresivas, al gran detalle que deja en cada página obligándote a detenerte para apreciarlas como se merecen o a una narrativa asombrosa. Sirva como ejemplo las páginas que presentan la llegada de Valentine a la mansión de Antonio y sus equivalentes del último número. Es aquí donde Rossmo combina con gran acierto estas virtudes, con una narrativa fluida y espectacular por la que sus personajes se mueven de forma fluida y con muchos detalles por doquier.

Tu madre nunca te habló de mi es una frase que espero no tener que decir nunca.

El trabajo del dibujante se ve complementado a la perfección por el color de Ivan Plascencia y el uso de una paleta de colores muy vivos que hacen de estas páginas un delirio visual con un acabado muy cool. No contento con eso el artista mejicano sabe imbuir perfectamente al lector en la historia adaptando la tonalidad de las viñetas al entorno donde transcurren, ya sea en la selva, bajo el agua, un desierto o la superficie lunar.

Deathbed me llamó la atención desde el primer momento por su estética, me enganchó con su potente arranque y su original manera de desarrollar la historia. Pero fue al final de todo el viaje cuando, lejos de caer en los convencionalismos, me sorprendió con ese último giro que hizo que algo en mi cabeza despertara.

Este ya no se despierta hasta el Apocalipsis Zombi.

Puede que sea porque como Antonio Luna yo también he vivido mucho, puede que sea porque como Valentine yo también tenga algo de escritor frustrado o quizás es que, como tantos de nosotros, esté viviendo una vida que no era la que imaginaba. El caso es que he llegado a conectar con este cómic de un modo especial y eso, con los tiempos que corren, ya debería ser motivo de alegría y, por ende, de reseña. Decía antes que no estoy viviendo la vida que imaginaba y puede que eso sea lo mejor de vivir, que, para bien o para mal, nunca es como imaginabas. Pero eso, amigos, es otra historia…

¡Nos vemos en la Zona!

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CarlosPlaybook

Como lector de cómics he pasado por todas las etapas de la vida de un lector/coleccionista. A saber, inicio en la infancia por regalo de lote de cómics de un amigo de mi padre, abandono en la adolescencia por invertir el dinero en otras cosas menos saludables pero igual de divertidas, y recuperación en la madurez por nostalgia. Y sí, me encanta HIMYM.

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